Presos
Las noticias policiales vuelven sobre la ciudad y la discusión nuevamente es la inseguridad que va ganando espacios sin distinción de horarios o de lugar. Es un hecho que el sentimiento de inseguridad no surge de una alucinación colectiva, sino del crecimiento concreto de delitos. Los comodorenses ya no quieren más promesas, sino que están exigiendo seguridad a los gobernantes y políticas públicas concretas.
Duele escribir sobre el tema que continúa al tope de las preocupaciones de los habitantes. Ante una situación de extrema violencia los conflictos sindicales se dirimen a los tiros en la vía pública, donde los habitantes quedan como rehenes de las balaceras. Hasta el momento no hay reflejos suficientes del poder político para neutralizar los hechos vandálicos, puesto que el responsable de Secretaría de Seguridad Municipal, confunde orden con autoritarismo.
La urbe petrolera registra cuatro víctimas en lo que va de 2012, que se suman a la escalofriante cifra de más de 60 homicidios en los últimos dos años. Según las estadísticas del Ministerio de Gobierno y Justicia de la Nación durante el año 2011 se registró una suba mayor al 35 por ciento con respecto al año anterior en Chubut.
Hoy no son simples robos, sino que es llamativa la violencia con que habitualmente se desenvuelven los malvivientes. Además, hace tiempo convulsionan a los sufridos habitantes de los barrios populosos, donde hay jóvenes “matándose” a sangre fría tras los enfrentamientos constantes entre bandas antagónicas.
El grado de violencia que se vive todos los días, se ve reflejado en los pacientes que llegan heridos a la guardia del Hospital Regional. “Nos estamos transformando en un hospital de guerra”, dijo un ex director del nosocomio y sentenció que en las calles de esta ciudad se está librando una guerra. “Prácticamente estamos haciendo cirugía de guerra”, agregó.
En la mayoría de los casos, tienen que atender a menores de edad heridos de bala o de arma blanca. La violencia se está convirtiendo en uno de los principales problemas que influyen actualmente sobre la salud de la sociedad.
Comodoro es una vitrina extraordinaria para mirarnos, un espejo fenomenal donde vamos a encontrar en cada uno de los hechos: sociales, políticos o gremiales, lo que nos pasa en esta escala de degradación que está teniendo esta sociedad.

LA JUSTICIA
Se debe mencionar la pasividad de la Justicia, donde los presos entran por una puerta y salen por la otra, lo que desemboca en que parte de la población termina pidiendo algo muy peligroso para nuestros hijos, como lo es la “mano dura”.
Es decir, que la creciente ola de asesinatos en los distintos puntos de Comodoro es la resultante de esta ciudad, casi sin ley, donde los delincuentes son apresados y liberados. La impunidad tiene este precio: el “libertinaje”. Esta marea de asaltos, cada vez con mayores dosis de violencia, son  más frecuentes.
Por lo bajo se escucha repetir que “es tierra de nadie” o “de delincuentes”, o que Comodoro ya parece lamentablemente una parte de la extensión del conurbano bonaerense y muchos vecinos están optando por armarse y hacer justicia por mano propia en el peor de los casos.
Un prestigioso constitucionalista aclaró que “cuando el proceso penal se pone en marcha, los hechos ya han ocurrido. El proceso penal no tiene la labor de prevenir”.
Si no hay justicia se pierden los bordes de la institucionalidad. Se han roto los límites contra las autoridades que hacen cumplir la ley.
Hoy la justicia sigue siendo una de las principales demandas de la sociedad. ¿La Justicia no tiene ningún tipo de culpa en la inseguridad? ¿La sociedad no es víctima del criterio en los fallos?
Cuando una sociedad se siente insegura, su desconfianza recae en las instituciones. En otras palabras, descreer de la Justicia, de la Policía o de los funcionarios encargados de la seguridad, provoca tanto o más temor que los delitos.
Gran parte de la población ve cómo sus sueños son destrozados y sus ilusiones pisoteadas por jueces que dictan ese veredicto agorero, que son los mismos que colaboraron con esta “sentencia desfavorable” que nos toca atravesar como sociedad. Se percibe la desconfianza absoluta que recae sobre la Justicia.

LOS COSTOS DE
UNA GRAN URBE
El movimiento económico alrededor del proceso minero/petrolero, se traduce en un aumento de la población y esto hace que haya nuevas modalidades delictivas, usurpaciones, corrientes migratorias de delincuentes que eligen una ciudad como destino transitorio, quienes aumentan la vulnerabilidad de los ciudadanos. ¿Cuándo habrá verdaderos controles en los accesos de la ciudad? ¿Se puede combatir los barrios cartelizados? ¿Cómo se combate la disputa territorial por el manejo de diversos intereses ocultos?
Las malas noticias no le gustan a nadie, pero hoy la realidad es que hay muerte, violencia en las calles y no se puede “suavizar” esa información bajo ningún punto de vista moral.
Es así como nuestra ciudad ya sufre los mismos problemas que las grandes urbes del país o del mundo, llámese violencia urbana, usurpaciones masivas, represión policial o desaparición de personas en plena democracia.
La solución requiere debates serios. Es hora de revisar por qué han fallado todos y cada uno de los caminos tradicionales para enfrentar la criminalidad. Todos debemos estar atentos, por nuestra seguridad.