El escolta bahiense Nicolás Richotti se encuentra desde hace unos días en Comodoro Rivadavia disfrutando de sus vacaciones, luego de retornar de su ciudad tras haber formado parte del plantel Pallacanestro Sarno de la C-2 del básquet italiano.
Nicolás, uno de los hijos del actual entrenador de Quimsa de Santiago del Estero de la Liga Nacional, Marcelo Lorenzo Richotti, había emigrado en 2005 a Italia, donde jugó para el Maxigel Campobasso de la C-2. Allí deslumbró no sólo por su goleo, sino también por su juego, ya que resultó goleador del torneo con 22 tantos de promedio y fue líder en pases gol.
«Arranqué el primer año en Campobasso -jugó 38 partidos-, donde fue todo nuevo para mí. Fui a ver qué pasaba y a acostumbrarme. La verdad que el primer año me fue bárbaro, porque teníamos un equipo para mantener la categoría y terminamos ascendiendo», expresó el joven escolta de 20 años en diálogo con este diario.
Su gran despliegue en esa temporada, la 2005-2006, le permitió ganarse la atención de otros clubes. «Ese año jugué muy bien, terminé siendo el goleador del torneo y se me abrieron un montón de puertas. El año pasado me llamaron de Sarno, para jugar la categoría Under 20, y después me dieron de préstamo a un equipo de la C-2. Entonces jugaba en los dos equipos», sostuvo.
Después de una muy aceptable campaña en los dos frentes, Richotti sufrió una seria lesión que lo tuvo un largo tiempo inactivo.
«Con el Under 20, en Sarno, alcanzamos el objetivo de clasificar entre los mejores dieciséis de Italia. Después, en la C-2, llegamos a cuartos de final y quedamos afuera en el primer playoff. En marzo me fracturé dos huesos de la mano derecha y estuve parado un mes y una semana. Me perdí la parte más importante del campeonato», lamentó.
El ex escolta de Náutico Rada Tilly aseguró que, si el equipo estaba completo en las instancias decisivas y si los arbitrajes no los perjudicaban, el final habría sido mejor.
«Podríamos haber pasado a otra instancia, pero sin mí y sin otro argentino que estaba con bajones, el equipo decayó en su nivel.
Clasificamos primeros de suerte, nos cruzamos con un equipo bien armado y de visitante se hace difícil ganar, más por los árbitros, que se ponen la camiseta del local. Encima, lo echaron al otro argentino porque se armó una pelea, y jugamos sin él ese partido. Perdimos por tres, después fuimos a casa y nos ganaron bien. El 17 de abril se terminó todo», recordó con resignación.
Su segundo año en Italia fue muy fructífero y consiguió una prueba en un equipo de la A-2, pero cuestiones extradeportivas le impidieron quedarse allí. Ahora sueña con encontrar su lugar en España.
«Entrené muy bien, pero por temas de reglas y trabas que ponen en Europa no pude quedar. Antes te permitían cinco jugadores comunitarios, pero ahora bajaron las plazas hasta uno. Por eso tomé la decisión de ir a España a jugar y no Italia», argumentó.