Pedro Caffaro, el "bastión" del deporte en zona norte
Nació en Médanos, provincia de Buenos Aires. Un tren lo llevó al profesorado de Educación Física de Viedma, donde egresaron otros referentes como Raúl "Roly" Lacree y Anastacio "Taso" Nicolau. Empezó a dar clases en los colegios del cura Corti, su "gimnasio" fueron los cerros aledaños. Formó la base deportiva de los nenes que hoy son los protagonistas del hándbol y fútbol de Petroquímica. Fue presidente de la Federación Chubutense de Atletismo. Y tiene dos hijos que siguieron su mismo camino de presencia, respeto y exigencia.

“El bastión o baluarte es un reducto fortificado que se proyecta hacia el exterior del cuerpo principal de una fortaleza”.

“Caffaro, el original”, así se presenta Pedro Caffaro (61) a El Patagónico, cuando se le consulta cuál de todos los Caffaro es el más destacado. Porque si bien Pedro tiene dos hijos docentes (Juan Pablo y Andrés), que al igual que él eligieron ser docentes; él fue el comienzo de todo; como en la plaza de Km 8 donde armó la escuelita de deportes municipales al aire libre, que luego fue el “semillero” de Petroquímica, tanto en hándbol como en fútbol. A lo que le sumó las colonias de vacaciones desde ese barrio hacia los límites de la zona norte de la ciudad de aquella época.

Nació en Médanos, provincia de Buenos Aires. Y la estación de tren de Ombucta (un paraje cercano a su pueblo) fue el punto de partida hacia el profesorado de educación física en Viedma (Río Negro), donde trabó amistad con otros referentes de la capital petrolera como Raúl “Roly” Lacree y Anastacio “Taso” Nicolau.

“En esa época (mediados de los 70’) se tomaba examen de ingreso, tanto teórico como práctico y con marcas de tiempo. Yo solo sabía jugar al fútbol (integré la selección de la liga villarina), nadaba el estilo ‘lagunero’ (que aprendí en los tanques australianos de mi pueblo) y sabía algo de atletismo, en especial cuando nos corrían de las chacras con balas de salva por ir a robar sandias”, sostiene Pedro.

De 140 aspirantes, ingresaron 40. Pedro estaba entre ellos. Por delante, vendrían años de estudios en una pensión. Y esperar cada mes la caja de alimentos que le enviaban sus padres “mi mamá era portera y mi papá ferroviario, y solo cuando volvíamos a casa veíamos la heladera llena, porque ellos se privaban de todo para sostenernos a mi hermana y a mí, ahí ves los esfuerzos que hacen tus viejos para que puedas estudiar”, recalca.

EL CAMINO DE LA EXIGENCIA

En el instituto aprendió a ser puntual, a estar siempre con el equipo de gimnasia impecable. Y a esforzarse por conseguir las habilidades motoras que llegan luego de infinidad de ensayos con el cuerpo mismo.

Ya egresado, migró como empleado del ACA (Automóvil Club Argentino) a Comodoro Rivadavia. Como docente, su primer trabajo fue en la Escuela Juan XXIII del Padre Corti.

“Imaginate, la escuela era lo último que había ese momento en el San Martín. Luego de eso no había más nada. Tampoco teníamos gimnasio o elementos para dar clases. Y es ahí donde entra en juego el ser docente. Hacerte de las cosas que no tenés para fabricarlas y dar clases”, comenta.

Los cerros del barrio serían su “gimnasio”. Eran los inicios del “profe”, del “Caffa”. Y las excusas no estaban en su camino.

“Uno mira a veces la docencia en general. Y a veces notás que en los institutos de formación docente no se exige. Entonces entrás pensando que es un secundario fácil. Y la cosa no es así, porque te están preparando para formar gente. Los alumnos tienen una imagen del profesor de educación física muy importante y eso, a veces, los mismos ‘profes’ no lo tienen en cuenta y no cuidan esa imagen”, recalca.

EL “BASTION” DE ZONA NORTE

Miguel Blanco, como encargado de deportes municipal, le dio toda la confianza para que Pedro comience a formar el deporte municipal en Km 8.

“Caffa” no la tuvo fácil, al popular barrio sólo lo unía el color por el “verdolaga”. Luego, estaban muy marcados las diferencias entre los que eran del “8” y los de Standart. Ni hablar los de Restinga Alí o Próspero Palazzo.

“Las diferencias entre los pibes eran por cuestiones banales. Y la plaza del 8 (al cual gestionamos para mejorar el piso) fue el comienzo de todo. Primero con la escuelita de fútbol infantil, tanto para nenes como para nenas. Todos los días a partir de las 18, los chicos sabían que había un espacio libre y gratuito al aire libre”, comenta.

Pero las diferencias no integraban a los chicos. Y un torneo de vóley, fútbol y básquet fue el puntapié para limar asperezas.

“Le comuniqué a Miguel (Blanco) que podríamos armar un torneo. Y como siempre él me dejó hacer. Así que anotamos a todos los chicos interesados y sorteamos la conformación de los equipos que iban a participar en los tres encuentros. Ya el hecho de trabajar en las escuelas de la zona norte hacia que el ‘semillero’ sea importante”, describe.

Equipos de 7, donde había un integrante de Palazzo con otro de Restinga, con otro del 8 y otro de Standart. Era jugar en equipo o irse. Y los protagonistas a través del deporte se comenzaron a darse cuenta que tenían más motivos para estar unidos que más cuestiones banales para estar separados.

“Cada tanto hacíamos encuentros con los equipos del ‘samurai’ Rodríguez. Y de esos pibes que empezaron conmigo, muchos trascendieron en el deporte local e internacional, como Martín Pinilla que se encuentra jugando al hándbol en la Liga Española”.

IGUALDAD DE

PORTUNIDADES

Fuera del Club Petroquímica, no había otras ofertas para los chicos de zona norte a mediados de los 80. Donde el que no tenía plata no podía acceder, y donde la dirigencia solo aceptaba a los destacados en el fútbol. Para las nenas no había ninguna posibilidad de practicar deportes.

“Petroquímica tenía fútbol y básquet solo para varones. Y cuando arrancamos con la escuelita municipal nos propusimos trabajar con nenes de 6 a 12 años. Y luego el que quería continuar lo invitábamos a seguir en Petroquímica. Pero el club solo se quedaba con los destacados y el resto quedaban en la nada”, remarca.

Caffaro vio más allá, e intentó que sus dirigidos se vinculen a través del referato o actividades anexas a la disciplina deportiva. Con la incursión del hándbol, la mayoría de los chicos encontró un deporte donde desarrollarse.

“En su momento hice tratativas con el Sindicato de Petroquímica que tenía un salón que prácticamente no tenía actividad alguna. Siempre con la venía del ‘pelado’ (Miguel Blanco) que era un genio. De esa forma, el municipio le comenzó a pagar un alquiler para usar las instalaciones todos los días a partir de las 14 y hasta las 21”.

En ese lugar se potenció el deporte municipal y se potenciaron deportistas que luego fueron la base “verdolaga” del fútbol y hándbol como Marco De Souza, Juan “Perico” Torres, Jorge “Popi” Lasso, Adrián Flores, Antonio Alvarez, Nicolás García y Germán Rivas entre otros.

“Teníamos un equipo de profesores que trabajaban conmigo como Dardo Urigo, Marcela Ramos, Raúl Cárdenas y el ‘Samurai’ Rodríguez. Y las nenas comenzaron a tener más protagonismo con aeróbica y gimnasia deportiva”, recuerda.

Con el club “verdolaga” tenía un trato, le aportaba a las inferiores. Pero Caffaro veía (y lo sostiene) que los clubes solo se quedan con los habilidosos. El resto, los descarta. Entonces club como espacio de “contención” había (y hay) poco y nada.

El deporte municipal se consolidaba, del otro lado el club vecino trataba de sobrevivir. Como todo lo que crece se expande, Pedro sentó las bases para las colonias de vacaciones.

“En Palazzo daba clases Diego Marín, un genio con los chiquititos en fútbol. Era el ‘Barcelona’. También lo tenía al ‘Chiqui’ (Miguel Angel) Navarro, Bellido, Evans, Julio Leiva, Evangelina Nahuel, Marta Hasemiu, ‘Fito’ Navarro. Yo estaba como coordinador, pero ayudaba a limpiar, daba clases. En esa época éramos todos polifuncionales”, aclara.

Cuando algo funciona y crece, siempre hay oportunistas que se quieren quedar con lo que otro construyó (pasa en todos los ámbitos). El Sindicato de Petroquímica veía que crecía la cantidad de jóvenes que practicaban deporte municipal y comenzó a poner palos en la rueda para renovar el contrato de alquiler. Y para ese entonces, el deporte municipal, con Caffaro a la cabeza, ya se expandía en Palazzo, Caleta Córdova, Restinga Alí y Diadema Argentina.

Como Pedro sabía que el gimnasio Cemento hacía cuatro años estaba parado. Y solo había palomas, fue a gestionar el nuevo espacio.

“Se firmó un convenio. Poníamos en condiciones el gimnasio y lo usábamos para el deporte municipal. De paso le servía como ‘semillero’ al club. Así fue, y lo primero que compré fue un refrigerador y un lavarropas, todos se reían por el lavarropas, pero las camisetas no se perdían. Y cada chico que iba al ‘cemento’ veía su uniforme en perfecto estado, eso le daba sentido de pertenencia. Luego cambiaron los funcionarios municipales y todo se perdió o se regaló”, concluye.

Hoy en día, “Caffa” con sus 61 a cuestas sigue marcando presencia. Con sus cuidados mantiene destrezas como hacer la vertical. Baila folclore por gusto en el Centro de Jubilados de su barrio, y ya lo quieren como presidente. También fue coordinador del gimnasio municipal 4 en el temporal de lluvia. Se jubiló con 36 años de servicio, pero no por ello deja de estar presente cuando se lo convoca para dar una charla (como lo hizo a los que llevaran a cabo la colonia de vacaciones) o cuando hay algún acto o actividad escolar.

En su vida dejó de lado muchas cosas, primero fue su pueblo y su familia de origen. Lo que nunca dejó fueron sus convicciones y su vocación docente. Por ello, cada tanto se enerva cuando observa colegas que apuestan a ser mediocres.