Moyano, ante la generosidad oficial

Buenos Aires (C)
Las exageraciones y la «generosidad» oficial con Hugo Moyano se deben a que el gobierno necesita del titular de la CGT para encauzar la trabada negociación salarial.
El Gobierno no sólo exageró ayer el efecto sobre el salario de bolsillo que tendrá el aumento del mínimo no imponible, sino que además lo presentó casi como un logro de Hugo Moyano. «Se está atendiendo un reclamo que el secretario general de la CGT nos ha transmitido insistentemente y nos pareció razonable», dijo la ministro de Economía, Felisa Miceli, quien afirmó que la medida mejora «sensiblemente los ingresos de muchos trabajadores en la Argentina» y representa un aumento de entre 25 y 30%, dependiendo del estado civil del beneficiado.
Ni lerdo, ni perezoso, Moyano agregó que «el Gobierno, una vez más, ha cedido al reclamo que se viene haciendo desde la CGT» y devolvió gentilezas al elogiar «la política del Gobierno nacional de ir recuperando paulatinamente el poder adquisitivo de los salarios».
Tanta «generosidad» de un gobierno que presume de actuar siempre de motu proprio y no ser presionable bajo ninguna circunstancia se debe a que necesita darle a Moyano algunas fichas que fortalezcan su poder disciplinador en una negociación salarial que viene muy dura. El año pasado, el 19% de aumento de los camioneros (el gremio de proveniencia del titular de la CGT) sirvió como «techo» para los demás sectores. Este año se pensó que el convenio metalúrgico sería el «caso testigo», pero las discusiones se han complicado. En vez de acercarse a las ofertas empresariales, los sindicatos fueron subiendo la apuesta.
Según el economista laboralista Ernesto Kritz, tres factores empujaron ese fenómeno: las declaraciones del propio presidente Kirchner, de que el gobierno no buscaba imponer ningún «techo» en las negociaciones, el creciente descrédito de los índices oficiales de inflación, y la clásica competencia entre sindicatos a ver cuál consigue un mejor porcentaje.
El gobierno logró uno de sus objetivos tácticos, demorar las negociaciones, de modo de hacer más improbable que en convenios con cláusulas gatillo las eventuales renegociaciones ocurran antes de las elecciones de octubre. Pero ese logro puede volverse un boomerang en un clima en el que ya nadie toma en serio los índices oficiales y las demandas complican cada vez más las metas de inflación (más allá de cómo se mida ésta) en un año electoral.
Precisamente ayer, el diputado Héctor Recalde salió al cruce de un informe de la Unión Industrial Argentina (UIA) que advierte sobre los límites empresariales para hacer frente a las demandas salariales. El ex asesor legal de la CGT criticó la «reticencia» patronal a discutir una mejor distribución del ingreso. «Es cierto que (el salario) creció en 2005 y 2006, pero aún así sigue estando un 26% por debajo de diciembre de 2001», dijo Recalde. «Lo ideal sería negociar por un año -agregó- «pero como hay mucha reticencia a distribuir se buscan algunas variables».

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