Los rasgos que hacen especial la vida en Malvinas

La vida en Malvinas es diferente a cualquier ciudad de Latinoamérica. En el archipiélago el calendario escolar arranca en setiembre, como en Europa, se desayuna como los ingleses y se conduce por la derecha. El idioma de Shakespeare es la lengua oficial y además circula una moneda única que es imposible de utilizar fuera de allí. Malvinas tiene costumbres y tradiciones distintas a la región a la que pertenece.

Por Fredi Carrera,  desde Puerto Argentino
En las Islas Malvinas todo es diferente. Desde el color de piel de los habitantes hasta la moneda que utilizan para realizar sus compras en el único supermercado de Puerto Argentino, “The West Store”, ubicado entre los dos hoteles más visitados: “Malvinas House” y “Water Front”.  Las islas carecen de argentinidad, así como de cualquier estereotipo sudamericano que pueda recordar que este lugar ubicado en el sur del Océano Atlántico pertenece a Latinoamérica.
Caminar por Puerto Argentino es un contraste entre lo que uno siente y lo que ve. Sus casas tienen techos estilo inglés a dos aguas y de diferentes colores que se mezclan entre el verde de los árboles y los cercos de madera. Además, los vehículos circulan en sentidos opuestos, creando una sensación de vértigo para quienes no están acostumbrados.
Los conductores manejan despacio en las angostas calles de la ciudad, pero muchos giran a la misma velocidad. Al frente, sobre la costa, se ven los patos y algunos gansos que deambulan sin destino, caminando como dueños del lugar que son, ya que a los isleños no se lo ve descansar en la costa del pueblo. Es raro, el paisaje es hermoso y cuando el sol aparece el cristalino mar embellece aún más la postal. Si uno se acerca a la orilla puede ver las piedras bajo el agua y si tiene fortuna, también algún pez de pequeño tamaño pero de un atractivo color rojo.
En las islas amanece temprano. En marzo, el sol aparece alrededor de las 6 de la mañana, cuando todavía todo es silencio en la ciudad. Cerca de las 7, se inicia el movimiento; cada uno en sus vehículos 4 x 4 se dirige a su trabajo. Sólo hay dos mini cooper y una moto de baja cilindrada.
Diferenciar, en Malvinas, es una tarea fácil en medio de los 3.000 habitantes que suelen frecuentar las mismas zonas y en los mismos horarios. Las caras se repiten en el supermercado, también en la calle mientras se camina y a veces por la noche también en el bar, donde los frecuentes bebedores concurren alrededor de las 19.
La vida es distinta. El calendario escolar comienza en setiembre y según explicó Darren Christie, de Medios y Relaciones Públicas del gobierno, a Diario Patagónico, en las escuelas se enseña español, pero no la historia de Malvinas ya que se rigen por los contenidos que envía el gobierno británico, donde por supuesto no se enseña la historia de las remotas islas del Atlántico Sur que hace 30 años motivaron una guerra de 72 días.
Sin embargo las Malvinas comenzaron a ser importantes para los británicos a partir de 1982. El fuerte respaldo que permitió impulsar la pesca y acrecentar los ingresos de la economía también dio lugar a la llegada de inmigrantes, principalmente de Santa Elena, de Chile y de Perú, quienes se dedican a trabajar en los pubs, comercios, hoteles y en la pesca.

PERSONAJES
Nigel Haygood es el gobernador en representación de la reina Elizabeth II. El hombre suele andar en bicicleta -siempre con casco, que es regla básica en las calles- y además no se intimida si tiene que tomar una cerveza en público. Es simpático y su población lo respeta. En jerarquía le sigue Tim Thorogood, el jefe ejecutivo. Ambos dependen de la Asamblea Legislativa compuesta por 8 miembros, incluido el bilingüe Dick Sawle, quien al hablar de soberanía sostiene que “no se puede discutir la historia”.
“Para mí está bastante clara. Pero como digo siempre, tu entiendes mi posición y yo entiendo tu posición, amigo”, dice mientras palmea el hombro de su interlocutor.
En total hay 3.142 habitantes, de los cuales sólo 30 son argentinos. Hay 300 chilenos, en tanto la segunda minoría proviene de Santa Elena, una isla británica. En Malvinas hay 15 policías y sólo 4 presos, todos encerrados por delitos de índole sexual. Según explicaron fuentes oficiales, uno de los detenidos tiene más de 70 años y cumple una condena por una violación cometida hace 20 años contra su hija. Los otros en cambio están presos por delitos calificados como abuso. Sin embargo, algunas versiones indican que se trata de jóvenes que salieron con menores de 16 años, lo cual está prohibido en las islas sin importar que el muchacho tenga solo dos años más, algo impensado en Argentina.
La ley es rigurosa en Malvinas. Tal es así que se emiten multas por arrojar latas en la vía pública. Además, a los periodistas que llegan al lugar el gobierno les entrega una carta donde les menciona que no se puede fotografiar a la gente sin permiso; que está prohibido ingresar a hospitales y escuelas sin autorización, y que tampoco se puede hablar con niños ni tomarles fotografías sin autorización de sus padres.
Las comunicaciones también generan dificultades a los visitantes. Para poder ingresar a internet los turistas deben tener Wifi Hotspots, una especie de internet inalámbrico que funciona con tarjetas de 5 y 10 pounds (34,65 y 69,30 pesos), que duran 50 y 100 minutos. Además, cada minuto de llamada larga distancia cuesta 1 pound (6,93 pesos). Estas tarjetas se pueden comprar en hoteles y en el supermercado y como no notifican el tiempo es recomendable controlar el horario de ingreso a la web. Una complicación difícil de superar para quienes viven en ciudades grandes, donde incluso en algunos lugares hoy se están implementando redes libres de wi fi.

UNA VIDA DIFERENTE
Para ingresar a Malvinas los turistas deben hacerlo con un seguro de vida con cobertura superior a los 80 mil dólares, lo que permite realizar una evacuación de urgencia del lugar vía aérea. Sin embargo, el sistema de salud es de excelencia para quienes viven en Puerto Argentino.
Sonia, una inmigrante chilena que hace 10 años reside en las islas, explicó a este periodista que el gobierno cubre todos los gastos ante una enfermedad y una eventual derivación a Santiago, Montevideo o Londres. Lo negativo es que el único hospital no cuenta con médicos especialistas, los cuales llegan a las islas sólo tres veces al año.
La diversión también tiene lugar en el archipiélago. Desde temprano los pobladores se acercan al bar. En Globe Tavern, Don Bonner, un anciano de 84 años, cada tarde a las 19 llega a sentarse en la silla que lleva su nombre. El fue el mayordomo y chofer de Rex Hunt, gobernador de las islas durante 1982. Según cuenta la historia oficializada por libros, en la madrugada en que Argentina recuperó la soberanía el hombre tomó la escopeta de Hunt con la promesa de pegarle un disparo en la cabeza al primer “argie” que intentara arriar su bandera.
En estos sitios la música inglesa se fusiona con la cerveza importada. Desde temprano los visitantes comienzan a tomar, quedando en algunos casos ebrios ya sobre las 21. El alcohol forma parte de la cultura, pero la fiesta se termina temprano: cerca de la medianoche todos los locales cierran sus puertas y los jóvenes isleños continúan la fiesta en las viviendas de quienes deciden darle ritmo a la noche.
La vida en Malvinas es diferente en muchos otros aspectos. En estas tierras se extraña todo. Desde el español en las personas y la música, hasta los mates que no forman parte del consumo cotidiano. La argentinidad está ausente, aunque las razones históricas tienen más peso que esta actualidad tan irremediablemente fría que nos toca vivir hoy a quienes caminamos Puerto Argentino 30 años después de aquella guerra que reavivó un sentimiento que perdurará a lo largo de las generaciones.

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