La selección Sub 20 le dio una alegría al fútbol argentino
La selección argentina de Scaloni y Aimar venció 2-1 a Rusia en la final del torneo de L'Alcúdia, en Valencia.

De repente, un torneo presuntamente menor se sube a la escena e invita a resignificaciones. En el ámbito de un fútbol argentino golpeado por todos lados, la selección Sub 20 compitió bajo el cielo de Valencia y dio un paso adelante: el equipo que dirigen Lionel Scaloni y Pablo Aimar venció 2-1 a Rusia en la final de la XXXV edición del Torneo Internacional de L’Alcúdia. Y así le ofreció una alegría al fútbol argentino. Menor, quizá. Un destello en la oscuridad, seguro. No es poco, en días de trauma.

De entrada se llevó una mala noticia: a los 11 minutos, Rusia se puso arriba con gol de Diveev, quien aprovechó una marca floja en una pelota parada. Apenas cuatro minutos después, Facundo Colidio aprovechó un grosero error del arquero rival para marcar el 1-1 parcial.

Fue un golpe y golpe. Un rasgo inicial del partido. Y también un atractivo añadido a una cita que suele convocar los ojos de muchísimos observadores de grandes clubes del mundo.

Argentina estuvo cerca de quedar en desventaja, en el contexto de una jugada de pelota parada. El travesaño impidió el 2-1 del seleccionado europeo, que participa en este certamen en nombre de seguir dándole impulso a su fútbol tras el Mundial.

El inicio del segundo tiempo ofreció un desarrollo neutro entre dos equipos que optaron por no arriesgar. Minimizar errores fue la prioridad de ambos. Y dentro de esa lógica se jugó el encuentro. La final se jugó, al cabo, como esas finales en las que el temor a perder comienza a suceder, sobre todo a partir de la expulsión de Kiselev en Rusia.

Sin embargo, ya en el alargue, con más entusiasmo que claridad Argentina logró imponerse a Rusia. Primero, en la búsqueda: lo puso contra su arco. Luego, con ese gol de Marinelli, a los dos minutos del segundo tiempo suplementario. Y después, con esa atajada estupenda de Portau, casi sobre la hora.

El arquero de Estudiantes, una de las figuras del torneo, le puso palabras a la consagración: “Vivimos días muy lindos, estoy orgulloso de pertenecer a este equipo y de aportar lo mejor de mí. Merecíamos esto. Se armó un lindo grupo. Y creo que se vio en la cancha”. Cerca de él, Gonzalo Maroni -transferido por Boca a Talleres de Córdoba- ofreció su mirada, ahí en el campo de juego: “Hicimos todo para ganar, y terminamos como los mejores”.

Aimar, uno de los conductores, brindó su hábito: la mesura. “Es lindo ganar, claro. Pero hay que enfocarse en lo que viene, no sólo en el corto plazo con la mayor. Yo estaré con los más chicos que es donde me siento más cómodo”.

Portau; Mura, Balerdi, Ávila, Pereyra; Ayala (Gaich), Moreno (Lo Celso), Almendra; Barreal (Marinelli), Colidio y Maroni fueron los protagonistas argentinos de la final. También, claro, los dos entrenadores: Scaloni y Aimar, quienes se hicieron cargo de este equipo que se negó a dirigir Jorge Sampaoli; también los mismos que se harán cargo del seleccionado mayor en lo que queda del año.

Rusia venía de ganarle a Venezuela por 2-0 en la primera semifinal, mientras que la Argentina había superado a Uruguay por penales (3-1) tras igualar sin goles en el contexto de un partido áspero en el que el equipo albiceleste jugó desde los 29 minutos del primer tiempo en inferioridad numérica por expulsión de Andrés Ayala, quien recibió dos tarjetas amarillas.

El seleccionado argentino finalizó la primera fase del certamen como líder del Grupo A con nueve puntos, gracias a las victorias por 4 a 0 frente a Venezuela, 2 a 0 ante la Selección de Murcia, mismo resultado que frente a Mauritania. Y, con suplentes, cayó ante India.

Pero sobre todas las cosas, el encuentro ofreció otra cosa: la posibilidad de darles impulso a Scaloni y Aimar en el ámbito de la Selección. Nada menos. Todo eso.