La zona urbana de Kilómetro 14 solicita ser reconocida como barrio

Son más de 800 familias que viven en el sector urbano, pero padecen a diario como un atentado al desarrollo tener que compartir la gestión barrial con la zona rural ubicada del otro lado de la ruta. Con requerimientos muy disímiles, piden ser reconocidos como zona urbana y poder generar su propia Asociación Vecinal.

 Luis Pérez es el referente de la comisión barrial que ingresó formalmente el pedido al Concejo Deliberante, para que el sector este de la ruta Nacional 3, en Kilómetro 14, a la altura del barrio Centenario, obtenga la calificación de zona urbana.

El pedido obedece a que actualmente existe una comisión de información barrial, que es la que tiene reconocimiento en la Dirección Municipal de Vecinales, pero pertenece al sector rural de Kilómetro 14 y los habitantes asentados en la zona urbana no se sienten representados por ella en función de la disparidad de necesidades en cada sector.

El área rural justamente por sus fines productivos, mantiene vinculaciones y recibe aportes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de organismos estatales vinculados a la producción agrícola ganadera. Mientras, del otro lado de la ruta, lo que acucia es la falta de una escuela, de veredas, de servicios, y de todo lo que necesitan los 870 lotes del lugar, otorgados con un objetivo de urbanización.

Las tierras fueron entregadas hace unos años durante la gestión Simoncini (2004-2007), que cumplió su mandato seguido por Martín Buzzi (2007-2011) y promedia ya el de Di Pierro sin que haya habido modificación o progreso alguno en el sector, mas allá que el alcanzado por los propios vecinos, a pulmón y de modo individual. La falta de una escuela determina que recurran al servicio educativo de Ciudadela, distante a tres kilómetros.

El barrio dispone de un colectivo dispuesto por Provincia para el traslado a las escuelas y el jardín, aunque sólo circula en los horarios de ingreso o egreso, de modo que para las actividades extracurriculares hay que apelar a la solidaridad de alguno de los pocos habitantes con auto o recorrer caminando los tres kilómetros, dado que las frecuencias del transporte son solo cinco diarias, a pesar de que la ampliación se ha pedido varias veces.

SERVICIOS ESENCIALES

La barriada tampoco ha obtenido soluciones en estos nueve años con la llegada de los servicios. Sólo disponen de energía eléctrica con gravísimos problemas de tensión –al punto de tener que desenchufar la heladera para poder planchar una camisa– y por cuya solución ellos mismos deberían efectuar un relevamiento para lograr el cambio de transformadores. Tampoco hay redes de gas, a pesar de que el plan de viviendas próximo a inaugurar en el barrio tiene la instalación habilitada.

De hecho, Perez señaló que los mismos vecinos habían iniciado el proyecto ante Camuzzi Gas del Sur y luego de más de dos años sin respuestas se acercaron a la empresa en busca de las mismas. Sin embargo, se encontraron con que estaba mal volcada la información de manzanas y lotes, por lo que el proyecto volvía a cero. Tampoco han sido beneficiados con obra pública alguna en nueve años de residencia, a excepción de un playón deportivo hace siete años.

“Queremos poder gestionar de otra manera, y que nos den plazos concretos cuando pedimos nada más que lo que espera un barrio: el mejoramiento, porque el municipio no ha hecho nada, ha entregado la tierra, cada vecino hizo sus obras pero no nadie nos acompaña. Buscamos el reconocimiento como comisión barrial porque caso contrario no te atienden”, afirmó.

Pérez dijo que han tenido infinidad de reuniones con los referentes de diversas secretarías municipales, pero que las respuestas siempre son en potencial. Mientras, ellos conviven con los carteles que anuncian los emplazamientos de la futura escuela, el futuro centro de salud, la futura comisaría, un futuro que ya llegó y aún no trajo ni una cuadra de pavimento.

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