Los salarios siguen corriendo detrás de la inflación

Con una inflación acumulada superior al 9% en el primer trimestre, los acuerdos salariales muestran una marcada heterogeneidad, pero con un denominador común: la mayoría de los aumentos corre por detrás o apenas empata la suba de precios.

Los salarios en la primera parte del año continúan rezagados y, pese a los incrementos mensuales —que en muchos casos se ubican muy por debajo de la inflación, entre el 1% y el 3%—, los mecanismos de compensación, como los bonos, solo aportan un alivio parcial.

Bajo este escenario, hay dos factores centrales a considerar. Por un lado, la desindexación salarial: muchos gremios negocian sobre bases iniciales muy bajas y tarde, lo que limita el impacto real de las recomposiciones. Por otro, vale mencionar que los sectores más golpeados por el rezago de la actividad económica marcan el pulso de los salarios más deprimidos del sector privado —como construcción, comercio y estatales—. Incluso gremios que históricamente lideraban las negociaciones, como Camioneros o encargados de edificios, hoy corren por detrás, reflejando una pérdida real del poder adquisitivo que atraviesa tanto al empleo privado como al público, aunque con distinta intensidad.

En esa línea un informe reciente de la Fundación Mediterránea advierte que “en el sector privado, las negociaciones paritarias operaron como un techo, cerrando en su mayoría por debajo de la inflación durante los últimos meses”. Según el estudio, los ingresos aún se ubican en niveles de octubre de 2023, previos al shock inflacionario. “En febrero de 2026, la masa de ingresos total se ubicó un 4% por debajo de aquel mes, aunque con disparidad entre componentes”, señalaron.

Además, destacaron un cambio en la composición: perdieron peso los ingresos del empleo formal y crecieron los más inestables, especialmente el cuentapropismo y la informalidad. Si bien la desaceleración de la inflación permitió cierta recuperación, esta se dio sobre una base “débil y heterogénea”. El desafío de fondo, concluyen, pasa por recomponer ingresos con eje en el empleo formal, no solo para mejorar el nivel salarial, sino también su calidad y sostenibilidad en el tiempo.

A si vez, un relevamiento de la Universidad de San Andrés (UDESA) refleja el creciente malestar social: en abril, los bajos salarios se ubicaron entre las tres principales preocupaciones de la población, una inquietud que se intensificó desde diciembre de 2025.