Noche de pesadilla para un comerciante

El dueño de la joyería Gorian fue asaltado por una banda que lo esperó en su domicilio particular, donde lo mantuvieron atado por varias horas al cuidado de uno de los delincuentes, mientras los restantes se dirigieron a la joyería céntrica con todas las llaves para ampliar el botín, aunque no lograron ingresar al negocio porque la alarma se activó. Se llevaron todos los valores que encontraron en la vivienda. El hecho ocurrió el martes a la noche y hasta el momento no hay detenidos.

Marcelo Gorian fue sorprendido en la noche del martes cuando llegaba a su domicilio, ubicado en la calle Chacabuco, donde lo esperaban dos personas en el interior, quienes ya habían dado vuelta todo en busca de valores.
A partir de allí el comerciante vivió una pesadilla que lo hizo pensar varias veces en la muerte, ya que en forma constante era amenazado por los asaltantes que mantenían sus rostros cubiertos con pasamontañas y lo dejaron inmovilizado con ataduras en piernas y brazos.
Uno de los integrantes de la banda portaba una pistola 9 mm y el otro un cuchillo de grandes dimensiones que rescató de la casa de la víctima. Le decían que eran de Buenos Aires, pero que conocían todos sus movimientos y los de su familia.
“Me patearon, me tiraron al suelo y me ataron con precintos. La casa ya estaba toda revuelta. Después de esto te hacen pelota la vida”, sostuvo el comerciante durante el crudo relato del momento que soportó.
Los asaltantes lo interrogaron una y otra vez  sobre la función de cada una de las llaves que el comerciante tenía en su poder. Todo ello con reiteradas amenazas y la exhibición, tanto del arma como de su cargador, aunque más allá de todo el maltrato psicológico que recibió, agradeció no haber sido golpeado. “Es ridículo, pero la verdad que es que tengo que agradecerles porque se portaron como caballeros; hay otros casos en que te rompen las costillas o la cabeza a culatazos, pero no me golpearon para nada, aunque cuando pasa todo es peor”, agregó.

DE LA CASA A LA JOYERIA
Una vez que memorizaron la información que le exigieron sobre la función de las llaves, uno de los delincuentes se quedó con la víctima y el restante se dirigió a la joyería ubicada en Pellegrini al 800. Se presume que ello ocurrió con un apoyo externo que aguardaba en las inmediaciones. Antes, habían amenazado con llevarlo a él hasta el negocio, pero luego cambiaron de táctica.
Una vez en la joyería, los delincuentes cometieron un error al intentar desactivar el sistema de alarma con la clave a la que habían accedido mediante los reiterados interrogatorios y amenazas, lo que generó el alerta en la central de Alarsur. Desde allí se comunicó la novedad a la policía de la Seccional Primera y se intentaron llevar a cabo las comunicaciones, tanto al teléfono de la víctima –que no atendía—, como al de sus familiares.
“Ahí se empezó a cerrar el círculo para ellos porque la policía entró a dar vueltas por el local, pero no vieron nada raro; después me llamaron y como no atendía se comunicaron con mis hijos. Cuando apareció el tipo otra vez en casa porque no había podido hacer nada, pensé lo peor, pero menos mal que se conformaron con todo lo que ya me habían robado”.
Antes de irse de la vivienda, los delincuentes le reforzaron las ataduras que lo tenían inmóvil en una silla, le ataron los pies con un pañuelo de seda de su fallecida esposa y le colocaron una mordaza en la boca para que no pudiera pedir auxilio.
Todas las cosas de valor que habían juntado en la casa se las llevaron, entre ellas las joyas de la esposa de Gorian, además de una suma de dinero en efectivo que casualmente llevaba el comerciante para realizar un depósito bancario al día siguiente.

LIBERADO
Una vez que el hombre quedó sólo, logró liberarse de los cuatro precintos que tenía en sus manos y ante el temor de que quedara alguno de los delincuentes en el interior de la casa, saltó por la ventana del living hacia la calle, tras lo cual comenzó a correr y a golpear las puertas de los vecinos pidiendo ayuda.
“Nadie me atendía, era cerca de la una de la madrugada y seguramente todos estaban durmiendo hasta que una señora me abrió, aunque en un primer momento no me reconoció porque estaba algo disfrazado con el gorro que me habían puesto en la cabeza para que no los pueda ver. No me golpearon, pero me hicieron de todo y por suerte estoy vivo”, relató.
Por último, y ante la incertidumbre de lo que le deparará el futuro, Gorian sostuvo que “no sé qué voy hacer ahora; quizás mañana cierre todo y me vaya. Es lamentable que me tenga que escapar de mi casa o irme de mi hermoso país. Esto es insostenible porque el Estado que nos tendría que defender no existe”.

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