Marta Casas –actual presidenta de Laprida del Oeste- se acercó al club por un matrimonio amigo. “Podría haber sido cualquier otro club”, sostiene a diario El Patagónico, porque lo que a ella le interesaba era el aspecto social que cumplen las entidades deportivas de la ciudad.
Por ello, en medio de la entrevista, Marta asociará en reiteradas veces a la cancha como “el espacio que es la casa de cada chico”. Y estar fuera de casa, por razones ajenas a uno, hace difícil que la motivación se mantenga en alza.
“Los primeros meses de la cuarentena, mi celular no dejaba de recibir mensajes, todos tipo ‘¿Marta, cuándo volvemos?’, pero ya en junio se fue perdiendo la comunicación. Tal vez producto de las noticias que no hablaban de una vuelta al fútbol. Incluso las clases virtuales del profesor Emiliano fueron cayendo en participación”.
Por parte de la comisión directiva, la pandemia que llegó para modificar al mundo, les repercutió en un inicio de año donde ya contaban (por primera vez) con jugadores de Pre Novena. Fue un volver a foja cero.
“Nos pusimos manos a la obra con el tema del césped que ya teníamos planificado, y con las refacciones al predio. Es cierto que mucho no nos sentamos a pensar cómo repercutiría el no contar con entrenamientos o que los chicos vuelvan al club”, describió.
A nivel participación, Marta compara lo que les sucede a los jugadores con los chicos y la escuela.
“Cuesta mucho mantener un contacto fluido. No todos tienen los medios digitales para estudiar (en el caso de la escuela) o el espacio acorde para entrenar (en el caso de los jugadores). Imagínate que acá los chicos salían a correr por los cerros y eso no lo podes adaptar a un metro cuadrado dentro de tu casa”, recalcó.
El otro gran ausente es el afecto, ese que no es reemplazado por emoticones en las redes sociales “se habla de protocolos para la vuelta y está perfecto. ¿Pero cómo le decís a un nene que es feliz en su ‘casa’ (por el club) que no te abrace o que si mete un gol no festeje?”.
En el vaso medio lleno, la dirigenta siente orgullo que en tiempos de pandemia, Laprida reivindique su sentido de pertenencia.
“No tendremos plata (porque le pedimos prestado a medio mundo, incluido a los jugadores para que paguen su cuota y podamos usar ese dinero en obras puntuales) pero hay un amor muy grande por esta camiseta. Porque no fueron pocos los jugadores e hinchas que se acercaron a colaborar con el tema del césped, la construcción del paredón para frenar el viento o pintar los postes. Por ello creo que no perdimos a ningún jugador, porque han respondido y estado a la altura del compromiso que se necesita en esta etapa que nos afectan a todos”, sentenció.
