“Los volcanes argentinos son antiguos e inactivos”
La reciente actividad volcánica en Chile hizo reaparecer el fantasma del Hudson que el 8 de agosto de 1991 entró en erupción y permaneció en actividad hasta el 29 de diciembre de ese año.

Sin embargo, y para tranquilidad de los habitantes patagónicos “en esta zona no hay peligro de actividad volcánica precisamente porque está alejada del arco volcánico”, manifestó el geólogo Marcelo Márquez, docente de la cátedra de Mineralogía de la Facultad de Ciencia s Naturales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
El docente universitario aclaró que en nuestro país los volcanes son “viejos e inactivos”. Por esta razón hay pocas instituciones dedicadas a la vulcanología. Márquez mencionó tres centros de estudio, uno se encuentra en Mendoza, otro en Salta y un tercer grupo, que trabaja en Neuquén, está analizando el comportamiento del volcán Copahue.
El investigador afirmó asimismo que “desde Jujuy hasta Ushuaia no existen volcanes en actividad en territorio argentino, a excepción de los compartidos con el país vecino, que son hitos geográficos”.
En Chile hay más de 200 volcanes activos, contabilizando los limítrofes y los del interior del país. La zona de mayor actividad está localizada al norte del paralelo 42, a la altura de El Bolsón en Argentina y coincide con la zona de Puerto Montt, El Frutillar, Villa Rica y Pucón, en Chile.

SINTOMAS DE ACTIVIDAD VOLCANICA
Un volcán activo es aquel que tiene un registro de erupciones volcánicas recientes o síntomas de que puede entrar en actividad en cualquier momento.
La actividad suele evidenciarse a través de los escapes de vapores volcánicos o por el contacto del agua meteórica con las rocas magmáticas calientes o con el magma (más de 1.000ºC de temperatura).
Un síntoma de que existe actividad volcánica son los microsismos. Los volcanes se monitorean con sensores que detectan cuando el magma asciende, entre las rocas de la corteza terrestre, lo que genera microsismos. El grado y la magnitud de esos síntomas permite hacer la prevención de la actividad volcánica.
Los vapores de la erupción volcánica pueden constituir un peligro ya que dejan escapar dióxido de azufre y flúor, que al ser incorporados por las plantas luego afectan la salud de los animales que las consumen. Cabe recordar que el exceso de flúor en los huesos hace que los mismos vuelvan rígidos y quebradizos.
Sin embargo “son escasos los registros de muerte o enfermedades provocados por vapores volcánicos, que como son más livianos que el aire suben rápidamente a las capas altas de la atmósfera”, comentó.
En el caso particular del Hudson, el docente universitario explicó que “a 16 años de la erupción no existen registros que el volcán haya ocasionado el deceso de alguna persona. Sí produjo la muerte de animales debido a que la ceniza volcánica es muy porosa y de gran absorción. Por esta razón muchas ovejas quedaron empantanadas al acercarse a beber agua y murieron por falta de alimento o por haber ingerido cenizas que les obstruyó los intestinos”.
No obstante, aseguró que la ceniza volcánica es el magma que estalla al salir del volcán y se fragmenta en finas partículas y “no es más riesgosa para la salud que las partículas de tierra en suspensión que arrastra el viento con frecuencia”.
En caso de una erupción o de ceniza transportada por el viento, “lo aconsejable es protegerse en las viviendas hasta que calme el temporal de viento y luego continuar con la vida cotidiana” concluyó el geólogo Márquez.