Nuevo director de la Feria del Libro apunta “al lector real y no al comprador ocasional”

Oche Califa define por estos días sus prioridades, entre las que se cuentan “apuntar al lector real y no al comprador ocasional de libros”, poner el acento en la producción editorial argentina y “mejorar la comunicación” para que no pasen desapercibidos los hitos que ofrece este mega encuentro cultural.

Con más de 25 obras publicadas que van desde los relatos para chicos o adultos hasta guiones de historieta y documentales, el escritor Oche Califa delinea en estos días sus prioridades como director de la Feria del Libro.

Califa, que hace 14 años integra la Fundación El Libro, estrena su cargo con la desafiante misión de reemplazar a Gabriela Adamo, que renunció apenas concluida la última Feria del Libro tras una exitosa edición que dejó una concurrencia récord de 1.200.000 visitantes y fue muy elogiada por la jerarquía de los invitados internacionales, entre ellos Paul Auster y su colega sudafricano John Coetzee.

Seleccionado por su perfil entre 2.000 postulantes, el escritor encara una labor que apuntará por un lado a propiciar estrategias para incrementar los niveles de lectura y por el otro a mantener el posicionamiento del hito literario más convocante de la Argentina, que para su próxima versión, a realizarse entre el 23 de abril y el 11 de mayo en La Rural, ya abrochó las visitas del irlandés John Banville -Premio Príncipe de Asturias de las Letras-, el español Arturo Pérez-Reverte, el colombiano Héctor Abad Faciolince y el mexicano Paco Ignacio Taibo II, entre otros.

“Sostener y aumentar la masa lectora debe ser una tarea sin descanso porque si cae, recuperarla será difícil. He sido elegido para dirigir una entidad que hace mucho más que dos ferias al año”, aseguró a Télam el nuevo encargado del área Cultural e Institucional de la Fundación El Libro (FEL), que tiene a su cargo la organización de las dos ferias -una infantil y otra para adultos- que congregan anualmente el grueso de la producción editorial nacional.

- Télam: ¿Es un desafío o un obstáculo asumir un puesto de esta envergadura a sólo tres meses del inicio de la Feria del Libro?

- Oche Califa: Ni qué hablar que es un desafío. Pero la Feria no la hace un director solo sino toda la Fundación El Libro, su Consejo, comisiones de apoyo y empleados. Es una institución con suficiente experiencia, después de cuarenta años de hacer ferias y otros eventos. Y también es cierto que un acontecimiento especial como el de la edición pasada, que fue de aniversario, nos coloca un nuevo piso en cuanto a actividades, público y ventas. En fin, iremos por un nuevo éxito.

- T: ¿Qué es lo que más pondera de la gestión de su antecesora y qué aspectos son todaví­a una asignatura pendiente?

- O.C: La gestión de Gabriela Adamo fue muy buena y si se hubiese quedado en el cargo todos seguirí­amos apoyándola. Hay cosas que se iniciaron con ella y que vamos a continuar. Algunas no son tan visibles para el público, como el inicio de reuniones con directores y coordinadores de ferias del interior con vistas a tener una red nacional de ferias. En esto voy a continuar.

Podemos ayudarnos todos los que a lo largo de la Argentina hacemos ferias y eventos motorizadores del libro y la lectura, como festivales, congresos y encuentros. Entre lo pendiente está mejorar la prensa y comunicación: tenemos que ayudar a los medios los dí­as de la feria ya que la cantidad de acontecimientos es tal que a veces se pierden cosas valiosas para dar a conocer. Y esta tarea debe continuar el resto del año porque la FEL no es solo una entidad que hace dos ferias al año.

- T: ¿Cree que es posible trabajar paralelamente en estas dos direcciones: por un lado trazar la agenda de feria y por el otro articular políticas de lectura a largo plazo?

- O.C: En realidad, la Feria no está pensada como una oportunidad de ventas y nada más sino como parte de una estrategia para fortalecer y aumentar la masa lectora. Por eso, más allá de las dos ferias, me propongo aumentar todas las acciones que nos garanticen tener lectores.

- T: En un artículo titulado “Miopes”, Adamo sostiene entre otras cuestiones que el verdadero problema y el más difícil de resolver en la industria editorial es la escasez de público. ¿Cuáles son los déficits y desafíos que afronta hoy el mercado editorial?

- O.C: Por supuesto que tener lectores es clave porque sin ellos no hay dinámica editorial. Todos los que pertenecemos a esta industria anhelamos tenerlos y que cada vez sean más. De hecho, el objetivo de la FEL es el lector real y no el comprador ocasional de libros. Pero la Argentina tiene una tradición lectora, no estamos en una situación a partir de cero. Si no, no se explicaría que existan más de doscientas editoriales, lo cual además refleja la diversidad cultural existente.

Además, si se observan los datos anuales de ventas, se verá que las novedades y los fondos editoriales están casi empatados. Esto quiere decir que la Argentina no es solo un paí­s donde se pueden vender libros a partir de lanzamientos promocionados o publicitados sino que también hay lectores que buscan y encuentran los libros “de siempre”. Sostener y aumentar la masa lectora debe ser una tarea sin descanso porque si cae, recuperarla será difícil.

- T: ¿Cómo atravesará la política a la Feria en un año electoral?

- O.C: El año electoral ayudará a dar más visibilidad a la Feria porque la convertirá en un escenario inevitable del debate, y eso será bueno. La Feria es del libro, no es sólo de la literatura, y damos por descontado que habrá muchos más libros, presentaciones y actos culturales políticos que el año pasado.

- T: Si uno se guía por la dirección y los disparadores a varias de sus obras podría pensar que a partir de su gestión, la Feria tendrá un sesgo más “nacional”, con un perfil menos internacionalista que la gestión de Adamo. ¿Es así?

- O.C: De ninguna manera la Feria dejará de ser internacional porque en eso se ha hecho un esfuerzo durante 40 años que no vamos a abandonar. Y también seguirá siendo argentina en el sentido que siempre ha tenido, que es el de promocionar especialmente el libro argentino y preocuparse por la cultura local. En cuanto a mí, no entiendo por qué cuando a un intelectual le interesa un tema argentino –“cosa que en mi caso no es algo exclusivo”- se lo rotula como “nacional”, por no decir nacionalista. ¿Cómo y dónde ubicaríamos, entonces, a Borges, Sabato, Martínez Estrada o Saer? ¿Y a María Elena Walsh? En todos ellos los temas argentinos fueron elocuentes.

n T: ¿Tiene pensado volver a unificar la locación de la Feria del libro Infantil y Juvenil luego del desdoblamiento de la última edición?

- O.C: Este año pasó que al estar en refacciones el Centro de Exposiciones de la Ciudad, el gobierno local nos ofreció el Dorrego, que lamentablemente es un poco chico. A su vez, el gobierno nacional volvió a ofrecer Tecnópolis. Así que el Consejo entendió que era la oportunidad de ver qué pasaba si se abría una sede fuera de la Capital, porque es obvio que existe un público potencial y real al que le cuesta llegar al centro de la ciudad. Fue una experiencia dentro de algo que se sigue pensando: si no podríamos ayudar a que haya otras ferias infantiles de vacaciones de invierno que cubran bien esa mancha urbana que va de Campana a La Plata y hasta Moreno al oeste.

De todos modos, la Feria Infantil y Juvenil cumple 25 años, como dije, y es factible que, en la Capital, vayamos a un sector de la Rural. Lo demás, aún no está definido. 

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