Murió Alberto Laiseca, conocido como escritor por su "realismo delirante"

El escritor Alberto Laiseca, una de las voces más originales de la literatura argentina, falleció ayer a los 75 años en la ciudad de Buenos Aires, fue autor de más de 20 libros -entre los que se destaca la mítica novela "Los Sorias"-, tallerista de larga trayectoria y creador de un género literario conocido como "realismo delirante", con el que generó una importante influencia generaciones de escritores.
Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941 y pasó su infancia en Camilo Aldao, un pueblo ubicado entre las provincias de Córdoba y Santa Fe que lo declaró Ciudadano Ilustre en 2010.
Ese lugar lo marcó profundamente por dos hechos fundamentales: fue la zona donde comenzó a imaginar historias y donde experimentó una tormentosa relación con su padre. "La cabeza de mi padre", uno de sus relatos de terror, da cuenta de esa experiencia.
Menospreciado por su padre y abandonado a su suerte, Laiseca viajó a Buenos Aires y tuvo que rebuscárselas para sobrevivir: fue cosechero, empleado telefónico, corrector de pruebas de galera, durmió en la calle, pasó hambre, vivió en muchas pensiones, pero nunca dejó de escribir.
Gracias a su voluntad desmedida y su imaginación desbordada, fue creando con el tiempo un estilo tan extraño como personal: el llamado "realismo delirante", un género literario personal que trabaja con la realidad a partir de la exageración y donde las cosas cambian su dimensión para ser miradas, pensadas y narradas desde una nueva concepción espacio-temporal.
Una de las obras que mejor representa ese género es "Los Sorias" -considerada por Ricardo Piglia como "la mejor novela que se ha escrito en la Argentina desde 'Los siete locos'"-, donde Laiseca narra la historia de una civilización durante el reinado mundial de tres dictaduras: Soria, Unión Soviética y Tecnocracia. Esta monumental obra de más de 1.300 páginas -la más extensa de la literatura argentina- le llevó diez años de escritura y otros quince para poder publicarla.
El "Conde Lai", como le llamaban sus conocidos, configuró una obra fuera de serie atravesada por todos los elementos que lo fascinaban: la literatura de terror, los fantasmas, el esoterismo, la guerra, todas las formas del poder, el humor implacable y, ante todo, el delirio que vive en el fondo de cosas aparentemente normales. Su obra, como su vida, fue única

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