El 12 de enero de 2017 las autoridades de inmigración estadounidenses eliminaron automáticamente los permisos especiales de entrada a los cubanos que llegaban a la frontera o lograban desembarcar en territorio estadounidense después de atravesar el mar.
Pese a la eliminación de esa medida, vigente desde 1995, cientos de inmigrantes cubanos continuaron llegando al territorio norteamericano y actualmente la mayoría de ellos se enfrentan a una posible deportación.
En 2017 aumentó significativamente el número de cubanos con órdenes finales de deportación, producto de la eliminación de la política “pies secos, pies mojados”.
Al tener en cuenta las cifras oficiales, hasta el pasado 9 de diciembre, un total de 37.218 se encuentran en esta situación, consignó la agencia de noticias ANSA.
Al anular esta medida, los cubanos indocumentados perdieron automáticamente el tratamiento de refugiados políticos y su única salida fue solicitar asilo, opción que los lleva directamente a un centro de detención para inmigrantes.
Las posibilidades de obtener asilo son nulas, lo que llevó a los inmigrantes a engrosar la lista de los llamados “deportados”, aseguraron analistas.
Ante esta situación, el gobierno cubano se comprometió a recibir a aquellos que llegaron después del 12 de enero, y analizará que hacer con los inmigrantes que estaban definidos previo a esa fecha.
Según cifras oficiales, Estados Unidos deportó a 160 cubanos en lo que va de 2017.
Washington considera a Cuba una nación que se niega a aceptar a sus nacionales de vuelta y pidió más colaboración en el diálogo migratorio.
El Departamento de Estado norteamericano indicó que la nueva política ha reducido en un 64% la inmigración irregular de cubanos que llegan a Estados Unidos.
