Pesca, trekking y paisajes inmejorables

El sudoeste de Chubut alberga uno de los confines más agrestes y menos explorados de la cordillera. De Alto Río Senguer a los lagos Fontana y La Plata, ideal para descubrir lugares donde la naturaleza reina con todo su esplendor.

Desde la costa atlántica de Chubut hacia el oeste, el paisaje de estepa es un vasto plano árido, copado por las tonalidades amarillentas de los pastos duros y el neneo. Esa vista monocorde se dibuja sin alteraciones a los costados de las rutas 16, 40 y 56. Hasta que la Cordillera y sus colores más intensos asoman por detrás de las sencillas construcciones de Alto Río Senguer.
Al sudoeste de la provincia de Chubut hay dos hermosos y grandes lagos: el La Plata y el Fontana. Los mismos están orientados de oeste a este, de modo que nacen de los circos glaciarios de la cordillera y pasan por la espesura del bosque subantártico hasta la árida estepa patagónica. Sus aguas van a desembocar por medio de los diferentes ríos al Océano Atlántico.
El río señala el rumbo de la ruta 57 para ir en busca del páramo andino donde nacen esas aguas frías y transparentes. La primera señal aparece tras recorrer unos 50 kilómetros del camino de ripio: entre cañadas y arroyos, un manojo de ñires empieza a perfilar el bosque patagónico. El terreno gana altura hasta alcanzar mil metros sobre el nivel del mar y afloran lengas. Todavía no se detectan rastros de guanacos, choiques o algún huemul –una especie en extinción, rigurosamente preservada en este Área Protegida–, aunque una multitudinaria reunión de cisnes de cuello negro y flamencos delata la proximidad de la orilla del lago Fontana, alimentado por el cercano lago La Plata a través del río Unión.
Una bandada de cauquenes sobrevuela los cuerpos semisumergidos de dos pescadores de trucha fontinalis y arco iris. Los hombres, debidamente ataviados con botas de vadeo y calzas térmicas, disfrutan de la captura deportiva con mosca de salmónidos –cuya temporada acaba de arrancar y se extiende hasta abril–, en una zona virgen por donde se la aborde.
Alrededor de estos silenciosos forasteros que se alzan con ejemplares de más de un kilo, el bosque andino patagónico luce su deslumbrante combinación de valles, cascadas, arroyos, montañas con ventisqueros y las serenas bahías de los dos lagos.
Los senderos de trekking son angostos pasillos que perforan el manto vegetal como brazos frágiles. Aunque se abren paso con dificultad, tarde o temprano permiten llegar a la Cascada de la Virgen de Lourdes, donde se abre uno de los más amplios miradores del lago Fontana. Otros puntos insoslayables de este paraíso natural, a los que se puede acceder a pie, en vehículo todo terreno, a caballo, en cuatriciclo o en mountain bike, son la laguna El Toro, la bahía Zataraí (el lugar indicado para admirar un profundo cañadón y el cerro El Dedo, de 2.020 metros de altura) y los arroyos Perdido y El Pedregoso, que dibujan curvas y parecen extraviarse en la inmensidad cordillerana, antes de desembocar en el lago La Plata.
La magnificencia del paisaje se replica en las márgenes del río Unión, que serpentea entre manojos de lengas, ñires y coíhues. En su recorrido de 1.200 m, el marco es imponente. Regala a los turistas una vista sobrecogedora, que también abarca las cumbres nevadas, la cresta de la montaña despejada de vegetación. También allí es posible trepar, por caminos sinuosos que demandan mayores recaudos. Desde esas maravillosas alturas, el paisaje andino, siempre cambiante, tiene la deferencia de mostrar lo mejor de su vasto repertorio.
¿Cómo llegar?
El difícil acceso es el principal motivo del escaso turismo en la región, pero vale la pena el esfuezo. Hasta Alto Río Senguer se puede ir desde Comodoro Rivadavia, a no más de 300 kilómetros, o desde Trelew, a aproximadamente 600 kilómetros, vía Esquel o Gobernador Costa.
Este rincón de nuestro territorio fue uno de los últimos en ser descubierto, recién en 1886, por las expediciones que buscaban las nacientes del río Senguer. El teniente coronel Luis Jorge Fontana, en ese entonces gobernador de Chubut, al mando de una expedición encuentra un alto contenido aurífero en la cuenca. Atraídos por la "fiebre del oro", mineros-aventureros establecieron varios lavaderos y cavaron túneles en los cerros para explotar el preciado mineral.
Durante las primeras décadas de este siglo la economía local creció. A la par de la minería comenzó a desarrollarse las actividades forestales y ganaderas, lo que incrementó notablemente la población de estas tierras remotas del sur de nuestro país. Hoy en día todo lo que queda son las ruinas de los aserraderos y minas abandonadas. Vestigios de épocas más prósperas.
Desde el pueblo hasta la unión de los lagos hay alrededor de 100 kilómetros de ripio. El estado del camino no es excelente, pero se puede hacer en un auto particular tranquilamente. A 2 kilómetros al Norte de Alto Río Senguer hay que tomar un desvío hacia la cordillera, esta es la ruta provincial 57. Con frecuencia, aparecen casas y galpones rodeados de una alameda, correspondientes a las estancias dedicadas a la cría de ganado ovino y la producción lanera.

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