Las Pymes deben pensar estrategias para insertarse en el nuevo escenario

Organizado por la Universidad Nacional de la Patagonia Austral y la Fundación Fines, el pasado mes se dictó una conferencia sobre “Desarrollo económico y perspectivas de la economía Argentina” a cargo del economista Bernardo Kosacoff en el marco de un ciclo de charlas programadas en la Universidad de Caleta Olivia, Santa Cruz. Las transformaciones por las que transitó la economía argentina en los últimos años, ampliaron la perspectiva de los empresarios, de manera independiente de la actividad que desarrollan. Para el economista, las nuevas condiciones impusieron un replanteo de la lógica de producción de bienes y servicios y una revisión de múltiples factores. En este nuevo escenario realizan su aparición las pymes.

"No hay posibilidades de desarrollo exitoso en términos económico-sociales sin un denso tejido de pymes que soporten, complementen y compitan con las firmas de mayor tamaño, tanto nacionales como extranjeras”, opina Bernardo Kosacoff.
En esta primera parte del trabajo presentado, el economista describe los principales rasgos y consecuencias de los cambios en el ambiente en el cual deben desenvolverse las estrategias de las empresas locales.
En un contexto donde se han sucedido transformaciones de enorme impacto en las tecnologías, prácticas productivas y métodos organizacionales dominantes en el escenario competitivo global, así como una total redefinición de las reglas de juego en la economía doméstica, las firmas argentinas se enfrentan a desafíos y oportunidades cuya resolución definirá en gran medida las características del estilo de desarrollo que asumirá el país a largo plazo.
En este trabajo se describirán los principales rasgos y consecuencias de los cambios en el ambiente en el cual deben desenvolverse las estrategias de las empresas locales, con especial hincapié en el posicionamiento del grupo que constituye el grueso de los establecimientos productivos argentinos: las pequeñas y medianas empresas (PyMEs).
Si bien muchas veces las PyMEs han tenido grandes dificultades para responder de modo satisfactorio a las exigencias que surgen del nuevo contexto de competencia en el mercado local e internacional, al mismo tiempo está claro que no hay posibilidades de un desarrollo exitoso en términos económico-sociales sin un denso tejido de PyMEs que soporten, complementen y compitan con las firmas de mayor tamaño, tanto nacionales como extranjeras.

Transformaciones de la economía internacional y el papel de las PyMEs
En las últimas dos décadas hemos venido asistiendo a un proceso de profundas transformaciones a escala internacional, que se caracterizan centralmente por:
• La “globalización” de las actividades económicas, expresada en la expansión de las corrientes internacionales de comercio, capitales y tecnología, y en la cada vez mayor interconexión e interdependencia de los distintos espacios nacionales y la paralela creciente “transnacionalización” de los agentes económicos
• Las modificaciones en las prácticas tecnológicas y productivas dominantes, vinculadas, por un lado, con el surgimiento de nuevos sistemas de organización de la producción, y, por otro, con el surgimiento de las llamadas “nuevas tecnologías”, que incluyen las tecnologías “de la información y la comunicación” -en las cuales la microelectrónica juega un papel central-, la biotecnología, los nuevos materiales, etc.
• La transición hacia sociedades “basadas en el conocimiento”, las cuales se organizan en torno de la producción, distribución y uso de conocimiento e información. En este escenario, la capacidad de innovación se convierte -más que nunca en el pasado- en el factor determinante del desempeño económico y la competitividad de firmas, regiones y naciones.
En este ambiente complejo, se observa, en los países desarrollados (PD), que las firmas buscan estrategias y formas de organización y producción más flexibles e innovativas, con el objetivo de responder a la creciente globalización y las cambiantes preferencias de los consumidores. Para alcanzar este objetivo, no basta con incorporar tecnologías modernas, sino que, en general, es preciso, simultáneamente, adoptar nuevas formas de organización de los procesos de investigación, diseño, gestión, producción y comercialización Estas reestructuraciones internas muchas veces están acompañadas de estrategias que incrementan las transacciones y los lazos con otras firmas, en orden a reducir costos, incrementar la especialización, ganar economías de escala y scope y repartir riesgos (OECD, 1996b).

¿Cómo se insertan las PyMEs en este nuevo escenario?
En los países de la OECD, no sólo las PyMEs representan un elevado porcentaje del total de empresas (más del 95% en general) y contribuyen con el grueso del empleo (del 60 al 70% según los casos), sino que, en los últimos años, su participación en la producción y el empleo ha venido creciendo OECD, 1997b). Al mismo tiempo, el tamaño promedio de los establecimientos manufactureros ha caído en países como EE.UU, Canadá o Gran Bretaña desde los años ‘80.
Pero la importancia de las PyMEs no es sólo cuantitativa. La historia muestra que, a través de distintos modelos, las PyMEs han sido agentes importantes en los procesos exitosos de desarrollo económico. Así, por ejemplo, las firmas nuevas de tamaño pequeño y mediano han jugado un rol central como generadoras de innovaciones de gran significación en los EE.UU. (Mowery y Rosenberg, 1993). Asimismo, en Japón han sido claves para el desarrollo industrial del país las redes de PyMEs organizadas en torno de grandes empresas -es el caso de Toyota, por ejemplo- sobre la base de relaciones durables y de mutua cooperación (Aoki y Dore, 1994; Coriat, 1992). La experiencia de Taiwan, uno de los países más dinámicos del Este Asiático en los últimos cuarenta años, también muestra una fuerte presencia de PyMEs (Hou y Gee, 1993). Last but not least, el caso de los “distritos industriales” italianos es una muestra clara de cómo las PyMEs pueden constituirse en el “corazón” de una estrategia de desarrollo regional.
Consecuentemente, hay en los PD un creciente consenso en que la búsqueda de ganancias de productividad y competitividad requiere de una base industrial amplia, en la cual además de firmas de gran tamaño y alto nivel de internacionalización, convivan firmas pequeñas, tanto con capacidades y estrategias independientes, como insertas en un amplio rango de relaciones inter-firma con las grandes corporaciones (OECD, 1992).
Pymes y las tecnologIas
La introducción de nuevas tecnologías y métodos de organización productiva pueden tener algunos impactos favorables sobre el sector PyME. Entre ellos se incluyen, por ejemplo, la aparición de tecnologías que reducen, en algunos sectores, la escala mínima de producción eficiente, la mayor importancia que adquiere la flexibilidad productiva y organizacional para el desempeño competitivo, las tendencias a la subcontratación y terciarización de actividades, entre otros. Al mismo tiempo, las PyMEs son, frecuentemente, más flexibles que las firmas grandes para adaptarse a las nuevas exigencias de los consumidores y modificar las rutinas de la fuerza de trabajo (OECD, 1997a).
Sin embargo, no todas las transformaciones en curso son “pro-PyME”. Por un lado, este tipo de firmas encuentra distintos obstáculos -para el acceso al crédito, los recursos humanos, la información, etc.- para realizar transformaciones en el plano productivo, tecnológico y organizacional; de hecho, las PyMEs han sido más lentas en adoptar las nuevas prácticas dominantes en estas áreas (NUTEK, 1996; OECD, 1996b). Asimismo, se ha señalado que las nuevas oportunidades para las PyMEs pueden ser contrapesadas por los exigentes requisitos de las nuevas tecnologías con respecto al nivel y sofisticación de las inversiones intangibles, y a la necesidad de profundizar la comercialización de los productos sobre una base “a medida” o “a pedido” (customised), para aprovechar las potenciales economías de alcance (OECD, 1992).
Asimismo, la capacidad de supervivencia y expansión de las PyMEs depende de que exista un marco institucional favorable. Parte de este marco institucional son las políticas públicas específicas -implementadas a escala local, provincial/estadual, nacional y supra-nacional- que existen en la mayor parte de los PD para facilitar su desenvolvimiento y reconversión. Lo institucional también incluye un adecuado funcionamiento del sistema financiero, la existencia de mecanismos de venture capital para firmas nuevas -como ocurre en los EE.UU. o Canadá-, la disponibilidad de servicios tecnológicos, de consultoría e información, el acceso a recursos humanos, las vinculaciones con otras firmas e instituciones públicas y privadas -universidades, laboratorios, etc.
Por otro lado, ciertamente, el “universo” Pyme es muy vasto y heterogéneo, y se caracteriza por una alta “turbulencia”, con continuos “nacimientos” y desapariciones de firmas, lo cual confiere, por otro lado, un alto grado de dinamismo a la economía en su conjunto. Así, encontraremos toda una “tipología” de Pymes (Rizzoni, 1994), caracterizadas por diferentes estrategias, estructuras organizacionales, base tecnológica, grado de especialización, capacidades de innovación, etc., y, consecuentemente, distintas potencialidades competitivas y mayor o menor posibilidad de insertarse, de manera “virtuosa”, en el nuevo escenario.
En suma, los efectos concretos de los cambios en el escenario competitivo sobre las PyMEs dependerán de las capacidades previas y reacciones de dichas firmas ante el nuevo contexto, pero también del ambiente institucional y de políticas públicas en el cual se desenvuelven, así como de sus relaciones con los restantes agentes económicos, y en particular con las grandes firmas.

Frase-síntesis
Potenciar el tramado de Pymes en un nuevo clima competitivo posibilitará el desarrollo de capacidades y la mayor integración de las Pymes al tejido productivo a partir de su participación en redes de firmas, de una activa vinculación con las firmas grandes y del desarrollo de estrategias de cooperación empresarial.
A su vez, permitirá una mejor decodificación de las señales del mercado, de fundamental importancia para que las Pymes desplieguen nuevas estrategias competitivas que apunten a generar desarrollos innovativos y su inserción activa en la corriente internacional de bienes”.

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