El delantero Carlos Danton Seppaquercia inmortalizó su nombre en sólo cinco segundos, al convertir el gol más rápido de la historia del fútbol argentino y lograr un récord que todavía se mantiene vigente al cumplir hoy cuatro décadas. Pero detrás de la obra más fugaz y trascendente de este delantero, hay una vida atravesada por el sacrificio, el trabajo y los conflictos sociales y económicos del país.
"Todos me recuerdan por ese gol contra Huracán; mi apellido se hizo famoso a partir de esos cinco segundos, pero pocos conocen todo lo que hubo detrás, una historia de vida y de esfuerzo", remarca Seppaquercia, exdelantero de Gimnasia y Esgrima La Plata y River Plate en una entrevista con Télam.
La hiperinflación de los '80 fue el factor determinante de su retiro, sufrió una "salidera bancaria" cuando cobraba su primer premio importante como futbolista profesional y fue durante muchos años jugador y mecánico de un taller, a tiempo compartido.
"Empecé a jugar a los 18 años, porque estudiaba en una escuela industrial y era doble turno, a la mañana y a la tarde. Recién en cuarto y quinto año, que ya eran nocturnos, pude arrancar en serio con el fútbol", recuerda el atacante, que se inició en Atlanta de Luján, de la Liga regional.
Sus comienzos estuvieron marcados por la extrema exigencia, dentro y fuera de la cancha. "Me levantaba a las 5, trabajaba entre las 6 y las 14 como tornero en un taller. Por la tarde, practicaba y de ahí me iba a la escuela nocturna. Cuando llegué a Flandria, a los 18 años, seguí con ese ritmo. Trabajaba, practicaba, estudiaba y dormía", recuerda.
Perseverante, debutó profesionalmente en el campeonato de 1973 y fue expulsado en su presentación. "¡Me echaron por dos manos, siendo delantero!", relata con una sonrisa 'Dante', como lo bautizaron sus colegas y amigos
Entre 1973 y 1977 se destacó como un delantero potente, explosivo y goleador en Flandria. Tanto, que en 1977 se consagró como el máximo artillero del torneo de Primera B (actual B Nacional) y despertó el interés de River Plate. Mientras, continuaba como empleado del taller.
"Cuando me vino a buscar River, tuve que pedir una licencia en mi trabajo. Les expliqué que me contrataban a préstamo hasta fin de año y que las exigencias iban a ser mayores. Por suerte, comprendieron y no me pusieron ninguna traba", detalla.
El entrenador era nada menos que Ángel Labruna, ídolo máximo de la historia riverplatense y Seppaquercia le respondió con goles: hizo cuatro, en la misma cantidad de partidos, por lo que el director técnico les recomendó a los dirigentes la adquisición definitiva.
En su primer partido como titular, alineó junto a grandes figuras, algunos de los cuales serían campeones del mundo unos meses más tarde. El equipo formó con Fillol; Saporitti, Perfumo, Passarella y Hector Lopez; Juan José López, Merlo, Alonso; Luque, Seppaquercia y Ortiz.
Sin embargo, las cosas no salieron como él esperaba. En 1978 sufrió una salidera bancaria cuando cobraba su primer premio importante y se fracturó el codo en un partido de Reserva, al tiempo que perdía terreno en la consideración del entrenador mientras surgía de las divisiones inferiores un joven riojano con olfato de gol, Ramón Ángel Díaz.
Seppaquercia entonces decidió aceptar la propuesta de Gimnasia y Esgrima La Plata, donde concretó su gol más famoso, el 18 de marzo de 1979, en la tercera fecha del campeonato Metropolitano, contra Huracán, de mitad de cancha y a los cinco segundos de iniciado el encuentro.
"Generalmente yo le tocaba la pelota al 'Tano' García Ameijenda, pero lo vi adelantado al arquero (Jesús) Borzi, que estaba marcando el área. Y en lugar de retroceder, veo que se queda hablando con el lateral (Jorge) Carrascosa. Entonces le dije al 'Tano': 'Tocámela, que le pego'... Me respondió que estaba loco, pero rematé y la pelota entró por arriba", recuerda sobre su gol, del que no hay registro fílmico.
El partido terminó 1-1 y Gimnasia hizo una campaña tan pobre que perdió la categoría. Seppaquercia apenas convirtió tres goles y jugó muy poco, debido a un esguince de tobillo. "Fue un torneo raro, muy corto. Estuve enyesado casi un mes y cuando me recuperé ya se había terminado todo", justifica.
Deportivo Italiano fue su paso más extenso y donde recuperó su costumbre de gritar goles: 72 en 210 partidos. Pero nuevamente el contexto socioeconómico le pateó en contra. "Era una época de inflación galopante, arreglaba un contrato a comienzos de año y cuando llegaba diciembre, no me alcanzaba ni para comer", cuenta sobre aquel 1985.
Entonces, decidió volver a su condición de 'laburante' de fábrica, aquella que había abandonado cuando firmó su primer contrato pleno con River. "No había indexación y sentía que mi sacrificio a fin de año no servía de nada. Entonces fui a hablar con un conocido que era gerente de una empresa y le pedí trabajo. 'Si querés, ahora estamos tomando gente'", recuerda su respuesta.
Así, dejó el fútbol profesional en diciembre de 1985, con 30 años, y el 1° de enero de 1986 comenzó a trabajar como empleado de una empresa eléctrica de Luján, su ciudad natal. Hace ocho, se jubiló como "Jefe de Sector de Media Tensión".
