Los Adobes, la mina de uranio que fue escenario de cuatro muertes dudosas
La zona de explotación de uranio durante la dictadura militar, Los Adobes, volvió a ser noticia 18 años después de su cierre, concretamente en 1999 cuando el diario La Nación publicó una serie de notas vinculadas a cuatro muertes dudosas. Según informó el matutino porteño en su edición del 6 de julio de 1999, el yacimiento había tenido una inusual actividad en los últimos días de 1990, pese a que estaba oficialmente cerrado desde hacía nueve años. Se había trasladado gente por cuenta de la empresa Investigaciones Aplicadas (Invap), al tiempo que se concentraban en Trelew 36 toneladas de baritina, un mineral utilizado en el sellamiento de repositorios nucleares.
Cuatro kilómetros al sur de Los Adobes hay otra mina de uranio, Cerro Solo, que atravesaba en esa época el proceso de licitación, y según el licenciado Héctor Perl, consejero de la CNEA, hacia allí fueron en noviembre de 1990 los materiales y la gente mencionada, destacando que no se trataba de un movimiento clandestino de residuos nucleares, sino que la baritina se destinaría a la prospección en Cerro Solo, y el personal trasladado desde Mendoza iría a hacer esos trabajos, concretamente 600 perforaciones que se abandonaron después.
Sin embargo, La Nación sostiene que más allá de las explicaciones de Perl, en la CNEA no aparece la documentación oficial sobre esos trabajos y Los Adobes y Cerro Solo están en la zona de Paso de los Indios, donde tres años después de estos movimientos, entre el 28 de agosto y el 12 de noviembre de 1993, cerca del pueblo aparecieron muertas cuatro personas en circunstancias misteriosas.
El primer cadáver fue encontrado unos 60 kilómetros al norte del pueblo, en las instalaciones de una mina. El muerto fue Damián Benigno. El cuerpo de Hipólito Valderrama apareció cuatro días después, y el de Damián Valerio, el 20 de setiembre. El 12 de noviembre, cuando la serie parecía terminada, fue hallado Osvaldo González, el cuarto fallecido.
"Parecía raro que en un lugar de tan poca gente hubiera tantas muertes", manifestó a La Nación la fiscal Susana Vilaseca, que intervino en el caso. "Para la policía, en principio, se trataba de muertes dudosas, y el juez Rubén Portela decidió que nos constituyéramos en Paso de los Indios", dijo.
Además del juez y de la fiscal, el equipo llegado desde Trelew se completaba con el forense Ezequiel Cablinsky y un grupo de policías de la Unidad Regional. Lo primero que determinaron fue que las muertes sucedieron dentro y en las inmediaciones de una mina de baritina, un material usado en la perforación de pozos petrolíferos. El segundo dato fue que los muertos eran salteños y estaban empleados en la empresa Riscos Bayos, propiedad de la familia Sapag, de Neuquén.
CONGELADOS
El tercer dato fue el más sorprendente: según consta en las autopsias registradas en el expediente judicial, dos de las cuatro muertes se habían producido por "espasmo por diferencia de temperatura" (congelamiento) y los cuerpos presentaban un cuadro de "cristalización pulmonar".
Aunque algunas de las autopsias fueron subsanadas después, el dato médico, la "cristalización pulmonar" persistió, y según explicó al matutino porteño Juan Carlos Giménez, especialista en radiopatologías del Instituto de Radiomedicina y Seguridad: "el uranio se encuentra en la naturaleza, y hasta 90 microgramos, en un hombre de unos 70 kilos, es tolerable. Pero cuando el uranio se enriquece, se transforma en un agente radiotoxicológico que al incorporarse por vía inhalatoria puede producir lesiones graves. El hexafluoruro de uranio, al penetrar en el organismo, reacciona frente al agua y genera ácido fluorhídrico, causante de irritaciones agudas y edemas agudos de pulmón. Eso se llama cristalización pulmonar".
Mientras, la fiscal añadió: "nosotros nunca tuvimos ninguna sospecha (de que pudiera tratarse de algo relacionado con la radiactividad). Si no, hubiésemos trabajado en ella".
Lo más extraño del caso es que hay pruebas documentales de que hubo traslados de personas a minas abandonadas, de que se concentraron en la zona cantidades inusuales de selladores para depósitos radiactivos y de que después de eso hubo muertos con síntomas propios de una intoxicación con hexafluoruro de uranio, aunque el Invap no puede dar explicaciones sobre eso y la Comisión Nacional de Energía Atómica lo atribuye a tareas cuyas constancias, hasta el momento, no aparecieron. "El basurero que se iba a construir en Gastre parece haber pasado al olvido, pero un manto de duda sigue cubriendo toda la cuestión", concluye el artículo de La Nación.
