Mató a su amante para que no revelara su sexualidad

El crimen ocurrió en Moreno en 2019 y este viernes empieza el juicio al repositor que tenía relaciones con el empleado del hipermercado (foto).

Iván Díaz (30) y Fernando “Pica” Ambrosio (33) eran amantes. Se conocieron en 2016 trabajando en un hipermercado de Mataderos y comenzaron una relación. Durante casi dos años tuvieron que esconderse de sus familias. Mientras duró, fue un romance intrépido, con escenas de sexo durante las jornadas laborales. Luego, en 2019, Fernando decidió dejar a Iván, que no lo soportó y comenzó a, supuestamente, amenazarlo con revelar su homosexualidad.

El cuerpo de Iván fue encontrado el 20 de septiembre de 2019 en un bañado del río Reconquista. Los investigadores no pudieron identificarlo fácilmente. Lo que el asesino había dejado para reconocer fue grotesco: el cadáver tenía seis puñaladas, múltiples golpes en el cuerpo, le faltaban los ojos y tenía cortes con un bisturí en brazos, pierna y abdomen. El homicida, además, le había extraído un tramo de los intestinos.

Este viernes, el crimen comenzará a ser debatido en un juicio oral en los tribunales de Morón. Hay dos acusados. El principal es Fernando. La Justicia cree que fue quien ideó y ejecutó el crimen, por miedo a ser expuesto por su condición sexual. El otro imputado es un changarín que lo habría ayudado.

En el documento de la elevación a juicio, que consta de 56 páginas y al que Infobae tuvo acceso, el fiscal Federico Soñora hace una precisa y detallada reconstrucción detallada de cómo se habría gestado el crimen, los motivos y la ejecución.

UNA COMPAÑERA DE AMBOS DIO DETALLES

Los primeros en declarar frente a la Justicia fueron los familiares de Díaz. Todos coincidieron en señalar a un hombre “corpulento y de tez oscura” que había tenido, tiempo atrás, una relación con Iván y que eso había terminado de mala manera. “Una vez vino el hombre con su mujer a decir que Iván no lo moleste más”, dijeron en las testimoniales. Sin embargo, no supieron identificar con nombre y apellido a la persona.

Esa identificación llegó horas más tarde con otro testimonio clave. Una mujer llamada E.G.B, fue citada a declarar por ser compañera de Iván en el hipermercado. La mujer confirmó la relación entre ambos, aportó nombres y dio detalles.

“Sabíamos que él tenía relación con un repositorio externo llamado Fernando Ambrosio, alias “Pica”. También dijo que había tenido problemas con él. Por esa situación, a Iván lo habían cambiado a la sucursal de Villa Tesei. Cuando trasladan a alguien, nuestro supervisor nos suele contar los motivos. En esta oportunidad nos dijo que lo habían encontrado teniendo sexo con ese repositor en el lugar de trabajo. La realidad es que a Iván lo molestaban y hostigaban mucho por su supuesta condición sexual. Tanto Ambrosio como un supervisor”, dice un tramo de su testimonio.

Con la declaración de la empleada y de la familia de Iván, el fiscal Soñora puso la mira en Ambrosio y lo fue a buscar a su casa de Merlo. No se equivocaba en su sospecha.

En cuestión de horas, la Policía Bonaerense ingresó al domicilio del sospechoso. Si bien no encontraron elementos de interés, ni manchas de sangre, hubo alguien que durante el procedimiento escuchó y luego habló.

El testigo del procedimiento, elegido al azar en la calle para que diera fe del acto, declaró en el expediente que Fernando Ambrosio habló espontáneamente delante de él. “Me mencionó que conocía a la víctima. También dijo que el jueves pasado (por el día del asesinato) se encontró con él. Dijo que ese día lo pasó a buscar por Merlo y fueron juntos hasta el río Reconquista. También aclaró que estuvieron un rato hasta que dejó a Iván cerca del arroyo y se fue”, dijo.

EL ARREPENTIDO

Este testimonio fue clave porque el propio acusado se situó en el lugar donde luego apareció el cadáver: “Evidentemente en ese momento tuvo miedo de que alguna cámara de seguridad lo haya captado, entonces confesó que estuvo en ese lugar con la víctima aunque aclarando, sin que nadie le preguntase, que luego se habían ido del lugar como si nada”, contó un investigador.

Ambrosio no quedó detenido en ese momento porque las pruebas de Luminol realizadas en la casa y en el auto para hallar manchas de sangre dieron negativo. Sin embargo, un equipo de la Bonaerense quedó encomendado a vigilarlo de manera encubierta.

En paralelo a esto, la Seccional 7° de Moreno logró un hallazgo que llevó a un giro en el expediente: un arrepentido.

Por trabajos de inteligencia, recolectaron información que indicaba que el acusado Ambrosio, días anteriores y posteriores al crimen, había estado con un changarían llamado Jonathan Gaitán, alias “Mosquito”.

Lo fueron a buscar y lo encontraron en su casa. Al verse rodeado de policías dijo que tenía información y que la iba a contar. “Yo estaba trabajando en la casa de Ambrosio y él me ofreció $3.000 para que lo ayude a asustar a alguien. Le dije que sí y me pidió que me esconda en el baúl de su auto. Pasamos a buscar a este chico por el centro de Merlo y fuimos hasta el dique Roggero. Yo estaba en el baúl pero estaba abierto e iba viendo lo que pasaba. Cuando estábamos ahí, Ambrosio se bajó con el chico y empezaron a discutir. Se escucharon gritos y golpes. En ese momento me dice que salga y que lo ayude a meter el cuerpo en el baúl. Lo hicimos y recorrimos unos 300 metros hasta que descartamos el cadáver”, contó el changarían que, inmediatamente, quedó detenido.

También fue apresado Ambrosio que, según la información policial, al momento de la detención estaba planeando una posible fuga al interior del país.

Ya con los dos acusados detenidos, se incorporó al expediente el testimonio que terminó de cerrar la investigación. La que habló fue Teresa, la esposa de Fernando Ambrosio. A partir de sus palabras, el círculo se cerró y los investigadores encontraron el porqué del crimen.

“A finales de 2016 se comunicó conmigo un chico llamado Iván para decirme que estaba de novio con mi marido. Le pregunté a Fernando y me dijo que nada que ver. Yo le creí. Pero al tiempo esta misma persona me manda a mi celular fotos de mi marido sin ropa que, evidentemente, él le había mandado. Nos separamos por unos días y luego nos reconciliamos. Le pedí que me dijera la verdad de Iván pero me lo siguió negando. Sólo me confesó que se había confundido, que se pasó algunas fotos y no mucho más que eso. Cambiamos los celulares y nos olvidamos”, contó la esposa del acusado.

La mujer siguió con su relato y explicó que, más de un año después, Iván la habría contactado nuevamente por Facebook: “me mandó fotos y videos sexuales en donde se veía a mi marido con otro hombre. También me mandaba mensajes agresivos diciéndome ´gorda cornuda, Fernando te va a dejar, Fernando no te quiere´. Por día se armaba, fácil, tres o cuatro cuentas. Ahí lo denunciamos”.

Efectivamente, la fiscalía corroboró que el 17 de abril de 2019, cinco meses antes del crimen, Ambrosio denuncio a Iván Díaz por hostigamiento y por supuestas amenazas de muerte, un expediente que nunca prosperó.

Con todo estos datos sobre el escritorio, el fiscal Soñora junto al secretario de la fiscalía David Salvatierra, determinaron cómo sucedieron los hechos y plasmaron su hipótesis: “Ambrosio, aprovechó la confianza y el amor que Iván Díaz tenía con él para llevarlo engañado al Dique Roggero de Moreno donde, junto al changarían Gaitán, aprovecharon su estado de indefensión con claros fines homicidas y de hacerlo sufrir, lo golpearon y apuñalaron salvajemente en reiteradas ocasiones”

El fiscal detalló también las lesiones que presentaba el cadáver: “fracturas y hundimiento craneales, fractura de maxilar superior, fractura de base de cráneo, cuatro lesiones punzo cortantes a nivel cervical derecho, lesión punzo cortante a nivel pectoral izquierdo, lesión cortante a nivel cervical anterior y extracción de globos oculares”. Además, antes de descartar el cuerpo, según la acusación, le cercenaron “parte del cuero cabelludo y los intestinos”.

A casi tres años del horrendo crimen, el expediente será debatido en un juicio oral desde este viernes. La familia de la víctima llegará a la sala con dudas y con desconfianza: “Tenemos miedo de que los puedan liberar. Además hay muchas cosas que no concordamos con lo que se dice en la investigación porque sabemos cómo era mi hermano. Era una persona tranquila e introvertida. Era muy tímido. Además él estaba siendo hostigado en el trabajo por el asesino y por un supervisor. No creemos nada de la relación ni lo de las amenazas ni nada. Creemos que todos estos años lo tuvo amenazado porque Iván se ponía muy nervioso y tenso cuando lo veían”.

Tanto Fernando “Pica” Ambrosio como Jonathan “Mosquito” Gaitán, están acusados de homicidio agravado por ensañamiento y alevosía. Para el primero de ellos se le suma, además, el agravante de la relación de pareja. En los dos casos la posible pena es de prisión perpetua.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico