Para escapar del invierno argentino, un rincón en el nordeste brasileño

Costa de Conde, un paraíso natural próximo a la ciudad de João Pessoa, busca posicionarse como uno de los destinos preferidos por los argentinos que pretenden alejarse del frío de invierno, en gran parte gracias a la nueva ruta aérea que, desde el 1º de julio, une en forma directa Buenos Aires con la capital del estado de Paraíba.

La nueva conexión con João Pessoa, ofrecida por la aerolínea Gol, es ideal para quienes buscan nuevas experiencias de sol y playa, ahora con la posibilidad de llegar en cinco horas a uno de los destinos más "caribeños" de Brasil.
Como alternativa a la urbanidad de João Pessoa, poseedora de una extensa franja playera, el vecino municipio de Conde aporta 17 kilómetros, donde se alternan balnearios urbanos con zonas de naturaleza preservada. Costa de Conde se diferencia de su vecina por un entorno natural mucho más fuerte, en donde la arena suele enmarcarse entre acantilados y un mar cristalino, que debido a la presencia de arrecifes de coral, regala a la vista una multiplicidad de tonos azul verdosos.
La presencia de esta barrera coralina permite disfrutar tanto del mar calmo en sus piscinas naturales como de las olas, aptas en algunos sitios para la práctica de surf.
Asimismo, los encuentros frecuentes de arroyos con el mar dan la posibilidad de baños en aguas dulces o saladas bajo un clima cálido que acompaña durante todo el año, con temperaturas que oscilan entre los 21 grados en julio y los 35 grados en enero.
El litoral marítimo posee siete playas: Tambaba, Arapuca, Coqueirinho, Carapibus, Tabatinga, Amor y Gramame, cada una con su estilo y paisaje propio. Coqueirinho, la playa más "popular" del municipio, cuenta con nueve bares y tres restaurantes y se pueden hacer allí paseos en "banana boat" y barcos.
Asimismo, en Tambaba, uno de los tres mejores y más serios ámbitos naturistas de Brasil, se lleva a cabo todos los años el único festival de surf nudista del mundo, que convoca anualmente a participantes de todo el mundo.
Además de las playas, el turista tiene a su alcance diversas actividades recreativas, como paseos en buggy, cuatriciclos, cabalgatas, snorkel, kite surf, paddle surf y kajak, entre otras.
La historia y la cultura del lugar puede ser observada a través del museo étnico de la Comunidad Quilombola de Ipiranga, que expone utensilios, artículos religiosos y plantas medicinales que forman parte de las vivencias de un pueblo descendiente de esclavos.
La comunidad ofrece, además, artesanías, degustaCión de productos elaborados a partir de la agricultura familiar, caminatas y shows de capoeira.
Completa en servicios de gastronomía, la ciudad ofrece innumerables bares y restaurantes, la mayoría de ellos sobre la playa, en donde se puede almorzar, cenar o tomar un trago contemplando el océano.
En cuanto al alojamiento, existen más de 50 opciones, entre ofertas de entornos familiares, exclusivos para adultos y dos establecimientos nudistas que, en conjunto, suman no más de 3.500 plazas, lo que hace al destino un lugar apacible y sin aglomeraciones.

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