Ramón Morel, el hombre de la multiplicidad de deportes
Fue ciclista profesional de ruta representando a "CasaPullman". Aprendió a jugar a las bochas y al billar en el club "granate". Cuando llegó a la capital petrolera por trabajo se enamoró y echó raíces, sin dejar de lado las disciplinas que traía incorporado. En su casa se fundó el club de fútbol Lanús que hoy continúa en el fútbol de salón. Además, rindió para ser comisionado y árbitro de básquet, donde llegó a ser el número 3 de la Argentina.
Pocas veces Ramón Morel (72 años) perdió la calma o se vio sorprendido. De hecho solo le pasó contadas veces en su vida, ni siquiera cuando ejerció como árbitro de básquetbol de Liga Nacional. Pero cuando sucedió, ello fue fundamental para que le dé continuidad a los deportes que se le presentaron cuando decidió radicarse en la capital petrolera.
La primera vez que se quedó con la boca abierta fue cuando arribó a Comodoro Rivadavia por un tiempo y enviado por Gas del Estado. En especial cuando vio el recibo de sueldo de los patagónicos que triplicaba el suyo de la ciudad de Lanús, donde es miembro vitalicio, volvió a Buenos Aires y se anotó en la lista de transferidos.
Pesaba otro 'valor' mucho mayor en realidad, dado que Morel se había hospedado en el desaparecido hotel "Colón", donde iba a almorzar la empleada de la esposa del dueño que tenía una tienda en calle San Martín.
Bastó ver a quien es su actual esposa (Edith) para ir por todo o nada. Y se quedó con nada. Pero Ramón o "Cacho" era (es) de aquellos que según él "se encaprichan". Un ramo de flores de la florería "El Jardín" (que no existe pero mantiene su vieja fachada en calle Dorrego) y Morel había conseguido el objetivo más importante de su vida: "fue un gol olímpico", sostendrá.
Las otras metas tuvieron que ver con las disciplinas deportivas que abrazó, y que mantuvo en vigencia hasta hace un par de años de atrás.

CICLISTA DE ELITE
Siendo adolescente y en su Buenos Aires natal, Ramón le encontró el gusto al ciclismo de ruta. Ya para ese entonces y desde niño había aprendido a jugar a las bochas en el club Lanús, donde su padre era un asiduo socio de la vida institucional del "granate".
"Nosotros íbamos a molestar a los viejos para que nos den monedas y con ello ir a la confitería a comprar la gaseosa 'bolita' (que traía una bolita literal que tenías que empujar hacia adentro). Y un poco mirando y un poco molestando fuimos aprendiendo a jugar a las bochas. Que tiene toda una forma de jugarlo, no solo es jugar a tirar la bocha o arrimar el bochín", sostiene.
Arriba de la bici, Ramón se destacaba y eso trajo que la casa de cambio "Casa Pullman" lo auspicie para que corre la doble Bragado, la doble Chaco o Rafaela, donde Morel con 16 años marcaba tendencia en su categoría.
"En el ciclismo te templabas, porque nadie estaba exento de un rodillazo o codazo para sacarte del camino en el medio de la ruta, o que tres ciclistas del mismo equipo se pongan de acuerdo y te hagan un muro para que no avances si venías ganando en velocidad. A eso súmale que se corría con viento, lluvia o lo que haya. Ahí te curtías", recordó Ramón, quien ya era un habitué de los bares de Buenos Aires donde se jugaba al billar.
La llegada de la adultez y el entrar como empleado en Gas del Estado le abrirían las puertas de la Patagonia.

JUGANDO CON LA
PRECISION Y FUNDANDO UN CLUB
Las cosas estaban claras, Ramón Morel llegaba a realizar unos trabajos específicos para Gas del Estado en Comodoro Rivadavia y retornaba a Lanús.
Pero a mitad de su estadía sus compañeros cobraron su salario, y Morel quedó con la boca abierta porque el sueldo triplicaba el de los empleados de la sucursal Buenos Aires, por eso habló con el gerente y pidió que lo tengan en cuenta con el traslado.
La otra razón se llamaba Edith, empleada de comercio que no sucumbió a los primeros cotejos de Morel. Hasta que las flores en su cumpleaños la convencieron para dos años más tarde casarse con Ramón y formar una familia.
Ramón tenía esposa, trabajo y nuevo destino. Pero sentía que debía darle continuidad a otro de los deportes que tanto lo apasionaban: el fútbol y el billar.
Por eso, junto a otras personas como Norberto Albornoz fundaron el club de fútbol Lanús en su casa, donde jugaban los torneos Intercomerciales, que perdieron en la final porque a Ramón se le saltó la térmica y terminó a las piñas en el club Tiro Federal.
Desde la Liga Oficial de Fútbol de Comodoro Rivadavia, Raúl Pierángeli dio el aval para que participen de la competencia local, pero ello implicaba gente comprometida y Lanús desapareció como equipo de cancha de once y continuó en fútbol de salón donde se mantiene vigente y cuenta con el aval de la entidad madre.
Morel dejó los botines y retornó al taco y la tiza, para desafiar adversarios en el billar (en Buenos Aires era jugador de 2da categoría) que se jugaba en "La Alhambra" en Mitre y San Martín.
"El billar es física y matemática pura, y se necesita mucha concentración, cada cinco milímetros de distancia entre la bola que se ejecuta y la que se castiga. A eso súmale que también con el golpe tenés que elegir entre meter la bola o complicarle el panorama al rival. Para jugar billar hay que estudiar, porque está detrás del ajedrez en juego de estrategia" remarcó.
Con física y matemática fue que Ramón Morel se consagró campeón provincial de billar.

EL RETORNO A LAS BOCHAS
Sobre principios de los 80, Comodoro Rivadavia contaba con diversas canchas de bochas reglamentarias repartidas en diversos puntos de la ciudad. Santa Lucía, "El Rosedal" (Alvear y Rawson), club Paso, club Empleados, Astra (con dos canchas) y el barrio Moreno en Km 3 eran algunos de los lugares donde se jugaba el deporte.
Y donde había una cancha, había jugadores, e incluso los clubes de fútbol como USMA o Ameghino -a pesar de no tener entre sus actividades a las bochas- congregaban jugadores que los representen en los distintos torneos que se daban y que eran punto de encuentro de los mejores exponentes nacionales de la actividad.
De hecho, YPF -antes de la privatización- realizaba en las ciudades donde tenía presencia como empresa 'las olimpíadas', que en el caso de Comodoro , la capital petrolera se establecía como sede de bochas.
Por ello, a la hora de buscar "arrimadores o golpeadores", Morel era cotizado por las instituciones que buscaban quedarse con la Copa Challenger, que se otorgaba a quienes ganaran en tres torneos consecutivos o alcancen cinco consagraciones discontinuadas.
"El jugar a las bochas consiste en una multiplicidad de factores, y en Comodoro había gente que jugaba muy bien a las bochas, en especial de los que venían de Córdoba y Santa Fe, por eso los clubes hacían campeonatos internos para que puedan representarlos en instancias que se iniciaban un viernes desde las 8 hasta las 20, y que continuaba hasta el domingo", expresó.
Hoy la actividad se sostiene en forma recreativa en el Centro de Jubilados de YPF de Km 3, donde sobrevive la única cancha no reglamentaria de una disciplina que supo mantenerse en vigencia hasta principios de los 90.
"Con la privatización de YPF cayó la actividad, pero el club Paso se sostuvo por varios años más hasta que comenzó a desaparecer. Y fue una verdadera lástima, porque contaba con un quincho y todas las comodidades para jugar. De hecho, la Municipalidad se lo adjudicó al Centro de Periodistas Deportivos y no sucedió nada. Ya con años de abandono se construyeron casas en ese lugar".