Sin licitación a la vista y con el vencimiento del contrato a seis días, el Concejo Deliberante de Comodoro Rivadavia volvió a prorogar esa concesión del transporte urbano de pasajeros.
En la última sesión ordinaria de octubre, el Concejo Deliberante de Comodoro Rivadavia ratificó este jueves el acuerdo de prórroga firmado entre el municipio y Transporte Diadema S.A. Dicha prórroga garantiza la continuidad del servicio por 180 días, desde el 29 de octubre hasta el 27 de abril de 2027.
La urgencia marcó el trámite. El proyecto había ingresado apenas el 20 de octubre y solo debía tomar estado parlamentario, pero el oficialismo pidió reservarlo en Secretaría y tratarlo sobre tablas, moción que prosperó. La votación de fondo reflejó la grieta del recinto: los seis votos de Arriba Chubut (ACH) y uno del PLICh inclinaron la balanza, frente al rechazo del bloque Despierta Comodoro (DC) y la abstención de Luciana Ferreira.
En la elevación al Concejo, el Ejecutivo justificó la extensión en la necesidad de ganar tiempo para estructurar el nuevo llamado a licitación. Mientras tanto, la empresa conserva las condiciones vigentes, cobrará anticipos mensuales de subsidios equivalentes al último monto percibido y podrá seguir operando con su flota actual, una concesión que el propio convenio califica de excepcional.
Fue precisamente esa lógica de excepción permanente la que encendió a la oposición. Ximena González (DC) recordó que, en julio, al votarse la prórroga anterior, su bloque ya había anticipado que los plazos no alcanzarían. “Esta es la cuarta prórroga para un contrato que va a tener 20 años”, advirtió.
Así, la ciudad llega a una nueva instancia con el servicio asegurado hasta otoño.
POLEMICA POR LA PLAZOLETA ALFONSIN
Si la sesión necesitaba un capítulo de color, lo aportó Pablo Bustamante. El concejal del bloque DC, de extracción radical, presentó un proyecto para abrogar la ordenanza que en 2016 impuso el nombre de Raúl Alfonsín a la plazoleta que da inicio a calle Democracia, y rebautizarla como “Plazoleta de la Militancia Democrática”. Y pidió reserva en Secretaría: es decir, pretendía resolver en una misma tarde y sin pasar por comisión el destino del homenaje al primer presidente de la recuperación democrática.
Bastó que la iniciativa asomara en el orden del día para que estallaran los teléfonos. Militantes y vecinos reclamaron contra lo que entendían como un intento inconsulto de borrar a Alfonsín de su propia plaza, y la catarata de mensajes llegó hasta las bancas.
Omar Lattanzio (PLICH) se encargó de traducirla. Recordó que fue él quien hizo la base del monumento, arregló la plaza junto a otros militantes y donó el mástil, y que en ninguno de esos actos estuvo Bustamante. “No sé qué trabajo hizo ahí y ahora pide cambiar el nombre”, disparó. Según dijo, los mensajes que recibía coincidían en que la idea era del concejal y no del comité: “¿Quién es él para cambiar el nombre de la plaza de Raúl Alfonsín?”.
Antes de cerrar, invitó a quienes pensaran acompañar a meditarlo bien, y sugirió que al menos se trajera una nota del radicalismo avalando el cambio, porque no es justo modificar un nombre “porque a una persona se le ocurre modernizar”.
Bustamante intentó explicarse. Dijo que buscaba reconocer a los militantes que inauguraron el monumento y rescatar una de las frases más célebres del expresidente, “Sigamos ideas, no hombres”, porque entiende que la democracia no le pertenece a un solo partido.
La paradoja no pasó inadvertida: el argumento para quitar el nombre de Alfonsín era, precisamente, una cita de Alfonsín. Luego reconoció que a algunos militantes les pareció que el tema necesitaba más debate, “y por eso es que…”. La frase quedó suspendida en el aire.
No hizo falta completarla. Luciana Ferreira, presidenta del bloque, pidió de inmediato un cuarto intermedio y el proyecto terminó girado a comisión. Allí descansará, a la espera de un debate que, a juzgar por los teléfonos, ya se dio fuera del recinto. Alfonsín, por ahora, conserva su plazoleta.
