Rambo siempre rinde en el cine

Dirigida por Adrian Grunberg, este jueves se estrena en el cine Español "Rambo, última sangre", con guión de Matthew Cirulnick y Sylvester Stallone, quien además es el gran protagonista, acompañado por Oscar Jaenada, la española Paz Vega, Louis Mandylor y la mexicana Adriana Barraza.

Desde este jueves, en simultáneo con el resto del país, se exhibe el que se anuncia como el episodio final en la saga de acción iniciada en 1982 con “First Blood”. Después de haber vivido un infierno, John Rambo se retira a su rancho familiar. Su descanso se ve interrumpido por la desaparición de su nieta tras cruzar la frontera con México. El veterano emprende un peligroso viaje en su busca, enfrentándose a uno de los carteles más despiadados de la zona. Descubre que tras la desaparición hay oculta una red de trata de blancas. Deberá pues cumplir una última misión desplegando de nuevo sus habilidades de combate.

A los 73 años, Sylvester Stallone ha logrado extender la vida de algunos de sus personajes más icónicos mucho más allá de lo imaginable, y parte de eso se debe a que sigue manteniendo un físico que no se corresponde con su edad.

Aunque su imagen funcione a la perfección para encarnar personajes para nada intelectuales, Stallone ha sido tan exitoso como guionista y director que como actor. Sin embargo, en el caso de su más reciente incursión como Rambo, optó por convocar al realizador mexicano Adrián Grunberg para que tomase las riendas.

Curiosamente, su opinión sobre la primera película de Rambo no es precisamente positiva. “Era tan mala que yo quería comprarla y quemarla”, dice. “Y no es una broma. Lo dije en su momento en ‘Variety’. Era muy mala, totalmente exagerada, demasiado larga. Nunca había visto a un personaje atacar a su propio país. Era muy rara. Y esa fue la razón de que once actores decidieran pasar del proyecto antes de que me llegara a mí. Pero una vez que terminamos de filmarla, decidimos resumirla en 85 minutos en vez de dejarla en las tres horas originales porque soy un convencido de que las películas de Rambo tienen que ser cortas, pues no hay demasiado que explicar. Son muy simples, y con cada secuela uno necesita cada vez menos tiempo”.

“Rambo no se ve a sí mismo como un héroe”, señala. “Simplemente reacciona como tal, y tiene algunas virtudes con las que algunos hombres nacen. Algunos boxeadores, como Mike Tyson, tienen un salvajismo que es natural para ellos y por eso no presumen de tenerlo. Audie Murphy, el militar, lo mismo, era una verdadera máquina de matar. Yo estudié un poco esas características, y le construí como un hombre al que no le preocupa su bienestar físico. No le importa morir, y eso le vuelve tremendamente peligroso e implacable. De hecho, hasta le alegraría morir. Si te toca enfrentarte a un enemigo de ese calibre, es muy difícil de vencer. Pero, a la vez, es un hombre amable. No molesta a nadie, habla bajo, siempre está armado pero no se mete en conversaciones ajenas. Está siempre en un rincón y se comporta como un caballero. Si fuera un maldito, hubiera durado una sola película”.

“Estaba trabajando en otra cosa”, explica sobre su decisión de no dirigir “Last Blood” él mismo. “Había visto lo que había hecho antes Adrián Grunberg y me pareció que podía ser un buen socio. Trabajó duramente e hizo todo lo posible para mantener el mismo tono que tuvo la última película. Usó su propio estilo, pero se mantuvo muy cerca de lo que hicimos en la película anterior. No teníamos ninguna intención de que hubiese un cambio drástico, como si Darren Aronofsky hubiera tomado las riendas. Uno siempre busca mantener cierta coherencia”.

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