Pidieron que se condene a los médicos por homicidio culposo y falsedad ideológica

Con la declaración de cuatro testigos y los alegatos de las partes, concluyó ayer la primera etapa del juicio oral y público contra los médicos Osvaldo Soria, Sebastián Leguiza y Alejandra Reyes, acusados por el homicidio culposo y falsedad ideológica que tuvo como víctima a Rocío Navarro. Los acusadores pidieron que sean condenados y el juez se expedirá el miércoles.

 Se llevó a cabo ayer la última jornada de debate del caso que el 11 de abril de 2013 terminó con la vida de Rocío Navarro y que tiene como imputados a los médicos Osvaldo Soria, Sebastián Leguiza y Alejandra Reyes.

El tribunal unipersonal de debate fue integrado por el juez penal Jorge Odorisio; la Fiscalía estuvo representada por Marcelo Crettón; la querella, por María Adela Raso; la defensa de Soria la asumió Miguel Criado y la de Leguiza y Reyes, Ricardo Amado, abogado particular y defensor público, respectivamente.

En su alegato, el fiscal consideró que quedó probado a lo largo del debate la responsabilidad penal de Leguiza y Reyes. El primero era quien estaba a cargo de la guardia activa y pese a varios avisos de las enfermeras por la situación de la víctima, nunca bajó a la sala. Había formas de haber evitado la hemorragia con una ecografía abdominal o una tomografía. Es decir que Leguiza omitió actuar con celeridad y con la precaución y dedicación que implica su cargo. Violó su deber de cuidado, permitió el estado al que llegó la paciente, por negligencia e inobservancia de los deberes a su cargo.

“La muerte de Navarro fue producto de esta omisión. Sin duda, la historia clínica fue llenada con posterioridad a la muerte de la víctima. Ello constituye la falsedad ideológica atribuida a Leguiza y Reyes”, aseguró el fiscal, por lo que solicitó que se declare penalmente responsable a Leguiza por el delito de homicidio culposo en concurso real con falsedad ideológica en calidad de autor.

A Reyes, en tanto, lo consideró penalmente responsable de falsedad ideológica.

LA QUERELLA

La querella, por su parte, adhirió al alegato fiscal solicitando que también se condene a Soria por el delito de homicidio culposo. “¿Cómo puede ser que una persona saludable ingrese a un centro de salud y muera desangrada a las pocas horas?”, se preguntó para luego hacer mención al “absoluto olvido” de la víctima en una sala común, sin ningún tipo de cuidado médico. “Evidentemente algo se hizo mal para obtener este resultado. Es el médico el que debe estar al cuidado de los pacientes, no las enfermeras”, acotó.

El defensor de Leguiza y Reyes solicitó su absolución ya que “no hay ningún elemento que indique, más allá de los dichos de las enfermeras, la negligencia de mis defendidos”. También se refirió a que en caso de duda, ésta debe ser entendida a favor de los imputados.

En igual sentido, el defensor de Soria solicitó su absolución destacando la actitud loable del fiscal que propuso su sobreseimiento en la audiencia preliminar. “Si fuera suficiente con acusar, ¿qué sería de los inocentes?”, se preguntó.

“La capacidad propia de los médicos se ve alienada con la realidad de la salud en la provincia. La práctica médica de mi defendido fue absolutamente correcta y adecuada a los libros. La suturas estaban ligadas correctamente y los supuestos de la querella no han sido probados ya que no se ha demostrado su culpabilidad”, concluyó Criado.

LOS TESTIMONIOS

Antes de los alegatos se escucharon los testimonios de tres médicos y de una mujer que estuvo internada en la misma sala que la víctima. El primer profesional se desempeñaba en aquel entonces como responsable de Terapia Intensiva del Hospital Regional y dijo que a las 20 de ese día le informaron que una paciente no estaba en buen estado y luego entró en paro cardiorrespiratorio.

Al respecto, afirmó que practicó medidas de reanimación e interrogó a enfermeras, además de solicitar la presencia de médicos para que le explicaran el caso. Luego de 30 minutos pudo sacarla del paro y la paciente comenzó con algún tipo de actividad eléctrica. Después decidió trasladarla a terapia intensiva y se preguntó por qué había llegado a ese estado.

En un primer momento no encontró un sangrado externo activo, pero luego sí uno sobre el área de incisión quirúrgica. Decidió someterla nuevamente a una cirugía de urgencia y posteriormente a esta segunda intervención, falleció. Recordó que Leguiza lo asistió en la maniobra de reanimación y afirmó que el sangrado se puede parar antes de llegar a terapia intensiva. Generalmente el proceso de reanimación lo inicia el médico del piso, concluyó.

Por su parte, el cirujano que atestiguó dijo que realizó una pericia sobre el caso y concluyó que el protocolo quirúrgico se cumplió con la técnica que mandan los libros para realizar este tipo de intervención. Asimismo, se refirió a que no era necesario derivar la paciente a una sala de cuidados especiales luego de la primera intervención. Añadió que la práctica realizada por el médico Soria fue “normal”.

La ocasional compañera de habitación de la víctima, a su turno, recordó que en ningún momento bajó algún médico a verla.

Por último, el médico que participó como primer ayudante en la segunda intervención de la víctima, donde se reforzaron los pedículos que estaban suturados correctamente, refirió que vio abundante sangre en su cavidad abdominal y que cuando lo llamaron estaban los médicos Leguiza, Hernández, Aráoz y Soria.

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