Hay un antes y un después en la vida de Oscar Bóscaro (63). Y es literal: yo la cagué cuando asumí como director de la Enet 1. Fue lo más desastroso de mi vida porque llegué a mi máximo nivel de incompetencia. Terminé estresado y peleado con todo el mundo, para llegar a un pozo donde me reinventé y a través de la alfarería conseguí la paz y la tranquilidad. Y donde no solo me limito a la venta, sino que también me dedico a ir por las escuelas y las iglesias para promover la alfarería. De esta parte me siento orgulloso. La parte anterior de mi vida, cuando era maestro de taller y me reía con los alumnos (algunos me odiaban y otros me querían) era una parte mía. Pero cuando pasé a la parte administrativa ya no fue lo mismo, sostiene Bóscaro a El Patagónico.
ASI EN LA EDUCACION
Oscar no reniega de su formación en el Deán Funes, pero no le cabe en la cabeza que el colegio salesiano aún no sea mixto (“seguimos involucionando”, recalca). A los 21 años, y con cuarto año de ingeniería química, dejó todo y se involucró en otra entidad escolar que era de prestigio, como la Enet 1, “General Alonso Baldrich”.
Antes de desertar como estudiante universitario, Bóscaro fue uno de los que le puso el cuerpo para que la universidad “San Juan Bosco” dejara de ser privada y se convirtiera en pública.
“Hicimos marchas en contra de la iglesia frente a la universidad que funcionaba en el Deán Funes y los milicos nos cagaron a palos. Decidimos la toma del edificio en el 75 y nos volvieron a cagar a palos. Hasta que decidimos hacer huelga de hambre; éramos seis gatos locos en la Catedral. Hasta que el cura Juan Nota nos sacó y nos llevó a la parroquia San Carlos (actual María Auxiliadora) para que hagamos la huelga ahí.
Cuando se logró la universidad pública que comenzó en el Perito Moreno-, Oscar largó los libros porque su espacio ya eran los talleres de la ENET 1. Tenía 22 años.
Atrás quedó el juicio que le hicieron los curas a los seis huelguistas. Y la solidaridad de un joven médico que más tarde seria intendente (Raúl Simoncini).
Nosotros nos la pasábamos a pura agua. Y el cura Nota se la jugó porque creía en el movimiento, era del corte de los curas tercermundistas, agrega.
COMO EN LA VIDA
De ayudante de laboratorio Bóscaro pasó al taller, donde ejerció como profesor de casi todas las especialidades. Ya su veta de artesano, aunque no la viera, comenzaba a aflorar.
“Nosotros vivimos la mudanza de la ENET de Km 3 al actual edificio, donde había todo por hacer. Nosotros mismos pintamos y acondicionamos el lugar. Y eso a los alumnos les daba una impronta de identidad impresionante. Era sobredemandada la escuela. Y contábamos con un rector como Tótaro (Roque) que si bien era rígido, sabía reconocer con palabras a quienes tenían puesta la camiseta.
Como profe de taller, crearon una cooperativa de herramientas por turno, donde cada alumno ponía un bono único para comprar herramientas de uso colectivo. Con ello abarataban costos y el taller se consolidaba.
Como técnico en una ciudad con constante demanda para la industria, Oscar también incursionó en el petróleo.
“Yo me fui a Schlumberger, pero me di cuenta de que la vida del petrolero es terrible… todo lo que dejas de lado. Así que volví a la ENET, empecé a dar horas de clases de materias específicas, sumé puntaje y ahí comenzó mi derrotero. Primero asumí como vicedirector y estaba bien porque es el director el que para todos los problemas. Pero los directores no duraron. Y de boludo en una reunión acepté porque ya eran 30 años trabajando ahí y me sentía responsable. Fueron siete años como director y ahí la cagué porque el desgaste es enorme. Ya los anteriores (directores) habían terminado estresados o locos. Yo reventé y renuncié, y ahí me mandaron atrás de un escritorio en Supervisión. Ahí se murió una parte de mí, que prefiero enterrar, recalca.
No fue solo la gestión lo que lo mató. Fue el desencanto. Primero porque con la reforma de Carlos Menem dejaron de egresar técnicos. Y ninguna empresa quería egresados de polimodal.
“No Bóscaro, a mí mándame técnicos de los de antes. No los que egresan ahora”, le decían los gerentes de empresa. Al director de la ENET le hervía la sangre, pero nada había por hacer. La educación técnica ya no volvería a ser lo mismo. Eso, sumado a que un director es responsable máximo por todo lo que acontece en su escuela, le dio un pico de estrés. Ahí comenzó un nuevo renacer.
EL CAMINO DE LA ARCILLA
El Taller de Arte de Rada Tilly fue donde Bóscaro abrazó la alfarería. Fueron 4 años de aprendizaje inicial para comenzar a formar una marca propia.
Si bien reconoce que hace piezas por pedido, urnas para las cenizas del futuro muerto es lo que está de moda. También le da espacio a su espíritu altruista junto a otros artistas de la ciudad como Virginia Nahuelanca, con quien ya hicieron murales en el piso de pediatría del Hospital Regional y en el CABIN. Y ahora van por uno similar en el sector de oncología, además de compartir sus conocimientos y recursos cada sábado en su propio hogar del barrio Roca.
“Te soy sincero. Muchas veces me dijeron ‘¿por qué no cobrás?’ Y la verdad a mí no me sale cobrar, no sé si porque soy medio boludo o porque así me siento mejor yo. Además cuento con mi jubilación como docente. Y mi señora también es jubilada. Así que juntamos nuestros haberes y con mochila en mano nos dedicamos a recorrer el mundo, detalla.
En una sociedad consumista como Comodoro, donde cualquier gesto de nobleza salpica interrogantes, tampoco está exento.
Mirá… de mí podrán decir que soy puto; que me aprovecho de las mujeres que vienen a mi taller... Y no hay nada de eso; sí hay un Bóscaro antes y después del barro. Aparte, si en esto no te relajas no te sale una mierda en el torno porque para moldear el barro tenés que estar en paz con vos mismo. Ahí comenzás a producir, sentencia.
