Los científicos del rastro, tras las huellas del criminal
Trabajan en las sombras y sus principales enemigos son el viento, los curiosos, los periodistas, movileros, reporteros gráficos y en general todo aquel que contamine la escena del delito. La principal función de la Policía Científica es levantar las huellas de los sospechosos. No se puede escapar ni un cabello. Todo debe ser examinado para llegar al delincuente. ¿Qué tan importante es la Criminalística? ¿Cómo trabajan y qué piensan?
El subcomisario Raúl Marcelo Rodríguez disfruta de una cena familiar. El teléfono celular de servicio suena. Le informan de un homicidio en la extensión del barrio San Cayetano. Rodríguez pide disculpas, se levanta de la mesa y se pone su campera azul. La misma lleva una inscripción amarilla en su espalda: “Policía Científica”.
Sea la hora que sea, Rodríguez acude al lugar en su auto particular. Es el jefe de la división en Comodoro Rivadavia y aunque puede delegar el levantamiento de rastros y pericias, opta por realizarlas él mismo junto a su personal a cargo.
Tiene 37 años y nació en Río Pico, pero en su carrera policial ya ha conocido el valle, la cordillera y el sur del Chubut porque ha tenido destinos en Rawson, Trelew, Puerto Madryn, Esquel y Comodoro Rivadavia. No es conocido porque su función no es de primera línea. Trabaja junto a los suyos siempre en las sombras. Es muy meticuloso desde que ingresó a la Policía del Chubut y decidió especializarse en la materia. Es perito criminalístico y accidentólogo-documentólogo. Se especializó en el Instituto de Criminalística en Corrientes.
A Rodríguez lo desvelan aquellos casos en los que no puede sacar a relucir huellas ni rastros suficientes para encontrar al asesino. En la computadora de su oficina, de fondo de pantalla tiene una foto del caso que estos momentos le quita el sueño: un homicidio ocurrido en 2013. Lo usa casi de ayuda memoria porque repasa una y otra vez los detalles. Mira y no deja de observar el video de las pericias, el que filmaron cuando llegaron al lugar en la primera intervención.
Así se da cuenta de que un objeto en la primera visita está y luego en la segunda inspección ya no. Es un indicio, la prueba que habla en el silencio. Lo comunica de inmediato al Ministerio Público Fiscal.
UN EQUIPO
Rodríguez es la cabeza de la Policía Científica en Comodoro, pero detrás de él hay mujeres y hombres que también son especialistas en cada materia de la criminalística. Si hay que relucir diplomas, en la división trabajan tres licenciados en criminalística, una licenciada bioquímica, un perito accidentólogo-documentólogo, un técnico universitario en balística y armas portátiles, tres técnicos balísticos, una técnica bioquímica y un técnico planimetrista. Pero seguro que nada de lo que hacen podría ser posible sin el personal administrativo, como la función que lleva a cabo la suboficial principal Guzmán.
Una jornada en la Policía Científica, que tiene sus oficinas y laboratorios en el barrio Divina Providencia, puede resultar ilustrativo. Es que no hay desperdicio. Allí confluyen y coinciden personas con un objetivo en común: determinar ese principio de “transferencia”: la interrelación que existe entre el autor, la víctima y el lugar del hecho.
Es que el criminal deja o se lleva del lugar elementos que permiten determinar su participación, y a su vez la víctima interactúa con el mismo lugar. La escena del crimen siempre va a contar con este tipo de elementos. La valoración de estos rastros es superior a la prueba testimonial, debido a su carácter de categórica e irrefutable.
Un especialista en localizar esa transferencia es Gonzalo Miguez Murillas. Agente de Policía, pero a la vez licenciado en Criminalística. Con esa dualidad se destaca en lo que hace. Miguez Murilla estudió en el Instituto de Policía Federal en Caballito y en 2012 ingresó a la Policía del Chubut como agente. Su primer destino después del Centro de Instrucción fue la comisaría de Kilómetro 8, pero rápidamente las autoridades policiales se dieron cuenta de que tenía capacidades especiales, conocimientos que estaban siendo desaprovechados en una guardia o patrullaje. Era un hombre con condiciones para realizar un trabajo científico-policial.
Amante de las novelas policiales de Sir Arthur Conan Doyle y sus protagonistas Sherlock Holmes y el doctor Watson, está convencido de que no existe “el hombre mariposa” en la escena del crimen. Es decir, quien cometa el hecho y salga volando. Y si estuviese en presencia de alguien así, está seguro de que alguna “transferencia” habrá dejado, desde lo psicológico conductual o, incluso, el olor.
Por eso nada se les puede escapar a los científicos del rastro. Deben poner todas las energías en develarlo.
EN BUSCA DE
DACTILARES
Entre las disciplinas con las que uno se puede encontrar en la División está la papiloscópica que permite la identificación de las personas a partir del estudio de las crestas papilares ubicadas en las manos y plantas de los pies. Toda huella registrada se carga en la terminal del sistema AFIS. Para ello la división cuenta con dos equipos “morpho rapID”, en los que con solo poner el índice se obtiene información judicial de antecedentes, si los hubiera.
Incluso el equipo técnico pericial que acude a la escena del hecho cuenta con un maletín de inspección ocular con el que levantan rastros. Un reactivo químico rojo es el ‘polvito mágico’, capaz de adherirse a las líneas que dejó una huella dactilar y así poder acceder a identificaciones. Esa huella después es comparada con el sistema AFIS de antecedentes y se rastrean criminales o delincuentes.Un especialista en levantar rastros es el cabo primero Troncoso.
Rodríguez cuenta una anécdota. El escenario, un barrio de Trelew. El caso, un homicidio. Concurre solo al lugar del hecho en medio de la noche y con su maletín de herramientas. Levanta rastros y se va. Los efectivos de la Policía Científica no pueden escuchar declaraciones, ni comparar versiones; menos hipótesis. Solo se limitan a realizar el informe de lo que han hallado en el lugar. Lo testimonial no puede influir en su análisis.
A veces es difícil encontrar rastros. Pero para ello Rodríguez trata de pensar como el sospechoso y actuar como él. Ensaya los pasos que pudo haber hecho y qué pudo haber tocado. Dónde habrá pisado.
En ese homicidio en ocasión de robo, los delincuentes habían ido a comprar cerveza en un kiosco. El oficial de criminalística piensa más allá de la escena del hecho en los objetos que pudieron estar en juego. Cada vez que alguien compra una cerveza deja un envase retornable. Pide el allanamiento y secuestra la botella del cajón. Ahí estaba la clave, la huella del asesino. Lejos de la escena, pero latente. Se determina al sospechoso que es llevado a juicio y declarado culpable.
Rodríguez es consciente de que encontrar una huella también es cuestión de suerte. Una noche espolvoreó por completo un auto implicado en un homicidio y no podía encontrar nada. Cuando pintó el faro delantero, apareció una huella palmar. Fue casualidad. Primero preguntó quién había tocado el auto, pero nadie había sido. La huella apareció en el lugar menos pensado y el caso comenzó a tomar su rumbo.
Por eso Rodríguez sostiene que el lugar del hecho tiene que ser resguardado muy bien para no ser contaminado en los primeros minutos. Que nadie toque nada; que se pise lo menos posible.
Toda evidencia física existente debe ser recolectada. Esa es la función. Responden a las directivas del fiscal del caso o al oficial a cargo. Preservar significa no adulterar. Realizan un registro fotográfico y fílmico de la escena y sus elementos. Secuestran la evidencia bajo una “cadena de custodia” con el consentimiento de testigos civiles. Los elementos son enviados a la Oficina Judicial de efectos secuestrados y puestos a disposición del Ministerio Público Fiscal para futuras pruebas de laboratorio.
¿Qué es lo que les interesa a los policías de Científica? Rastros papilares, huellas de pisadas, armas y municiones, vainas servidas, proyectiles, cabellos, manchas hemáticas, restos de pintura, fluidos corporales, semen, sangre, saliva; todo lo que haya en el lugar del hecho, sea de la víctima o del sospechoso.
En sus informes se tienen en cuenta las características del lugar, la temperatura, la humedad, y las condiciones climáticas. En Comodoro el viento por ejemplo, es su principal enemigo. Los vecinos alterados también son un problema. Si no “llueven” las piedras en medio de una inspección, los curiosos también están al orden del día.
Rodríguez reconoce que hay periodistas de policiales o fotógrafos que siempre se la ingenian para llegar hasta la víctima y eso complica su trabajo, ya que es vital la no contaminación.
La planimetría es fundamental en la función de la Policía Científica; incluso se realizan animaciones 3D de las mecánicas del hecho; se sitúa a las víctimas y diferentes actores. Se hacen también pericias accidentológicas. Hay un laboratorio que analiza muestras sanguíneas, alcoholemias y realiza dermo-nitrotest a fin de hallar restos de deflagración de la pólvora e hisopados de las armas para establecer si fueron disparadas, así como análisis morfológico de cabellos y toma muestras de ADN.
Uno de los objetivos centrales de la Científica, según Rodríguez, es aportar y ofrecer conclusiones sobre quién cometió un hecho, pero también desechar al que no estuvo implicado con carácter de imparcialidad.
El teléfono vuelve a sonar en medio de la exposición de Rodríguez y sale de nuevo. Es un herido de bala: tiene que peritar la trayectoria del disparo en el vehículo baleado.
Sea la hora que sea, Rodríguez acude al lugar en su auto particular. Es el jefe de la división en Comodoro Rivadavia y aunque puede delegar el levantamiento de rastros y pericias, opta por realizarlas él mismo junto a su personal a cargo.
Tiene 37 años y nació en Río Pico, pero en su carrera policial ya ha conocido el valle, la cordillera y el sur del Chubut porque ha tenido destinos en Rawson, Trelew, Puerto Madryn, Esquel y Comodoro Rivadavia. No es conocido porque su función no es de primera línea. Trabaja junto a los suyos siempre en las sombras. Es muy meticuloso desde que ingresó a la Policía del Chubut y decidió especializarse en la materia. Es perito criminalístico y accidentólogo-documentólogo. Se especializó en el Instituto de Criminalística en Corrientes.
A Rodríguez lo desvelan aquellos casos en los que no puede sacar a relucir huellas ni rastros suficientes para encontrar al asesino. En la computadora de su oficina, de fondo de pantalla tiene una foto del caso que estos momentos le quita el sueño: un homicidio ocurrido en 2013. Lo usa casi de ayuda memoria porque repasa una y otra vez los detalles. Mira y no deja de observar el video de las pericias, el que filmaron cuando llegaron al lugar en la primera intervención.
Así se da cuenta de que un objeto en la primera visita está y luego en la segunda inspección ya no. Es un indicio, la prueba que habla en el silencio. Lo comunica de inmediato al Ministerio Público Fiscal.
UN EQUIPO
Rodríguez es la cabeza de la Policía Científica en Comodoro, pero detrás de él hay mujeres y hombres que también son especialistas en cada materia de la criminalística. Si hay que relucir diplomas, en la división trabajan tres licenciados en criminalística, una licenciada bioquímica, un perito accidentólogo-documentólogo, un técnico universitario en balística y armas portátiles, tres técnicos balísticos, una técnica bioquímica y un técnico planimetrista. Pero seguro que nada de lo que hacen podría ser posible sin el personal administrativo, como la función que lleva a cabo la suboficial principal Guzmán.
Una jornada en la Policía Científica, que tiene sus oficinas y laboratorios en el barrio Divina Providencia, puede resultar ilustrativo. Es que no hay desperdicio. Allí confluyen y coinciden personas con un objetivo en común: determinar ese principio de “transferencia”: la interrelación que existe entre el autor, la víctima y el lugar del hecho.
Es que el criminal deja o se lleva del lugar elementos que permiten determinar su participación, y a su vez la víctima interactúa con el mismo lugar. La escena del crimen siempre va a contar con este tipo de elementos. La valoración de estos rastros es superior a la prueba testimonial, debido a su carácter de categórica e irrefutable.
Un especialista en localizar esa transferencia es Gonzalo Miguez Murillas. Agente de Policía, pero a la vez licenciado en Criminalística. Con esa dualidad se destaca en lo que hace. Miguez Murilla estudió en el Instituto de Policía Federal en Caballito y en 2012 ingresó a la Policía del Chubut como agente. Su primer destino después del Centro de Instrucción fue la comisaría de Kilómetro 8, pero rápidamente las autoridades policiales se dieron cuenta de que tenía capacidades especiales, conocimientos que estaban siendo desaprovechados en una guardia o patrullaje. Era un hombre con condiciones para realizar un trabajo científico-policial.
Amante de las novelas policiales de Sir Arthur Conan Doyle y sus protagonistas Sherlock Holmes y el doctor Watson, está convencido de que no existe “el hombre mariposa” en la escena del crimen. Es decir, quien cometa el hecho y salga volando. Y si estuviese en presencia de alguien así, está seguro de que alguna “transferencia” habrá dejado, desde lo psicológico conductual o, incluso, el olor.
Por eso nada se les puede escapar a los científicos del rastro. Deben poner todas las energías en develarlo.
EN BUSCA DE
DACTILARES
Entre las disciplinas con las que uno se puede encontrar en la División está la papiloscópica que permite la identificación de las personas a partir del estudio de las crestas papilares ubicadas en las manos y plantas de los pies. Toda huella registrada se carga en la terminal del sistema AFIS. Para ello la división cuenta con dos equipos “morpho rapID”, en los que con solo poner el índice se obtiene información judicial de antecedentes, si los hubiera.
Incluso el equipo técnico pericial que acude a la escena del hecho cuenta con un maletín de inspección ocular con el que levantan rastros. Un reactivo químico rojo es el ‘polvito mágico’, capaz de adherirse a las líneas que dejó una huella dactilar y así poder acceder a identificaciones. Esa huella después es comparada con el sistema AFIS de antecedentes y se rastrean criminales o delincuentes.Un especialista en levantar rastros es el cabo primero Troncoso.
Rodríguez cuenta una anécdota. El escenario, un barrio de Trelew. El caso, un homicidio. Concurre solo al lugar del hecho en medio de la noche y con su maletín de herramientas. Levanta rastros y se va. Los efectivos de la Policía Científica no pueden escuchar declaraciones, ni comparar versiones; menos hipótesis. Solo se limitan a realizar el informe de lo que han hallado en el lugar. Lo testimonial no puede influir en su análisis.
A veces es difícil encontrar rastros. Pero para ello Rodríguez trata de pensar como el sospechoso y actuar como él. Ensaya los pasos que pudo haber hecho y qué pudo haber tocado. Dónde habrá pisado.
En ese homicidio en ocasión de robo, los delincuentes habían ido a comprar cerveza en un kiosco. El oficial de criminalística piensa más allá de la escena del hecho en los objetos que pudieron estar en juego. Cada vez que alguien compra una cerveza deja un envase retornable. Pide el allanamiento y secuestra la botella del cajón. Ahí estaba la clave, la huella del asesino. Lejos de la escena, pero latente. Se determina al sospechoso que es llevado a juicio y declarado culpable.
Rodríguez es consciente de que encontrar una huella también es cuestión de suerte. Una noche espolvoreó por completo un auto implicado en un homicidio y no podía encontrar nada. Cuando pintó el faro delantero, apareció una huella palmar. Fue casualidad. Primero preguntó quién había tocado el auto, pero nadie había sido. La huella apareció en el lugar menos pensado y el caso comenzó a tomar su rumbo.
Por eso Rodríguez sostiene que el lugar del hecho tiene que ser resguardado muy bien para no ser contaminado en los primeros minutos. Que nadie toque nada; que se pise lo menos posible.
Toda evidencia física existente debe ser recolectada. Esa es la función. Responden a las directivas del fiscal del caso o al oficial a cargo. Preservar significa no adulterar. Realizan un registro fotográfico y fílmico de la escena y sus elementos. Secuestran la evidencia bajo una “cadena de custodia” con el consentimiento de testigos civiles. Los elementos son enviados a la Oficina Judicial de efectos secuestrados y puestos a disposición del Ministerio Público Fiscal para futuras pruebas de laboratorio.
¿Qué es lo que les interesa a los policías de Científica? Rastros papilares, huellas de pisadas, armas y municiones, vainas servidas, proyectiles, cabellos, manchas hemáticas, restos de pintura, fluidos corporales, semen, sangre, saliva; todo lo que haya en el lugar del hecho, sea de la víctima o del sospechoso.
En sus informes se tienen en cuenta las características del lugar, la temperatura, la humedad, y las condiciones climáticas. En Comodoro el viento por ejemplo, es su principal enemigo. Los vecinos alterados también son un problema. Si no “llueven” las piedras en medio de una inspección, los curiosos también están al orden del día.
Rodríguez reconoce que hay periodistas de policiales o fotógrafos que siempre se la ingenian para llegar hasta la víctima y eso complica su trabajo, ya que es vital la no contaminación.
La planimetría es fundamental en la función de la Policía Científica; incluso se realizan animaciones 3D de las mecánicas del hecho; se sitúa a las víctimas y diferentes actores. Se hacen también pericias accidentológicas. Hay un laboratorio que analiza muestras sanguíneas, alcoholemias y realiza dermo-nitrotest a fin de hallar restos de deflagración de la pólvora e hisopados de las armas para establecer si fueron disparadas, así como análisis morfológico de cabellos y toma muestras de ADN.
Uno de los objetivos centrales de la Científica, según Rodríguez, es aportar y ofrecer conclusiones sobre quién cometió un hecho, pero también desechar al que no estuvo implicado con carácter de imparcialidad.
El teléfono vuelve a sonar en medio de la exposición de Rodríguez y sale de nuevo. Es un herido de bala: tiene que peritar la trayectoria del disparo en el vehículo baleado.
