Las inferiores de Oeste Juniors, modelo a seguir

De un inicio de 4 chicos y dos pelotas, a tres divisiones y 62 pibes que le pusieron garra y corazón para, junto a sus pares de General Saavedra, sacar la mayor cantidad de puntos para jugar el año que viene en la máxima categoría local.

por Angel Romero

a.romero@elpatagonico.net

Oeste Juniors no tiene salón de usos múltiples, no tiene césped, no tiene vestuarios vistosos y hasta algunos podrán decir que no tienen hinchada significativa. Pero tiene trabajo. Y ese valor, en el caso de las inferiores, los llevó a tener amor por la camiseta y entrega y compromiso en el campo de juego. Tal vez por ello, las inferiores del conjunto de Valle C –que era dueño absoluto en la década del 60- en dos años de trabajo pasaron de ser una categoría de cuatro chicos y dos pelotas a 62 pibes y un ascenso.

A la falta de estructura y recursos, Julio Leiva –profesor de educación física que se hizo cargo de las inferiores en 2016- lo compensa con una sola virtud: trabajo.

“Yo soy hincha de Ameghino. Y trabajé con las inferiores de ese club del cual no me fui en los mejores términos. Y la verdad quería seguir trabajando en el ‘semillero’ del fútbol local. Y como el proyecto que presenté en su momento a Raúl Galván, cuando éste era encargado de deportes municipal (que consistía en que profesores de educación física trabajen en las inferiores de los clubes y becados por el municipio) dio buenos resultados, surgió la posibilidad de continuar en Oeste”, expresó Julio a El Patagónico.

SUMA DE VOLUNTADES

Cuando llegó Leiva, se encontró con un club de barrio donde desde el dirigente hasta los padres le ponen el hombro. Había todo por hacer, aunque se contaba con un camino ya hecho y que tiene su inicio con la ‘escuelita’ que funciona en el gimnasio del Deán Funes.

“Esto fue un trabajo de difusión, de salir a buscar chicos. Y de dar contención, porque acá el que puede paga su cuota de 100 pesos, pero el que no puede también tiene su continuidad. Fue eso, y armar un grupo de trabajo que no se mide en generosidad, porque hasta Gustavo ‘Batata’ Barrientos se sumó con su experiencia. Y su beca la dona para la compra de elementos. Imagínate para los nenes lo que es contar con uno de los máximos ídolos del club”, comentó.

En la suma de voluntades, el arquero de Primera Marcos Carrizo también se sumó a la cantera, para ser el entrenador de arqueros.

“Todos en la medida de sus posibilidades dieron su ayuda. Ello trajo como consecuencia que los chicos se sientan cómodos y más pibes comiencen a venir, no solo del barrio y alrededores, sino también de otros alejados como el Máximo Abásolo”.

Con la identidad de la camiseta, el compromiso fue mayor. Los pibes dejaban todo en la cancha, y los entrenadores le apostaron un asado si ganaban cuatro partidos seguidos, aunque no lo ganaran, el asado se hacía igual, porque se ganaba en confraternidad.

¨Para mí fue un desafío enorme, porque en Oeste había (y hay) todo por hacer. Es cierto que soy hincha de Ameghino. Pero cuando encontrás un club donde todos acompañan, difícilmente no podes dejar de sentir algo por esos colores. Creo que la mayor gratificación que uno lleva en años de trabajo es el afecto y la entrega de los pibes. Tal vez, muchos de ellos sigan en otros clubes que persiguen otros objetivos, y para nosotros está perfecto. Acá se trata de un proceso de formación y contención. Y todo lo demás se sintetiza en una sola palabra: trabajo”, sentenció Leiva.

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