La Justicia no pudo demostrarle a una madre si a su hijo lo mataron o se mató

Todos los mecanismos de la Justicia Penal no pudieron determinar si el domingo 5 de febrero de 2012, a Hugo Barrientos lo mataron o se suicidó. Fue luego de que en el juicio oral y público que se llevó a cabo a mediados de diciembre, los análisis de los especialistas como la forense y el perito criminalístico, dejaron en claro que “es poco probable, pero no imposible” que Barrientos se hubiera suicidado. Con el beneficio de la duda, el fiscal Adrián Cabral solicitó la absolución del único imputado en la causa.

La muerte de Hugo Barrientos (27) fue una incógnita desde un principio. El chico nacido y criado en el barrio San Martín, el 20 de diciembre último habría cumplido 29 años, pero el domingo 5 de febrero de 2012 una bala entró en su cabeza por la parte derecha y falleció luego en el Hospital Alvear.

Su muerte no figuró incluso en los primeros registros de homicidios. Tampoco su muerte trascendió en los medios. Es que la primera hipótesis que se deslizó fue la del suicidio. Aunque Barrientos no formó parte en un primer momento de la larga lista de 35 homicidios de 2012, dos años y medio después su caso llegó a juicio a la Oficina Judicial como presunto homicidio. Un homicidio que finalmente no pudo ser probado. Y su muerte volvió a quedar en la incógnita, como al principio.

Pese a que depusieron varios testigos, familiares, amigos, vecinos, policías, peritos y especialistas, nadie pudo probar en el juicio el homicidio o suicidio de Barrientos.

A Mónica Cárdenas su madre, la Justicia Penal no pudo sacarle la duda. “Me dejaron peor”, cuenta a Letra Roja. Es que no se pudo determinar si a su hijo lo mataron o se mató.

En el juicio a Mónica le sorprendió que algunos testigos que eran conocidos de su hijo, y hasta familiares cambiaran la versión. “Por el hecho de que tienen miedo”, cree. “Todos son cómplices”, se desahoga Mónica. Es que el dolor es grande. No sabe cómo entró esa bala en la cabeza de su hijo. Si por su propia acción o por otro.

Hugo había jugado en el club San Martín, defendía los mismos colores del barrio donde se había criado hasta los siete años y en donde también había jugado su padre. De pelo largo atado, a veces en su cabeza llevaba un gorro de lana tejido.

Hoy un mural en su cuadra lleva su imagen con sus iniciales y una frase de la que resume el sentimiento de su madre. “Qué difícil es vivir sin ti”, un estribillo de una canción del grupo de cumbia Damas Gratis. Allí sus conocidos se juntan debajo de ese dibujo y toman alguna cerveza.

La familia Barrientos-Cárdenas se mudó al barrio Isidro Quiroga, en el denominado sector Ñiaco. Hugo era padre de dos hijos, uno de 4 años y el mayor de 7 años, con dos parejas distintas. Según Mónica, Hugo hacía su vida “si quería trabajar, trabajaba”. Y antes de su muerte frecuentaba una vivienda usurpada en la zona del salitral del Abel Amaya. Allí se solían juntar varias personas a beber bebidas alcohólicas.

Esa mañana del 5 de febrero de 2012 “primero decían una cosa, después decían otra”, cuenta su madre. “Yo lo único que vi a mi hijo en el hospital y después en un cajón”, relata Mónica.

LA INVESTIGACION

El caso según la investigación fiscal ocurrió en una casa sin número de la calle Ostoich del barrio Abel Amaya, a las 7 de ese domingo. La policía se enteró de lo que había pasado cuando Barrientos llegó al hospital herido. Es que antes ningún familiar o amigo de la víctima llamó a la policía; ni siquiera a una ambulancia, ya que lo trasladaron de manera particular porque creían que estaba bajo un coma alcohólico. Le habían visto salir espuma por la boca. Y su mujer cuando lo vio sentado en el baño apoyado en la pared al lado del inodoro pensó que estaba borracho.

Cuando la policía llegó a la vivienda solo se encontró con colillas de cigarrillos y botellas de alcohol. No había rastros de sangre, ni tampoco estaba la pistola con la que Barrientos había sido visto cuando fue encontrado en el baño. Primer detalle sospechoso, la pistola desapareció.

Los testimonios a lo largo del juicio coincidieron en que Luis “Pinche” Vidal, el hombre que acompañaba esa noche a Barrientos pidió auxilio a los vecinos y familiares de la víctima diciendo que Hugo (o “el Negro”) se había disparado. Pero ninguno de los que auxilió a Barrientos, tanto familiares como vecinos, le encontró una herida en la cabeza mientras lo colocaban en un colchón, sino que de eso se percató su hermano recién cuando lo trasladaban al hospital de manera particular.

Según el primer informe médico, Barrientos tenía una herida en la zona derecha de la cabeza. Al no haber camas en el Hospital Regional, Barrientos fue trasladado al Hospital Alvear donde falleció al día sigueinte. En ese nosocomio de zona norte le hicieron diversos estudios.

A Vidal lo demoraron seis horas después del hecho y el examen de dermo nitro test que le hicieron dio positivo.

Para la madre de Hugo, está claro no se mató. “Mi hijo era muy cagón para suicidarse”, sostiene.

Siete meses después la causa cambió de caratula y se comenzó a investigar un presunto homicidio.

“Estaba él y mi hijo, nadie más. El preparándose un vino, cuando mi hijo estaba tirado. Según él dijo que se había matado en el baño. Yo no puedo andar de dicho en dicho. Solo él sabe lo que pasó”, señala Mónica en alusión a Vidal.

Jorge Tolosa, en el primer testimonio que le dio a la policía dijo que estaba durmiendo cuando “Pinche” lo despierta a las 7:30 diciendo que lo vaya a ayudar porque “el Hugo se mató, agarró un arma, y me dijo: “’Chau Pinche’ y se pegó un tiro en la cabeza”.

Con el dermo-nitro-test positivo y los testimonios de algunos testigos que describían a Vidal en una actitud desaprensiva en la escena de los hechos, el caso fue llevado a juicio como presunto suicidio.

LA DUDA

Pero en el juicio oral y público realizado durante diciembre último, el fiscal Adrián Cabral en el momento de los alegatos solicitó la absolución de Luis Alberto “Pinche” Vidal (30), el único imputado y procesado en la causa. Fue ante los jueces Américo Juárez, Gladys Olavarría y Alejandro Soñis.

Aunque quedó debidamente acreditado por los testimonios de los testigos que Vidal estuvo junto a Hugo Barrientos en el lugar del hecho, no se podía dejar de obviar el testimonio que sostenía que Barrientos una semana antes le dijo a su vecino que se quería quitar la vida. Y que incluso a su cuñado le mostró el arma también una semana antes, la misma con la que fue encontrado sin vida y que nunca apareció.

Cabral sostuvo ante el tribunal que sólo había indicios de la presencia de Vidal en el lugar del hecho y del dermo nitro test positivo, pero que esa prueba por sí sola no podía “sustentar una sentencia condenatoria”.

Sobre la base de los análisis de los especialistas como la forense y el perito criminalístico, el fiscal consideró que “es poco probable, pero no imposible” que Barrientos se hubiera suicidado. Y consideró que “el beneficio de la duda” era grande, y de ese modo solicitó la absolución de Vidal.

La Defensa Pública sostuvo que con la prueba presentada no se tenía certeza de que Vidal fuera la persona que hubiera disparado. Así, junto al defensor Esteban Mantecón resaltaron el principio de objetividad del fiscal Cabral que tuvo en cuenta “los contra-indicios” y “la duda” para pedir la absolución.

Vidal dijo: “yo entiendo el dolor de la familia, pero al ‘Negro’ no le hice nada. Soy inocente”.

Mientras que Mónica dijo que aunque en el juicio no se demostrara la culpabilidad de Vidal, él mismo cargará para ella con la culpa de la muerte. Y confesó que vivirá con la duda y la incertidumbre de saber si su hijo “se mató o lo mataron”.

Finalmente, luego de un cuarto intermedio el tribunal dio a conocer el fallo en el que consideraron que la participación de Vidal no había sido probada, por lo que fue absuelto del caso.

El fiscal confesó que lamenta no poder darle la respuesta a la madre de saber qué le pasó a su hijo.

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