Puertos de Palos
Qué puertos de Palos partieron de mí
y se abalanzaron hacia lo desconocido
usando mi cuerpo de nave y carnada.
Qué marinos se hicieron alados en la gesta
y juntaron sol y basurales,
paja y trigo, sueño y bofetada.
Qué murió de mí en el intento,
qué reflejo perpicaz en el océano de rocas.
Qué parte de mi espalda fue la náufraga,
la del motín de las mil noventa y nueve,
la sin timón,
la que burló a las brújulas
con sur y sur y sur.
Qué puertos de Palos partieron de mí
y quién cantó tierra para olvidarse de la sed.
Quién cantó a la mujer de su vida
y murió atragantado por una sirena y su gemido.
Quién dijo de esta agua no he de beber
y comió suela, vidrio, espejos de sal.
Quién vio a los mismos testículos de miedo
y quedó titilando en los carteles luminosos
anunciando nuevas tierras.
Puertos, embarcaciones, caminos gruesos,
pechos de cemento amamantando a una loba de botella.
Qué puertos partieron de mí que yo no vi sus sogas
ni el romper de lanzas ni sábanas.
Quién quemó sus manos de vela y partir,
de tormenta y mareo,
y no conoció ni siquiera los umbrales del infierno.
Qué puertos de Palos partieron de mí,
dejando una estela de fuego
entre mis ojos y el desierto.
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Arroz
Un puñado de arroz es la medida de los solos.
Una mosca da vueltas, nadie le va a preparar una celada.
Alcohol y fármacos para la mudez de la ciudad.
Es la noche y lo alto, y más allá donde vivió, y más allá,
donde vivió también, y más allá.
Volverá la felicidad, eso seguro, la ciudad será distinta,
dos puñados de arroz, eso es felicidad.
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El genio
Frotándose, los cuerpos, hacen un genio
que enciende el fuego y atiende los gemidos
que vienen desde el centro de la tierra.
No hay límites en los bordes silenciosos y húmedos
es la expansión del universo, el derecho de la carne.
Vos y yo, nosotros, uno, escuchando como caen árboles
como muere la lluvia en los orgasmos,
como el techo tiembla en su lenguaje de chapas.
La noche se revuelca, mientras el genio, en cuclillas
sereno, observa la antigua ceremonia del amor.
Del frote de dos cuerpos, un genio, crece inconmensurable,
renacido, con las mieles, con tus pechos y mis manos volando,
hasta el origen de Bagdad.
