Con una llamativa debilidad, el fiscal Diego Luciani pidió que se rechace in limine la recusación en su contra. Emparentó su pertenencia al mismo equipo de fútbol que el presidente del Tribunal, Rodrigo Giménez Uriburu, a un evento social o deportivo en que los funcionarios suelen coincidir, casi de casualidad, cuando lo real es que fiscal y juez juegan juntos al menos desde hace cinco años, casi todos los fines de semana. Asombrosamente, el fiscal no dijo ni una palabra de que fueron parte del mismo equipo en Los Abrojos, la quinta de Mauricio Macri. Sólo sostuvo, al pasar, que no conoce al expresidente.
Desde un punto técnico, Luciani sostuvo que “la amistad no es motivo de recusación porque no se aplica al vínculo entre un fiscal y un juez”. Ese razonamiento parece ir contra la lógica que suele esgrimir el fiscal: cualquier acusado por un fiscal sentiría que no hay objetividad alguna si, en verdad, es amigo del juez.
Por su parte, el otro fiscal, Sergio Mola, respondió también a los pedidos de recusación, argumentando que su visita a la Casa Rosada fue por una cuestión de trabajo relacionada con el aeropuerto de Ezeiza, ya que ejerce como fiscal federal en ese distrito. Sin embargo, no explicó en qué consistió el problema tratado.
Un dato de importancia: quien encabezó la audiencia, el juez Jorge Gorini, no permitió que las defensas le contesten a Luciani y Mola. O sea, le dejaron la última palabra a los fiscales. El juez Jorge Gorini, que condujo la audiencia, también fue recusado a raíz de otra nota publicada en Página/12, pero no informó cuándo se resolverán todos los planteos.
LAS IMÁGENES QUE VALEN MAS QUE LAS PALABRAS
Luciani utilizó un argumento curioso. Sostuvo que lo recusan ahora porque empezó el alegato y se lanzó una campaña en su contra. Lo cierto es que Página/12 recibió las fotos el fin de semana pasado, a raíz de que un abogado -que aparentemente en algún momento formó parte de Liverpool- se indignó con la vehemencia y la distancia que Luciani exhibía respecto de los jueces y, en particular de Giménez Uriburu, quien en forma habitual conducía las audiencias. Le indignó la simulación.
Después de aquellas primeras dos fotos -una de ellas en Los Abrojos, la quinta de Macri-, empezó a llegar una catarata de fotos enviadas por otros letrados de San Isidro, que, por ejemplo, difundieron la foto con el camarista Mariano Llorens como arquero, la otra con Macri junto a la alineación de Liverpool, Luciani y Giménez Uriburu a solas con la camiseta del equipo, y muchas más. Numerosos participantes del torneo de San Isidro, Atalaya, contaron a Página/12 que el fiscal y el juez siguieron jugando juntos, incluso en 2022. Las fotos y los datos no sólo llegaron a este diario.
También Página/12 recibió mensajes citando la página de Facebook de Liverpool, incluyendo la publicación de la violenta diatriba contra Cristina Kirchner del padre de Giménez Uriburu instando a los jueces a que metan presa a la expresidenta: nadie protestó, nadie pidió que se eviten las cuestiones políticas en la página del equipo de fútbol.
PERDIDA DE IMPARCIALIDAD Y DE OBJETIVIDAD
Los textos -incluyendo el dictamen de la Comisión Iberoamericana de Ética Judicial (CIEJ)- le dieron un marco a aquellas fotos: “sólo son admisibles éticamente las reuniones públicas y de carácter protocolario, resultando absolutamente desaconsejables todo los encuentros de jueces y políticos, públicos o privados. Resulta desaconsejable de manera terminante una familiaridad”, son algunas de las frases del texto.
Además, la Comisión menciona que vale para todos los estamentos judiciales, es decir también para los fiscales. Para el caso del juez Giménez Uriburu, las defensas sostienen que existe un peligro objetivo de pérdida de la imparcialidad, y para el caso del fiscal, pérdida de objetividad.
En eso se basan los planteos de los abogados defensores. El de Cristina Kirchner, Alberto Beraldi; los de Julio De Vido, Maximiliano Rusconi y Gabriel Palmeiro; el de Lázaro Báez, Juan Villanueva; el de Nelson Periotti, Federico Paruolo, el dos funcionarios de Santa Cruz, Miguel Angel Arce Aggeo, entre otros.
Llamativo fue que Luciani adujo que estuvo en numerosos encuentros sociales con jueces y que “la circunstancia de coincidir en un acto o evento social o deportivo no es motivo de recusación. Es absurdo que se objete que un fiscal comparta un acto social”. Más allá del argumento del fiscal, no es muy difícil comprender que no es lo mismo una coincidencia, un encuentro, que una larga trayectoria jugando juntos en el mismo equipo, prácticamente todos los fines de semana. A eso hay que agregar que el fiscal eludió en forma clara hacer alguna referencia a que jugaron en la quinta de Macri.
En su intervención, Beraldi recordó que en 40 años de democracia no se había visto a ningún presidente intentando nombrar dos jueces de la Corte Suprema por decreto, de manera que cuando el juez y el fiscal fueron a Los Abrojos, violaron la responsabilidad que tiene un funcionario judicial. “No hay que demostrar la falta de objetividad. De ninguna manera. Es suficiente con que exista el peligro, el temor, a la pérdida de objetividad. Y en eso incurren quienes van a un evento en la casa de un ciudadano que ejerce el cargo de presidente de la Nación, que además venía con esos antecedentes”.
“Un juez tiene que tener equidistancia entre las partes -redondeó Beraldi-, y si existe relación de confianza con una de las partes, en este caso el fiscal, se altera el principio de igualdad”.
Fuente: Página 12
