Marcelo Otero disfrutó el placer de armar su auto y ser campeón

Se le había negado el año pasado y no quería volver a tener el “2” en los laterales de la Dodge. Llegó a la última fecha con chances de consagrarse, pero recién lo consiguió en los metros finales, cuando se quedó sin nada Sergio Larreguy.

Era “el” año para ir en busca del título en el TC Austral y lo consiguió con mucho trabajo y sacrificio. Alegría y lágrimas sobraron en la definición de campeonato en el autódromo General San Martín, con una definición que pocos se olvidarán.

El 2013 lo había tenido como protagonista, pero no pudo quedarse con el título que en esa temporada quedó en manos de Javier Morales con una Chevy. El 2014 lo encontró más motivado, y Marcelo Otero pasó horas, y días enteros en el taller para poner en pista una Dodge competitiva e ir en busca del título, en una categoría que tuvo más de 30 pilotos rankeados.

Nadie mejor que él para armar y desarmar el motor Chevrolet de su Dodge, y por eso disfruta de ese doble rol. Muchos arman su auto para correr en el automovilismo provincial, pero lograr un campeonato de esa forma es un mérito y un orgullo muy grande que pocos se pueden dar.

“Siempre lo preparamos nosotros. No es solo mío el sacrificio, porque mi hermano, mi familia y los amigos me dan una mano tremenda. ‘Migue’ siempre está al pie del cañón para que no falte nada al salir a pista”, acota Marcelo Otero, flamante campeón del TC Austral.

En sus inicios, allá por 1999, armó una Chevy con su hermano Luis, y luego construyó la Dodge con la que tuvo varias alegrías. El año pasado no sólo se impuso como local, sino que también ganó en Trelew, durante la 3ª fecha, pero le bajaron el pulgar en la técnica.

Volvió los 400 kilómetros acompañado de su familia y, sin descansar, comenzó a trabajar de nuevo en su máquina. Sabía que su auto estaba para ganar con el reglamento en la mano, y no se equivocó.

En la cuarta ganó con autoridad en el autódromo General San Martín, aunque la espina de Trelew todavía estaba clavada. Esperó su momento y fue al “Mar y Valle” a sacársela. Y subió al escalón más alto del podio para meterse de lleno en la lucha por el campeonato.

“Lo que pasó en Trelew lo aceptamos y trabajamos para dejar en claro que el auto podía ganar acá o allá. Trabajamos en silencio y ganamos de nuevo en los dos circuitos”, acotó.

DOS VECES DOS

Para un piloto que busca ganar y ser campeón, no es sencillo quedarse a un paso de la gloria. Marcelo Otero tiene 37 años y en dos oportunidades pintó el “2” en sus laterales y en un año finalizó tercero.

El 2014 fue su mejor año en el automovilismo, y todo sobre la base de esfuerzo propio y a pulmón. Con el respaldo de su familia y de algunos sponsors, dejó en claro que se puede ser campeón y dar pelea de igual a igual con otras estructuras, con motoristas que se dedican exclusivamente a la preparación.

Marcelo Otero llegó a la última del año con chances de ser campeón, pero no dependía de él mismo porque todo dependía de Sergio Larreguy, que era el líder y con un quinto lugar se llevaría el título del TC Austral, pero las carreras hay que correrlas.

“Nosotros fuimos a todo o nada. Luego de Trelew donde ganamos, sabíamos que las chances matemáticas estaban, pero no dependía de nosotros. La definición fue algo terrible, impensado, pero salió a nuestro favor y fue una alegría tremenda para todos los ‘locos’ que me acompañaron siempre”, afirmó el gran campeón de Kilómetro 8.

Fuente: Carlos Alvarez

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