La muerte del pequeño

De acuerdo a la presentación del caso que durante el juicio de primera instancia realizaron la fiscalía y la querella, el 24 de febrero de 2014 a las 18:30, el padre de Nicolás Bautista Russo Civitareale llegó de su trabajo y al tomarlo en brazos, el bebé vomitó una sustancia de color amarillo.

Ante la preocupación que les generó a los padres esa anormalidad, concurrieron al servicio de guardia de pediatría del Sanatorio de la Asociación Española de Socorros Mutuos de Comodoro Rivadavia. A las 19:24 se les otorgó turno para ser atendidos en la guardia de pediatría, según el comprobante de admisión.

Fueron atendidos a las 19:30 por el doctor Hugo Mantuano, a quien luego de entregarle el carnet de la obra social y el bono de admisión, le explicaron la razón de la emergencia, por los antecedentes de vómitos enérgicos sucesivos. El médico les indicó colocar al bebé en la camilla y que lo desvistieran parcialmente, por lo que se limitó a examinarlo ligeramente, añade el relato de la Fiscalía.

Según los acusadores, el médico no tomó la temperatura del bebé, no auscultó sus pulmones, ni revisó la boca, ni abdomen, ni coloración de uñas, ni se detuvo en la exploración de su cuerpo, ni tampoco evaluó el nivel de saturación de oxígeno en sangre. No registró ningún resultado en presencia de los padres: como frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria. Tampoco completó historia clínica.

Finalizada la práctica se sentó en el sillón y manifestó textualmente: “el bebé está gordito y activo, lo veo bien, tal vez sean cólicos”. Ante la insistencia de los padres, por el cambio de coloración -Nicolás estaba muy pálido y su llanto era intenso- indicó efectuarle análisis de orina y sangre. Y omitiendo el carácter urgente, en la orden de laboratorio consignó como diagnóstico: “estado nauseoso”, agrega el relato de la Fiscalía.

Cuando le preguntaron a Mantuano sobre la fontanela que estaba hundida, Mantuano le dijo que era normal, que no sería normal si esta sobresaliera.

Finalmente el médico les indicó que se dirigieran al laboratorio de análisis clínicos del mismo sanatorio y que cuando estuvieran los resultados se los entregaran a la médica Roxana Barrientos, que lo reemplazaría en la guardia a partir de las 20, desvinculándose así de la atención del bebé.

Luego de tomar las muestras de sangre y orina, el laboratorista les solicitó a los padres que esperaran los resultados que estarían a las 20:30, según comprobante agregado al legajo de investigación penal, para retirar el resultado de los análisis de fecha 25 de febrero de 2014.

Barrientos les dijo a los padres que recién revisaría al bebé una vez que tuviese los resultados y cuando la madre insistió para que lo observara nuevamente, la médica pidió a esta que le pusiera una máscara de oxígeno para adultos y lo sentara en la camilla.

El relato de la parte acusadora agrega que a las 21 el padre del bebé se dio cuenta de que algo sucedía y comenzó a gritar, la médica volvió y al ver que el bebé estaba mal lo volvió a dejar solo. El pequeño ya no respiraba. Luego Barrientos volvió con otro pediatra, que comenzó a hacerle ventilación y tratar de intubarlo, por lo que les pidieron a los padres que se retiraran. Veinticinco minutos después les informaron que el bebé se había bronco aspirado y que había fallecido.

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