La Vecinal de Mosconi tiene su propio símbolo

Dirigentes de la Asociación Vecinal de barrio Mosconi recibieron el miércoles una donación especial: el símbolo que de aquí en más acompañará sus comunicaciones. El mismo fue donado por Mega Diseño Estratégico.

«Para diseñar el símbolo del centenario de Km 3 se rescató la esencia del barrio, con las típicas casas de chapa que marcan una época y un estilo de vida. La escarapela que le da marco y que identificaba a las empresas del Estado, se utiliza dando una connotación histórica al símbolo del centenario», se indicó.

LA FUNDAMENTACION
Daniel Legaz, Gabriela Lencinas y Susana Torres cuentan que era 24 de marzo de 1907 y el otoño recién se iniciaba. Tres kilómetros al norte de Comodoro Rivadavia, doce hombres comenzaban a perforar el Pozo Nº 2 trabajando rudamente de sol a sol.
Sobre el cerro Viteau asomaban y se dirigían hacia el norte, en acorde vuelo, las últimas avutardas que volvían de la precordillera antes que las atrapara la nieve y la fría escarcha del invierno.
Abajo, entre dos cerros, casi sobre un zanjón, los obreros ni imaginaban que empezaban a escribir una de las páginas más importantes de la historia comodorense y patagónica.
Cargado de lluvia llegó el otoño y, acompañado por la nieve, el invierno.
Los problemas sobraban: al inicio nomás, un vendaval tiró a la torre abajo; luego se derrumbó el pozo y hubo que perforarlo de nuevo; a menudo se rompían la bomba y la caldera; los repuestos escaseaban; con frencuencia el fuerte viento no dejaba atracar a los barcos que traían el carbón para la caldera.
A todo esto se sumaba la falta de agua para perforar y hasta para beber. Agua que traían en barriles de madera, cargados sobre chatas tiradas por caballos desde manantiales ubicados a cinco leguas, transitando por huellas bordeadas por molles, calafates y neneos.
Pese a todas las contras, esas bravas personas no se entregaban. Seguían trabajando en busca del objetivo: «buscar agua».
Pero no sólo había hombres en el grupo; también había una presencia femenina: la de Ana Soltner, esposa de don José Fuchs, el jefe de sondeo. Vivían en precarias carpas instaladas en las proximidades del pozo. Cuando caía la tarde y se suspendía la peforación para acumular agua, Ana lo ayudaba en los trabajos rutinarios: empaquetar la bomba, reparar la caldera, tensar los contravientos.
Así pasó el crudo invierno, llegó la primavera y con ella el deshielo y el barro que hacían más intransitables las huellas.
Hasta que algo pasó la fresca tardecita de aquel 27 de setiembre de 1907. Las avutardas volvieron y se asomaron en bandadas, esta vez sobre el Hermite, un hermoso y verdecito cerro.
Volando en formación «V» y con graznidos que se asemejaban a alegres saludos, cruzaron el cielo en busca del lugar para anidar.
Este suceso que arrancó comentarios entusiastas entre los rudos obreros fue sólo el comienzo. Aún faltaba una alegría mayor e inolvidable.
En una de las carpas, José y Ana esperaban ansiosos el anhelado y especial momento: tendrían su primer hijo, el que tanto habían soñado y que justificaba los enormes sacrificios.
De pronto, un grito lleno de vida rompió el silencio e incluso opacó el monótono silbido del viento.
«¡Es un varón y se llamará José Víctor como su abuelo! -gritó orgulloso el nuevo padre mientras se sacaba y arrojaba al aire su sombrero.
¡Ojalá sea inteligente y fuerte como su padre! -gritó el fogonero.
¡Seguro será valiente como la madre!, ¡ése es mi deseo! -Gritó a viva voz, Joaquín, el cocinero.
Hasta la mascota, Falucho el perro negro, saltaba emitiendo ladridos, quizá presagiando que en el futuro tendría un nuevo compañero de juegos.
Después del emocionante festejo todos volvieron a sus tareas. Incluso José Fuchs.
Aquel 27 de setiembre no fue un día más. Aquella tarde alguien exclamó: «Dios visitó este suelo».
Aquel día nació José Víctor Fuchs y con él nació un nuevo pueblo que hoy se llama barrio General Enrique Mosconi.
Este nacimiento da cuenta de la presencia de la primera familia en el espacio del barrio y fue la idea que influyó en la decisión de la fecha.
Las familias y el viejo YPF fueron construyendo el perfil identitario del barrio, que permanentemente se ha ido dinamizando con la presencia de nuevos pobladores. José Víctor representa en forma simbólica la vida de los habitantes que formaron, forman y formarán parte del barrio y el sentimiento de pertenecer a la comunidad vecinal de Mosconi.

Fuente:

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico