Manoseó a una tripulante y lo procesaron por abuso sexual

Sucedió en el aeropuerto de Río Gallegos cuando el avión estaba a punto de despegar. El hombre metió su mano por debajo de la pollera de la mujer y se burló de ella. Un juez federal lo procesó.

Cuando “Laura” (nombre de fantasía, ya que el real se preserva), una tripulante de a bordo de Aerolíneas Argentinas, se acercó a la última fila para sacar los elementos que necesitaba para hacer la demostración de emergencia, sintió un cosquilleo en la pierna. Bajó la vista y la mano de uno de los pasajeros estaba por debajo de su pollera. Aturdida, se movió del lugar y escuchó cómo su agresor y los acompañantes se reían. “Shhh”, el chistido para que se callara, remató la escena.

El hecho ocurrió en diciembre del año pasado, minutos antes del despegue de un vuelo de Aerolíneas Argentinas que estaba a punto de despegar desde el Aeropuerto Internacional Piloto Civil Norberto Fernández, en Río Gallegos (Santa Cruz) hacia el Aeroparque Metropolitano.

Para cuando se supo lo que había sucedido, el avión ya estaba en vuelo y el agresor, identificado como K.S., simuló dormir todo el viaje.

Lo que ocurrió no fue otra cosa que un abuso sexual, por lo que la denuncia se presentó y el caso fue investigado por el Juzgado Federal de la capital santacruceña, a cargo de Claudio Marcelo Vázquez, informó el diario La Opinión Austral. En su descargo, K.S. dijo que en ningún momento tocó a la azafata, que nunca lo haría porque tiene “sobrinas, prima y mamá”.

Sin embargo, el juez entendió que existen motivos suficientes como para dar por cierto el hecho, en base a la declaración de “Laura”, pero también al testimonio del primer comisario de a bordo y otros integrantes de la tripulación, a quienes ella les relató lo sucedido en estado de shock.

“Estaba muy afectada por la situación, muy consternada y le costó mucho contar lo que le sucedió. Cuando fue a hacer la denuncia, nosotros aguardamos afuera y una mujer policía me mostró dos fotos de pasajeros para identificar cuál había sido el agresor y en la foto el agresor se estaba riendo, como que no le importaba la situación”, dijo una de las compañeras de “Laura”. Los testigos aseguraron que el agresor y sus dos compañeros eran jóvenes y que hablaban otro idioma.

Para el juez Vázquez, que el agresor se burlara de “Laura” luego de lo que pasó denota “desprecio por el género femenino, toda vez que además trató de silenciarla en el momento de chistarla, tratando de evitar que comentara su accionar”.

Más adelante en el procesamiento por abuso sexual simple, en calidad de autor, donde además le impone un embargo por un millón de pesos, el juez manifestó: “No puedo dejar de referirme al componente género y a la violencia hacia las mujeres que históricamente se ha desarrollado en el mundo. Este tipo de conductas eran soportadas por las mujeres a menudo. A quienes osaban contar las penurias a las que eran sometidas, se las incluía en estereotipos de mujer vengativa, fabuladora, mentirosa o espamentosa. Se las condenaba a tolerar estas conductas invasivas en su cuerpo, en su vida y en su desarrollo físico y mental”.

Asimismo, el fallo se apoya no sólo en el derecho internacional de los Derechos Humanos y la obligación de las autoridades judiciales a investigar este tipo de delitos, la ley para erradicar y sancionar las violencias contra las mujeres o los preceptos de la Corte Interamericana, sino también porque “la irrupción de corrientes feministas que bregan por el derecho de las mujeres a desarrollarse libremente ha dado un vuelco en la organización social, cultural y en el marco propio de las organizaciones y organismos, tanto públicos como privados”.

De no haberse aplicado una mirada violeta o perspectiva de género en la investigación, muy probablemente el expediente no hubiese avanzado, ya que todo se hubiese reducido a la palabra de la azafata contra la del agresor, ya que sólo ella vio lo que sucedió. El resto de la tripulación trasladó al juzgado su versión del estado de conmoción en el que quedó “Laura”.

De ahí que el juez cierra sus argumentos diciendo que “frente a prácticas que perpetúan la impunidad y agravan la violencia estructural contra las mujeres, las resoluciones en las que se investiga y analiza con perspectiva de género (con el debido contraste entre la denuncia y los restantes elementos de prueba, para garantizar el debido proceso legal) son formas de enviar un mensaje a la sociedad y a las instituciones que este tipo de conducta ya no se tolera”.

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