En seis días se define en todo el país quiénes van a ser los candidatos a Presidente de la Argentina por los próximos cuatro años y todo lleva a pensar que Daniel Scioli va a ser el primero en las PASO, con grandes posibilidades de quedar bien posicionado para ganar en primera vuelta el 25 de octubre.
El segundo será Mauricio Macri, el mismo que hasta hace dos semanas admitía que a su criterio el Estado es una gran empresa de su grupo familiar.
El actual gobernador de Buenos Aires tiene desde hace un par de años un aliado en Chubut que nunca dudó en manifestarle su apoyo, considerando que era la mejor garantía para darle continuidad a un modelo de inclusión social que prioriza el mercado interno, la producción y el bienestar de sus habitantes por sobre las ganancias desmedidas de las multinacionales que por años expoliaron al país en complicidad con políticos locales que s e parecían más a gerentes que a dirigentes.
El kirchnerismo mantiene desde las elecciones de 2009 un tercio constante del electorado que se acerca al 50 por ciento cuando hay que elegir titular del Poder Ejecutivo. Fue lo que p asó hace cuatro años con Cristina Kirchner. Hoy la duda es saber si Scioli podrá imitarla. En realidad todo p arece depender del propio peronismo y su s variables internas.
Es que enfrente quedaron más cerca del papelón que de impresionar como políticos dignos de merecer la confianza del votante al menos por cuatro años. Si les quedaba algo de honra, la echaron a los p erros la noche en que el PRO s e aseguró seguir conduciendo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a c osta de un Martín Lousteau que al final no era tan aliado de ellos como p arecía (de hecho acaba de decir que Felipe S olá le p arece mejor c andidato a gobernador en Buenos Aires que la dulce María Eugenia Vidal).
Tal fue la impresión que provocó en Macri darse de frente con la realidad que ante la mismísima reprobación de sus seguidores comenzó a abjurar de todo lo que venía predicando desde que era uno de los empresarios favoritos de Carlos Menem en la década del 90 y de cuya b oca solo salían elogios p ara Domingo Cavallo, el hombre que empezó a fundir el país en 1982, cuando como presidente del Banco Central reestatizó la deuda ex terna privada.
Claro que cuando usaba bigote, Mauricio t odavía no s e había puesto en l as manos del consultor ecuatoriano Jaime Durán B arba, ese que ahora pregona que "nosotros tenemos que entender a l a gente.
Si l a gente cree que S cioli es un buen gobernador (el 65% lo piensa), pues Scioli es un buen gobernador. ¿Es maquiavélico? No, es acercarse a la gente. Si la gente cree que la Virgen de Guadalupe es una atorranta, pues lo será hasta que demuestre lo contrario". Una reflexión a t ono con quienes predican que en su partido no hay "agenda ideológica", y a que todo v ale p ara conquistar el poder. Hasta meter presos a los encuestadores, como impulsa la siempre incontinente
Elisa C arrió. Si hasta el mendocino Ernesto Sanz pareció haberse arrepentido de no haber confiado más en sus propias chances cuando se entregó a los designios de Macri y Durán Barba.
En concreto, l legó un punto este año en que las filtraciones del verdadero pensamiento del principal opositor fueron inevitables. L o de la "virgen atorranta" lo dijo en una reunión de intelectuales macristas que supuestamente era cerrada en un pub llamado "Pericles" (lo contó L a Nación) y enseguida trascendió, como todas las p artes del manual que s e convirtió en la biblia de ese niño rico con tristeza que un día decidió que tenía ganas de ser Presidente de algo más grande que un club de fútbol.
Pero al ampliar el círculo de allegados, las disidencias y a no permanecen entre cuatro paredes. Le p asó con sus aliados radicales de Córdoba que difundieron los consejos de Durán Barba y l e acaba de suceder con esa exposición de economistas de su máxima confianza ( Miguel Angel Broda, C arlos Melconian y José L uis Espert) que hacen esfuerzos desesperados para que aquellos que alguna vez confiaron en él sigan haciéndolo, pese a que ahora promete medidas - como eventual Presidente- acordes con intereses que no beneficiarían a sus aliados de siempre; esos que no tienen necesidad de votos y que por ello pueden decir con todas las letras que solo les preocupa su propio bolsillo, como hizo este f in de s emana el presidente de la Sociedad Rural, Luis Etchevehere, el mismo que a principios de año incomodó a dirigentes y gobernantes locales con su discurso fuera de lugar en Comodoro Rivadavia.
El sumun de todo fue el v ideo de Adolfo Sturzenegger jactándose en inglés cómo hizo para superar un debate dónde le iban a preguntar qué medidas aplicará el PRO: " Durán Barba me dijo que no prometa ni explique nada; que solo diga que los demás mienten y que hable de mis hijos".
No obstante, el antiperonismo visceral que conserva cierto sector de la sociedad argentina desde el siglo p asado votará a Macri porque a ellos siempre les preocuparon más las formas que el fondo. Y en Chubut tienen un par de candidatos a gobernador que van en su boleta. Por un lado el ex diputado provincial Carlos Lorenzo, que p areció haber redescubierto Comodoro Rivadavia en las últimas semanas; y e l desconocido con aspecto de bonachón, Ricardo Irianni, alguien que alguna vez fue legislador por el PACh, hasta que s e cansó de la política y decidió volver a sus emprendimientos ganaderos. Todo indica que p asará Lorenzo, s olo por tener mayor conocimiento que su adversario de Cambiemos Chubut. Está por verse cuánto pueden aportarle a Macri desde este lugar del mundo, donde la boleta Scioli-Buzzi se presenta a priori como la de mayor preferencia, sobre todo al ser avalada por las principales espadas provenientes de la Patagonia, con Cristina Kirchner y Carlos Zannini a la cabeza. Este, además, alguien que conoce mejor la Patagonia que todos los porteños que rodean a Macri, como acaba de reconocer un precandidato a senador de la propia oposición local.
Elegir Presidente continúa figurando entre las prioridades del votante a la hora de entrar al cuarto oscuro, y a que sabe que su calidad de vida en el futuro inmediato dependerá en gran medida de las decisiones que adopte quien l legue a la Casa Rosada en diciembre y encuentre ante sí la opción de mantener conquistas sociales y ampliarlas, o de a poco – para que no se note mucho darle prioridad a los números, sin importar que detrás de ellos hay gente que volvió a sentir el orgullo de pertenecer a una sociedad, a u n p aís y a una provincia que ya no son expulsivos, por más esfuerzo que hagan los perdedores de los últimos años, esos que siempre ganan cuando hay temor a perder el empleo, aislamiento del resto del país y marginación socio-económica.
