Ramón Morel, el hombre que respira deporte
“El deporte es un hacedor de personas”, sostuvo a Diario Patagónico el fundador del equipo de fútbol Lanús en Comodoro Rivadavia. En la actualidad está relacionado a las bochas, mientras que sus hijos Gustavo y Juan Carlos mantienen viva la llama del baloncesto.
“El deporte se hace sangre, es un hacedor de personas, y si eso se vive en el hogar no te quepan dudas que tus hijos van a continuar con lo mismo”, sostuvo Ramón Morel (70 años), quien se relacionó con el deporte en el club Lanús de Buenos Aires (ciclismo, boxeo y básquetbol) para continuar como Comisionado Técnico Nacional durante 19 años en el TNA (Torneo Nacional de Ascenso) y LNB (Liga Nacional de Básquetbol).
Fundó el equipo de Lanús (que juega en fútbol de salón) y continúa en vigencia a través de las bochas. Además, les inculca la misma pasión a sus hijos Gustavo (jugador de Puerto Deseado en el Intercomercial de básquet) y Juan Carlos (DT de la 1ª división de Federación Deportiva).
“Sobre los ‘70 llegué a Comodoro Rivadavia para ejercer como Comisionado Técnico de Básquet, cargo al cual renuncié hace cinco años”, sostuvo Morel.
La función que desempeñó, de por sí marcó la calidad de Ramón en la mesa técnica de los partidos de Liga “B” (TNA actual) y Liga “A” (LNB), dado que para tener continuidad en la misma debía revalorizar el título todos los años en Buenos Aires, donde no sólo se establecía un ránking de mérito federal –Morel supo ser el 3° mejor del país–, sino también se evaluaba el año de ejercicio transcurrido.
“A través del básquet, y desde una mesa de control, viajé a muchos puntos del país y fui parte de partidos importantes. De por sí, esto no era nada fácil, porque uno arrancaba en la “B”, donde te ‘curtís’ emocionalmente o abandonás”, remarcó.
“El puesto de comisionado exige un alto poder de concentración en un deporte de por sí dinámico, donde se define un juego en milésimas de segundos, y donde los protagonistas quieren sacar ventaja en todo momento. Por eso, el margen de error es muy grande en lo que respecta a nuestra función, además de que un mal desempeño te condenaba para ejercer al año siguiente”, explicó.
Como ejemplo de ello, el partido suspendido en la última temporada entre Olímpico y Gimnasia Indalo le valió la suspensión del comisionado designado, dado que entre sus funciones, además de ser la máxima autoridad de la cancha, el mismo juez debe asegurar que existan aros y tableros de recambio en caso de inconvenientes.
“Antes no se filmaba, y se castigaba a los comisionados con ejercer en el ascenso o descenso, a través de un ránking nacional. Por eso, y por pedido de la FIBA, se empezaron a filmar los partidos, para que en caso de controversia el Tribunal de Disciplina evalué a quien sancionar”, apuntó.
Ya desde un lugar de juez, Morel siguió palpitando la adrenalina de quienes toman al deporte como una pasión.
“Yo llegaba una hora antes a la cancha, y debía revisar la altura de los aros, para evitar ‘picardías’ del club local, que los cronómetros funcionen bien, y que la planilla de juego sea acorde. Demás está decir la presión a la que estás sometido, desde el momento que llegás hasta que te vas, ya sea por parte de los dirigentes, de los técnicos, el público o los jugadores, porque todo el mundo quiere sacar ventajas. A mí eso no me parece mal. Por eso es deber del comisionado conocer perfectamente las reglas”, apuntó.
UNA MUERTE EN LA LIGA NACIONAL
A Ramón Morel le tocó ser comisionado del partido entre Gimnasia y Esgrima y Boca Juniors, el 2 de febrero de 1995, que derivó en la muerte de Julio Lecumberri a la salida del Socios Fundadores, tras la derrota del “Verde” por 122 a 114, por lo cual se condenó al autor de tirar la piedra a tres años efectivos de prisión.
“En su momento, Gimnasia quiso sacar ventajas de los partidos, yo no se lo permití y eso me generó problemas fuera de la cancha que con el tiempo se fueron superando. El caso más notorio fue el encuentro con Boca, donde mataron a una persona. Esa vez mi casa estuvo con custodia policial una semana por las amenazas telefónicas de muerte a mi familia”, recordó.
“Pero esa noche estuvo todo armado, porque el arbitraje estuvo excelente. Todo comenzó en el entretiempo, cuando una persona entró a la cancha y le arrancó de la mano la pelota al árbitro. Esto, sumado a un jugador que exaltó al público, derivó en líos que llevó a la salida a que gente se agolpara para tirar piedras en el estacionamiento”, resaltó.
“Esa vez tuvimos que ‘tirarnos de cabeza’ a una camioneta con carrocería de la policía, y fue una de esas piedras la que mató a una persona. Ahora el tiempo pasó y la gente reconoció el error en frío, incluso hubo un condenado a prisión”, recalcó.
En otros encuentros menos trágicos, Morel supo esperar una hora y media para salir de la cancha, como así también cerrar una planilla en Trelew y mandar a buscar sus elementos personales al hotel de Puerto Madryn, donde se había desarrollado la competencia.
Fundó el equipo de Lanús (que juega en fútbol de salón) y continúa en vigencia a través de las bochas. Además, les inculca la misma pasión a sus hijos Gustavo (jugador de Puerto Deseado en el Intercomercial de básquet) y Juan Carlos (DT de la 1ª división de Federación Deportiva).
“Sobre los ‘70 llegué a Comodoro Rivadavia para ejercer como Comisionado Técnico de Básquet, cargo al cual renuncié hace cinco años”, sostuvo Morel.
La función que desempeñó, de por sí marcó la calidad de Ramón en la mesa técnica de los partidos de Liga “B” (TNA actual) y Liga “A” (LNB), dado que para tener continuidad en la misma debía revalorizar el título todos los años en Buenos Aires, donde no sólo se establecía un ránking de mérito federal –Morel supo ser el 3° mejor del país–, sino también se evaluaba el año de ejercicio transcurrido.
“A través del básquet, y desde una mesa de control, viajé a muchos puntos del país y fui parte de partidos importantes. De por sí, esto no era nada fácil, porque uno arrancaba en la “B”, donde te ‘curtís’ emocionalmente o abandonás”, remarcó.
“El puesto de comisionado exige un alto poder de concentración en un deporte de por sí dinámico, donde se define un juego en milésimas de segundos, y donde los protagonistas quieren sacar ventaja en todo momento. Por eso, el margen de error es muy grande en lo que respecta a nuestra función, además de que un mal desempeño te condenaba para ejercer al año siguiente”, explicó.
Como ejemplo de ello, el partido suspendido en la última temporada entre Olímpico y Gimnasia Indalo le valió la suspensión del comisionado designado, dado que entre sus funciones, además de ser la máxima autoridad de la cancha, el mismo juez debe asegurar que existan aros y tableros de recambio en caso de inconvenientes.
“Antes no se filmaba, y se castigaba a los comisionados con ejercer en el ascenso o descenso, a través de un ránking nacional. Por eso, y por pedido de la FIBA, se empezaron a filmar los partidos, para que en caso de controversia el Tribunal de Disciplina evalué a quien sancionar”, apuntó.
Ya desde un lugar de juez, Morel siguió palpitando la adrenalina de quienes toman al deporte como una pasión.
“Yo llegaba una hora antes a la cancha, y debía revisar la altura de los aros, para evitar ‘picardías’ del club local, que los cronómetros funcionen bien, y que la planilla de juego sea acorde. Demás está decir la presión a la que estás sometido, desde el momento que llegás hasta que te vas, ya sea por parte de los dirigentes, de los técnicos, el público o los jugadores, porque todo el mundo quiere sacar ventajas. A mí eso no me parece mal. Por eso es deber del comisionado conocer perfectamente las reglas”, apuntó.
UNA MUERTE EN LA LIGA NACIONAL
A Ramón Morel le tocó ser comisionado del partido entre Gimnasia y Esgrima y Boca Juniors, el 2 de febrero de 1995, que derivó en la muerte de Julio Lecumberri a la salida del Socios Fundadores, tras la derrota del “Verde” por 122 a 114, por lo cual se condenó al autor de tirar la piedra a tres años efectivos de prisión.
“En su momento, Gimnasia quiso sacar ventajas de los partidos, yo no se lo permití y eso me generó problemas fuera de la cancha que con el tiempo se fueron superando. El caso más notorio fue el encuentro con Boca, donde mataron a una persona. Esa vez mi casa estuvo con custodia policial una semana por las amenazas telefónicas de muerte a mi familia”, recordó.
“Pero esa noche estuvo todo armado, porque el arbitraje estuvo excelente. Todo comenzó en el entretiempo, cuando una persona entró a la cancha y le arrancó de la mano la pelota al árbitro. Esto, sumado a un jugador que exaltó al público, derivó en líos que llevó a la salida a que gente se agolpara para tirar piedras en el estacionamiento”, resaltó.
“Esa vez tuvimos que ‘tirarnos de cabeza’ a una camioneta con carrocería de la policía, y fue una de esas piedras la que mató a una persona. Ahora el tiempo pasó y la gente reconoció el error en frío, incluso hubo un condenado a prisión”, recalcó.
En otros encuentros menos trágicos, Morel supo esperar una hora y media para salir de la cancha, como así también cerrar una planilla en Trelew y mandar a buscar sus elementos personales al hotel de Puerto Madryn, donde se había desarrollado la competencia.
