Red Bull, una fábrica de odio, estrellas y jóvenes en el futbol

La compañía de bebidas energéticas ya posee clubes en Austria, Alemania, Estados Unidos y Brasil y genera las críticas de los fanáticos del mundo.

Una cabeza de toro sangrante, una tribuna de luto por la esencia muerta, las pancartas, el acoso constante y lo peor: la indiferencia. Red Bull ha batallado contra el arraigo con tal de, precisamente, revitalizar y desintoxicar la industria del futbol, incluso cuando sus oponentes se niegan a considerarla como tal.

El camino comenzó a trazarse en Austria, el mismo lugar en donde la empresa comenzó a comercializar las latas de bebida energizante a base de cafeína. En 2005, Red Bull compró al Sportverein Austria Salzburg , borró su pasado de más de cincuenta años y le dio otra cara.

Una parte de los fanáticos encabezó la resistencia que recuperó la identidad tradicional y fundó el SV Austria Salzburg, que actualmente compite a nivel regional. Mientras tanto, el antiguo club, ahora con el nombre de Red Bull Salzburg, comenzó a conseguir los mejores resultados de su historia: de los tres títulos de Bundesliga de Austria que tenía antes de quedar bajo el mando de la compañía de energizantes pasó a sumar 14, de los cuales los últimos siete los consiguió de manera consecutiva. Además, el Toro Rojo ganó siete Copas de Austria y consiguió un valioso título de UEFA Youth League en 2016/17: en su ruta al campeonato eliminaron a Manchester City, Paris Saint-Germain, Atlético Madrid, Barcelona y en la final, al Benfica.

SIN INOCENCIA

En una época de clubes que pretenden construir historias ganadoras a base de millones, de jugadores que un día besan una camiseta y al año siguiente juran amor eterno a otra, la etiqueta de "fútbol moderno" solo llama al desprecio. Red Bull ha sido el blanco perfecto de los aficionados que reclaman la injerencia de las grandes empresas en el juego. La compañía es acusada de violar las reglas y robar la inocencia del deporte.

Ninguna resistencia es tan violenta como la que experimentan en la Bundesliga de Alemania. La intención de adquirir una franquicia fue negada en varias ocasiones luego de que los aficionados de FC Sankt Pauli, 1860 Munich y Fortuna Düsseldorf le cerraran la puerta a las negociaciones, hasta que en 2009 finalmente la firma pudo hacerse de la plaza del pequeño SSV Markanstädt , ubicado cerca de Leipzig y participante de la Quinta División del fútbol germano.

El reglamento de la competencia alemana pretende defender la esencia del juego. Los toros representativos de la empresa están prohibidos en el escudo (que aparece en los logos de las otras franquicias de la compañía en el mundo) y también el Red Bull como parte de su nombre. El ingenio y la insistencia les permitieron conservar el "RB" como parte de la denominación: oficialmente, el club se llama RasenBallsport (deporte de pelota en césped) Leipzig.

La astucia de los propietarios y del director deportivo, Ralf Rangnick, quien en más de una ocasión ha criticado el conservadurismo de la Bundesliga, se enfrenta a las demostraciones de desprecio en casi todas las canchas que pisan en la temporada.

Según Rangnick, que este año estuvo a punto de ponerse al frente de Milan, la regla que los obliga a que al menos el 51% de la entidad pertenezca a los socios es anticuada y poco útil. Condición que han sabido librar vendiendo a precios inalcanzables las membresías para pertenecer al consejo.

La más repugnante expresión: una cabeza de toro, todavía sangrante y con olor fétido, lanzada desde la tribuna en un encuentro de copa con el Dynamo Dresden. Solo una prueba de lo que también han experimentado los seguidores de Leipzig con fanáticos rivales vestidos de luto para reclamar "la muerte del juego".

En cualquier otro contexto, la historia sería soñada: un humilde club que en 2009 jugaba en el quinto escalón del fútbol nacional llega a la Bundesliga en 2016 y se consagra subcampeón en su primera temporada en la elite. Pero está el pequeño detalle de cómo se produjo esa explosión. Desde su llegada a la máxima categoría, RB Leipzig finalizó entre los tres primeros en tres de las cuatro temporadas y actualmente, en su segunda participación histórica en la Champions League, ya se metió entre los cuatro mejores del certamen.

A pesar de las críticas, Red Bull hace oídos: la empresa se ha comprometido con un objetivo global que trasciende el mero negocio de la competencia, buscan crear estrellas, incluso si eso demora las conquistas. En ese contexto, la Major League Soccer, recibió los capitales energizantes con los brazos abiertos: una liga en desarrollo sólo podía beneficiarse con la compra de la vieja franquicia New Jersey MetroStars en 2006 para ser llamada New York Red Bulls.

EN AMERICA

Si bien su tendencia al inicio en el fútbol estadounidense no fue la de ser semillero de talentos, la compañía ha cambiado el destino de sus inversiones: T hierry Henry y Rafa Márquez cargaron la bandera en sus primeros años y ahora esperan que jóvenes como Tyler Adams, que debutó en la MLS a los 16 años en 2015 y en 2018 saltó al RB Leipzig, sirvan de ejemplo de su proceso y el trabajo de las academias, proyectos que combinan los estudios con la formación futbolística.

Los Red Bulls todavía no pudieron consagrarse campeones de la liga estadounidense: el subcampeonato del 2008 frente a Columbus Crew es lo más cerca que han estado. Pero la misión de crear estrellas de exportación va tan en serio que es uno de los equipos que más futbolistas jóvenes alinea año a año: en 2017 fue el segundo equipo que más estadounidenses y canadienses menores de 21 años utilizó en sus encuentros.

La más reciente adición de la empresa a su cartera de clubes está en Brasil: en 2019, Red Bull compró el Clube Atlético Bragantino y lo renombró Red Bull Bragantino, tras fusionarlo con Red Bull Brasil, un proyecto que funcionaba desde 2007 y no había dado los resultados esperados. En su primer año, el Bragantino ascendió a la Serie A y de cara a su primera temporada en el Brasileirao está invirtiendo fuerte para reforzarse: entre sus contrataciones, el club anunció la llegada del venezolano Jan Hurtado, desde Boca, a préstamo por un año. Además, por supuesto, tiene en su plantilla jugadores cedidos de Leipzig y Salzburg.

Porque el trabajo conjunto entre las franquicias de Red Bull es moneda corriente: en el actual plantel del equipo alemán de la compañía hay también cinco futbolistas que llegaron desde Salzburg, incluído el francés Dayot Upamecano, uno de los centrales con mayor proyección de Europa. En este aspecto, bien vale destacar el caso de Naby Keita.

El guineano vistió la camiseta del Salzburg en 2014, en el proceso fue nombrado mejor jugador de la Bundesliga de Austria y una vez listo para el protagonismo de la liga alemana, pasó al Leipzig. Su colaboración resultó determinante en la adaptación del club a la máxima categoría y claro, en el subcampeonato de 2016/17 y la clasificación a la Champions League, su vitrina al mundo. Tras apenas dos años en Alemania, a mediados de 2018 Liverpool lo compró por 52 millones de euros, la segunda transacción más cara de su historia hasta ese momento.

En Inglaterra, Keita se encontró con otra joya descubierta por Red Bull, Sadio Mané, ubicado por scouts del Salzburg en el Metz de Francia y firmado por 2 millones de euros en 2012 . El senegalés brilló enseguida con 16 anotaciones en su primera temporada y 13 en la siguiente y fue vendido a Southampton por 23 millones en 2014. Dos años más tarde, los Reds lo compraron por 41 millones. Hoy es uno de los mejores extremos del planeta.

PELEAS EN CASA

Claro que esta política de intercambio entre franquicias también ha traído discordias: en Austria creen que el club alemán tiene preferencia, que se lleva a sus estrellas y le restan oportunidades de trascender a nivel internacional. Y están en lo cierto, todo es parte del plan: "Cuando hay dos clubes, uno en Alemania y uno en Austria, la fuerza de cada liga determinará el objetivo principal. Salzburg siempre siempre tendrá un equipo fuerte que puede competir por el título de liga y jugar internacionalmente. Eso debe mantenerse", reconoció Dietrich Mateschitz, fundador de Red Bull y poseedor del 49% de las acciones de la compañía.

En donde el rechazo es mayor, el Leipzig ha sido parte de las alegrías. En los últimos años, la cantera del club formó a algunos de los mejores futbolistas alemanes de la actualidad, como Joshua Kimmich o Timo Werner, que acaba de ser transferido a Chelsea por 53 millones de euros.

El éxito como fábrica de jugadores o deportivo en competencia sigue en marcha, mientras en Alemania gritan: "Sacrifiquen al toro".

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