Se disfrazaron de policías para robar una panadería

Renato Valenzuela, su hermano Eduardo Valenzuela y Oscar Alberto Núñez, protagonizaron durante la noche del 23 de noviembre de 1998 un violento asalto a la panadería “La Cooperadora”, en Almirante Brown 567. Renato Valenzuela y Oscar Núñez entraron vestidos de policías. Tras ingresar al local, le abrieron la puerta a Eduardo Valenzuela, quien llegó vestido de civil. Este último tomó de rehén a un empleado al que amenazó con un arma y terminó siendo abatido.

Si de sangrientos asaltos se habla en la historia criminal de Comodoro Rivadavia, es inevitable recordar el robo a la panadería “La Cooperadora”, del 23 de noviembre de 1998. Ese asalto, como en el robo al gerente de la firma Empresur –perpetrado el 9 de julio de 1995- o el asalto a la distribuidora “La Salteña” – que se extendió durante seis horas del 31 de diciembre del 2001-, fueron frustrados por la intervención de la policía.

Los hermanos Renato y Eduardo Valenzuela junto a Oscar Núñez pasaron a formar parte de esa nómina de delincuentes implicados en frustrados robos que dejaron huella en la historia policial comodorense.

Según las declaraciones en la instrucción de la causa, los Valenzuela esa tarde fueron hasta la casa de Núñez en el San Cayetano. Allí el primero se vistió con un pantalón y una chaquetilla policial. El segundo cargó una cinta de embalar, un par de anteojos y una mochilita en su espalda.

En el inicio del plan, Núñez y Eduardo Valenzuela hablaron de que el dueño de “La Cooperadora” tenía mucha plata. Que era prestamista. Eso al menos escuchó Renato Valenzuela y luego se lo contó al juez.

Renato tomó un Handy de telecomunicaciones marca Yaesu de color negro, modelo FT 23R -con numeración J0311533-. Núñez se colocó una gorra de la Policía del Chubut, y se puso debajo del brazo una carpeta plástica con una lapicera.

El plan consistía en hacerse pasar por personal de la Brigada de Investigaciones. Así ingresaron diciendo que tenían que hablar con el dueño porque tenían el dato de que iban a asaltar. El objetivo era pedir hablar con el dueño y no levantar las más mínimas sospechas para luego dar el golpe una vez adentro.

Renato Valenzuela y Oscar Núñez, según los testimonios, se trasladaron al lugar del atraco en una camioneta Chevrolet –dominio C-628375- de color blanco y con caja de madera, propiedad de Núñez.

En el camino sonaba la radio policial. El equipo transceptor de mano, tenía las frecuencias grabadas de Bomberos, Servicios Públicos de la Municipalidad, dos frecuencias de Policía, de EMEC y del Hospital Regional. Estaban preparados para estar un paso delante. Era una manera de contar con información de contrainteligencia.

LOS DELATAN LOS LENTES

Estacionaron la camioneta frente al lavadero de autos de 25 de Mayo y Brown. Según declaró luego Renato Valenzuela, su hermano Eduardo se había tomado un taxi hasta el lugar y lo hacía vestido de civil. Los investigadores creen que también pudo haber estado implicado un cuarto integrante que lo pudo haber llevado. Eso nunca se supo.

Un trabajador del lavadero alcanzó a ver a los dos primeros cuando bajaron de la camioneta. Uno vestido de policía y el otro con una campera oscura. Pero lo que más le llamó la atención al testigo fue que los dos hombres llevaban puestos anteojos de sol. Eran las 21:10, y la oscuridad estaba al caer.

Ese detalle, el de colocarse los anteojos antes de ingresar a la panadería, fue el primer traspié. El segundo, fue que uno se levantó la gorra para acomodarse el cabello medianamente largo. Eso desencadenó la desgracia de la banda. Porque ante esa sospecha, los trabajadores del lavadero los siguieron de cerca. Los falsos policías se movían de manera extraña y no vestían para nada normal.

Cuando los empleados del lavadero pasaron frente a la panadería observaron la mirada nerviosa de la comerciante, que hacía señas con los ojos. No dudaron y llamaron al 101 del Comando Radioeléctrico.

Una de las víctimas declaró en la causa que les abrió la puerta a dos personas vestidas de policía. Que uno tenía un pullover negro con la inscripción de Policía en el frente, además de una gorra policial. El otro iba vestido completamente de policía.

Recién a los diez minutos llegó otro hombre con anteojos negros y una bolsa celeste. Era Eduardo Valenzuela. El que le abrió la puerta fue su hermano, Renato. Los dos sacaron las armas de fuego y se fueron hacia donde estaba uno de los encargados, al que una de las empleadas había llamado diciendo que había venido personal de la Brigada. Es que así se habían presentado.

Los hermanos Valenzuela siguieron al hombre hasta el patio interno. En ese momento Eduardo sacó de la bolsa celeste un pistolón. Con el mismo le apuntó en la cabeza al hombre. Y le dijo que eran asaltantes.

Eduardo empuñaba una escopeta reforzada calibre 16 milímetros. La escopeta especial marca Brenta apuntaba directo a la cabeza del empleado, mientras los otros dos le ataban las manos y le tapaban la boca con cinta para embalaje.

Los asaltantes le decían al hombre que se quedara tranquilo, que buscaban al patrón.

Núñez vio pasar a los empleados del lavadero por afuera. Cuando llegó la policía dejó la carpeta en la escalera y el arma que llevaba para emprender la huida.

Cuando salió tres muchachos le gritaron “pará, pará”. Alcanzó a tomar un taxi, pero Horacio Silguero, un policía que hacía adicional en “Casa Tía” lo atrapó a tiempo.

Al escuchar por radio policial lo del asalto, Silguero salió corriendo por Rivadavia y detuvo a Núñez en Rivadavia y 25 de Mayo.

Una testigo después reconoció al sospechoso por una fotografía, e incluso otros lo describieron escapando del lugar. La policía encontró dentro de su camioneta un arma de fuego. Y el propio Núñez después reconoció que esa arma era de su propiedad.

UN REHEN Y UN MUERTO

Mientras atrapaban a Núñez, adentro de la panadería Eduardo Valenzuela resistía como podía. Tomó del cuello al empleado ante la llegada de la policía y le apuntó con la escopeta que portaba.

Según Silguero, a Eduardo Valenzuela en un momento dado se le escapó un tiro y al bajar la guardia recibió el disparo del suboficial Samuel Sepúlveda.

Eduardo Valenzuela quedó abatido y el rehén logró salir ileso. En la investigación se detalló de que el disparo policial se ejecutó cuando el rehén logró zafarse de los brazos del delincuente.

Renato Valenzuela, en tanto, intentó escapar por los fondos del comercio, pero fue detenido y debió arrojar el revólver Colt calibre 32 con cuatro proyectiles.

CONDENADOS

Para los investigadores, tanto Oscar Núñez como Renato Valenzuela le intentaron endilgar en las declaraciones posteriores todo el delito a Eduardo Valenzuela, el integrante de la banda fallecido.

La investigación fiscal y sumarial determinó que el policía Sepúlveda disparó contra Eduardo Valenzuela cuando tenía como rehén al empleado de la panadería y mientras apuntaba con el arma al policía Luis Gorio.

El examen de dermo-nitro-test arrojó resultado positivo en las manos de Eduardo Valenzuela.

Según la acusación, Eduardo Valenzuela pretendía huir portando un arma de grueso calibre y escudándose en el rehén, lo que resultaba un peligro para todos, tanto como para la víctima como para los policías.

Según se supo después el revólver calibre 32 largo que portaba la banda, había sido robado a un hombre de apellido Morresi de su casa junto a una caja de cincuenta proyectiles marca Remington originales del arma.

Pese a que la Fiscalía primero pidió condenarlos por robo agravado en grado de tentativa y asociación ilícita, luego pidió el cambio de caratula por un error y caratuló el caso como robo agravado en grado de tentativa por haber sido cometido en lugar poblado y en banda, diferenciando los conceptos de “asociación ilícita” por el de “banda”.

Finalmente, tanto Oscar Núñez como Renato Valenzuela fueron condenados a 5 años de prisión cada uno el 17 de abril del año 2000. 

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