Ni flores, ni bombones

Entre el consumismo y la cristalización de una imagen patriarcal de la mujer estas reflexiones recorren posibles interpretaciones del 8 de marzo.

El Día de la Mujer llamó a reflexionar a trabajadoras argentinas de la cultura sobre los sentidos de una fecha en que la concientización de sus derechos y realidades es absorbida por los discursos del consumo y el patriarcado.
Su celebración “empodera al género asumiendo una inequidad -arranca la escritora María Teresa Andruetto-, porque aunque sea de modo obligado muchas personas son llevadas a pensar en el lugar de la mujer y en sus derechos, un terreno donde queda mucho por conquistar. Necesitamos leyes nuevas y dar vida a las que ya existen”.
Andruetto piensa en la recuperación de zonas generadas por y para mujeres, “construcciones culturales pacíficas que quedan en el plano privado y aunque conforman uno de los pilares de la sociedad no son tenidos en cuenta por el discurso masculino -exitista, violento y empoderado- que narra la historia de un país”.
“Hay que insistir por una ley de aborto gratuito”, propone. ¿La última conquista? “Escapa a la escritura -dice-. La verdadera conquista es pasar de lo privado a lo público haciendo que esta forma de mirar, pensar y hacer tan íntima gane el afuera y se vuelva un acto fuertemente político”.
Pero “el discurso hegemónico masculino logra que este día se resignifique en una nefasta festividad del orden del Día de la secretaria, basta mirar las publicidades que bastardean su memoria con promociones como ‘En el día de la mujer sentite más linda’. El horror”, dispara Malena Pichot, orgullosa feminista pero, antes, pesimista -dice-. Conductora radial, intérprete de stand up y la que pensó y actuó a los cortos de “La loca de mierda”.
La artista plástica Marta Minujín no duda: “la fecha empodera porque muestra nuestros valores y herramientas; porque hablando de mujeres se generan posibilidades; y porque todavía estamos detrás del varón, rezagadas, limpiando baños en hoteles, mutiladas en Africa, cubiertas por telas en Asia. Que algunas mujeres sean presidentas todavía no cambia esa realidad, y que los musulmanes no las dejen estudiar es una mochila pesada que lleva Occidente”.
“Ni flores, ni bombones, ni mucho menos ‘feliz día’ -postula Pichot-. Ese 8 de marzo de 1907 129 mujeres fueron encerradas y prendidas fuego en una fábrica neoyorquina por reclamar mejoras salariales, usémoslo para repensar y plantear problemáticas de género en los medios y en las escuelas”.
“¿Qué hay para festejar? ¿Esto? -interviene Carolina Aguirre, la autora de “Ciega a citas”-. Me duele y me molesta que haya mujeres por ahí, contentas de recibir un clavel en la entrada del supermercado. En 2012 42 mujeres murieron quemadas por sus parejas, no tengo nada para festejar pero espero que las señoras disfruten su clavel” escupe, ácida como la puteadora de su blog y las protagonistas de sus libros.
Gabriela Cabezón Cámara, autora de “La virgen cabeza” agrega que “las escritoras vamos ganando visibilidad y espacio, dejando atrás los lugares pequeños que ocupábamos respecto a colegas varones más allá del talento”.
El camino queda abonado para Naty Menstrual. Escritora, artista e hiperquinética travesti activa en la revista El teje, cuestiona las definiciones generalizadoras: “¿Género? Es algo íntimo y particular, y cada persona lo vive a su manera. Nada es tan genérico, ni el género. Todos los peruanos no venden droga, los negros no son todos pijudos… ¡Me tienen hasta los huevos! Género tenemos todos pero de un tiempo a acá parece que sólo las minas, las travas, las tortas y los putos”.

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