Los Veteranos recuerdan el “bautismo de fuego” como el día que se inició la guerra

El 1 de mayo de 1982, durante la Guerra de Malvinas, la Fuerza Aérea Argentina tuvo su bautismo de fuego. “Es una fecha muy cara a los sentimientos, nadie estaba preparado para ese día realmente; ni nosotros, ni el Ejército, ni Marina, ni nadie”, señaló Celerino González, integrante de la fuerza.

Mañana se cumplirán 33 años del “bautismo de fuego” de la Fuerza Aérea. Pasaron más de tres décadas y, sin embargo, el momento aún está latente en la retina y en la piel de quienes lo vivieron de cerca, en especial de quienes integraban esa fuerza.

Mañana a las 12, en los hangares de la IX Brigada Aérea de Comodoro Rivadavia, habrá un acto para recordar el momento y homenajear a los caídos, entre ellos al soldado Héctor Bordón, que fue el primer soldado que perdió la Fuerza Aérea.

Allí estarán presentes las autoridades militares, también el intendente Néstor Di Pierro y por supuesto los integrantes del Centro de Veteranos de Guerra y la Unión de Ex Combatientes. Entre ellos Roberto Barrientos, Celedino González, Luis Agüero y Mario Gianelli, quienes vivieron de cerca este hecho histórico y marcó a quienes combatieron en Malvinas, ya que significó “el inicio de la guerra”.

“Es una fecha muy cara a los sentimientos, nadie estaba preparado para ese día realmente: ni nosotros, ni el Ejército, ni Marina, ni nadie. Si bien es el bautismo de la Fuerza Aérea que nunca había entrado en guerra, es muy caro a los sentimientos de quienes estábamos en Malvinas”, explicó González, quien prestó servicios en la zona de rancho apostada a metros del aeropuerto de las Islas Malvinas, donde se ubicó la unidad comando de la fuerza, del grupo de operaciones especiales.

RECUERDOS EN ALERTA ROJA

El “bautismo de fuego” se produjo el 1 de mayo a las 4 de la madrugada, en un clima de alerta roja que amenazaba desde hacía días y dejó huellas imborrables en cada uno de los protagonistas.

Según Barrientos, los alertas divididos por colores (roja, ataque aéreo; gris, ataque naval; amarillo, ataque helicóptero; negra, ataque anfibio) se extendieron durante todo abril, y el 30 les habían avisado de un posible ataque por lo que dejaron las posiciones cercanas a la pista del aeropuerto y se trasladaron a una zona de cantera, ubicada a unos 600 metros. “Estábamos en las nuevas posiciones cuando recibimos el ataque. Me acuerdo que había mucha neblina, no se venía nada, porque mis compañeros que habían quedado de guardia donde estaban las posiciones vinieron al lugar donde estábamos nosotros para poder resguardarse”, recordó el integrante del Grupo de Operaciones Especiales de Fuerza Aérea.

González, por su parte, ratificó los alertas previos, incluso uno que hubo a las 22 del 30 de abril y que puso en vilo a todos. “Esa noche fue salir y venir, nosotros éramos tres. Yo había mandado a dormir a uno para que hagamos el desayuno y cuando terminamos de limpiar y voy a despertar al otro veo a un primer teniente que sale desesperado. Alcanzamos a llegar a la torre de control y cayó la primera bomba en la carpa de cocina. Ahí se armó el despelote”, agregó.

Esa noche, pese a todo, la fortuna estuvo del lado argentino, ya que en ese sector una bomba cayó y se clavó en la tierra, pero no explotó lo que hubiera significado una masacre.

Muy diferentes fueron las experiencias de Agüero y Gianelli, ya que uno supo del “bautismo de fuego” en la Isla Soledad y el otro en el continente, mientras rastreaba la costa ante un posible ataque enemigo.

Según recuerda Agüero, integrante del Regimiento 8 de Kilometro 11, ellos fueron notificados del bautismo por equipos de radios, ya que sólo se comunicaban con Puerto Argentino por vía aérea o equipos.

“Nos enteramos por los alertas, pero para nosotros el ataque aéreo fue a las 10 de la mañana, a baja altura, con municiones y bombas. Fue un ataque masivo, pero ya estábamos en alerta, esperando”, señaló.

Mientras que a Gianelli el inicio del ataque lo obligó a aterrizar en el Aeroclub de Comodoro Rivadavia. “Estábamos en la tercera salida buscando la flota con diferentes aviones. Yo iba en un helicóptero y cuando se produce el ataque sonó el alarma en Comodoro, y nosotros que estábamos en aire no podíamos aterrizar porque teníamos un indicativo para hacerlo, pero estaba toda la artillería antiaérea alrededor del aeropuerto”, recordó. “Por eso nos fuimos al Aeroclub, teníamos que tener despejada la pista porque preveían que a lo mejor el ataque vendría acá también”.

El ataque nunca se extendió al continente y hoy, más allá de las perspectivas y diferentes sensaciones, todos recordarán el “bautismo de fuego” en honor a quienes dejaron su vida en las islas, y en reconocimiento a la Fuerza Aérea por su incansable labor. 

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