La caída del presidente chileno Salvador Guillermo Allende Gossens el 11 de setiembre de 1973, llevó a la familia Cifuentes a comenzar a buscar lazos con sus familiares en la Argentina para que sus cuatro hijos comiencen a buscar un futuro distinto, ante la llegada de la dictadura militar en el país trasandino.
Desde Comodoro Rivadavia, unos parientes le dijeron que necesitaban alguien con disponibilidad. Y Nolberto, nacido el 23 de julio de 1934, partió a la capital petrolera porque era el mayor de los hijos. Lo que siguieron fueron cuarenta años de relación ininterrumpida con el club Gimnasia y Esgrima, donde fue testigo privilegiado de una institución que ascendió a la máxima categoría, donde se mantiene en forma ininterrumpida, y coronarse campeón en la temporada 2005/06.
“Vine por la invitación de un tío, con la esperanza de entrar a una empresa a trabajar, pero como no enviaban los papeles desde Chile, lo único que conseguía eran prorrogas en los permisos”, recuerda Cifuentes.
Gimnasia y Esgrima fue el primer trabajo. Y de ese lugar no se fue nunca más.
“Empecé con 40 años a trabajar como encargado, porque necesitaban una persona que viva en el club. Ya a los tres años, y cuando los papeles de migración no llegaban, supe que este iba a ser mi lugar en el mundo”, asevera Nolberto.
Así, de tres meses a prueba, Cifuentes se consolidó en la institución y luego de un año pudo traer a su familia –esposa y dos hijos- a vivir con él.
“Yo arribé a Comodoro Rivadavia en diciembre del 73, una semana antes de año nuevo. Mi familia hizo lo propio a fines de ese año y a dos horas de que se termine la llegada del nuevo año”, expresó.
DE ENCARGADO A UTILERO
Al poco tiempo de trabajar en la institución ‘mens sana’, el ese entonces presidente del club Ricardo Rodrigo le pidió que acompañe al plantel juvenil a jugar a Pico Truncado.
“Yo no conocía la ciudad santacruceña y el nombre me ‘chocó’ un poco, pero me armé de valor y fui. Durante el partido me plantee qué atención podía darle a los chicos, ya sea desde alcanzarles agua o una toalla, y de a poco fui colaborando. Sin dejar de lado mi responsabilidad como encargado”, recalcó.
La colaboración la continúo con las demás categorías, donde luego de cumplir su rutina de mantenimiento del club, Nolberto se sumaba como colaborador de los entrenamientos.
Su buena predisposición, respeto hacia el otro y la prudencia lo llevó a convertirse en parte del cuerpo técnico del equipo profesional. Construyendo una institución en sí mismo.
TESTIGO PRIVILEGIADO
Tal vez en toda la Liga Nacional no exista una persona como Nolberto Cifuentes que haya sido un testigo privilegiado durante cuarenta años del crecimiento deportivo de una institución.
De ahí el paso fue al plantel mayor, donde “Cifu” fue testigo privilegiado no sólo del ascenso del equipo a la Liga Nacional de Básquetbol, sino también campeón de la temporada 2005/06.
“El día que el equipo salió campeón fue una alegría inmensa. Y los festejos se vivieron a pleno en los vestuarios. Todo se dio en un marco muy lindo. Uno de eso guarda gratos recuerdos. Como también cuando Gimnasia logró el ascenso”, sostuvo.
Así, en todo momento y en todo lugar. Cifuentes siempre guardó su lugar y recato. Ya sea cuando el equipo preparaba instancias definitivas o cuando la tristeza los invadía por los malos resultados o haber quedado a mitad de un camino al campeonato.
Respecto a si alguna vez se dudó de su continuidad, Nolberto respondió: “Siempre mi lugar dentro del vestuario fue el de escuchar y nada más. No era de divulgar nada. Y menos de alguien en particular”, sostiene.
A pesar de ello, reconoce que más de una vez la cercanía con los jugadores lo llevó a hablar de la vida desde la experiencia propia que le tocó vivir.
“Nunca me pasó por la cabeza que me iban a despedir, porque todos me respetaban y había diálogo, ya sea con dirigentes o entrenadores. Sólo con los americanos me cuesta porque yo no hablo inglés, pero les habló a través de las señas con las manos, y creo que ‘algo’ me entienden”, apunta mientras se sonríe.
EL PASO DE LOS AÑOS Y EL RECONOCIMIENTO DE LOS JUGADORES
Cifuentes vio crecer a niños en el básquet, que luego se transformaron en hombres y jugadores profesionales como Diego Romero.
También asistió a jugadores que venían por primera vez a la Patagonia, y luego retornaron como técnicos como Marcelo Richotti.
Por ello, “Cifu” sostiene que el cariño que recibe es una de las cosas más gratificantes que lo mantiene en actividad.
“En el básquet, los jugadores van y vienen, por ahí están una temporada, meses o años. Pero lo bueno es que siempre te los cruzas y siempre te vienen a saludar. Eso es impagable. Hasta hace poco anduvo por acá (el club) Gabriel Cocha. Y nos acordábamos cuando fuimos los dos más votados para los reconocimientos públicos”, expresa.
Por lo bajo, Cifuentes confiesa que si hubiera sido jugador, y con la calidad de Cocha, la votación sería mucho más pareja. Porque él con sus cuarenta años de trabajo en el club, ya es la imagen de una institución en sí misma, que sigue escribiendo su página en grande para la Patagonia en la Liga Nacional de Básquetbol.
