Una mujer relató ante la Legislatura porteña el calvario que atravesó su hermana y denunció que las presiones continuaron incluso después de su muerte.
La escena que describió Erica ante la Legislatura porteña condensa el extremo al que puede llegar una familia cuando una deuda se vuelve imposible de afrontar. Su hermana Camila se quitó la vida luego de recibir reiteradas amenazas y hostigamiento, y las presiones continuaron después de su muerte.
Durante una actividad realizada en la Legislatura para recabar información, Erica reconstruyó el calvario que atravesó su hermana y contó qué ocurrió con la familia en los días posteriores.
“El hostigamiento no terminó con la muerte de mi hermana. Antes y después del entierro recibimos notificaciones amenazándonos con embargos”, relató.
Las advertencias también alcanzaron a su padre. “Amenazaban con embargar los pocos bienes que tiene mi papá”, agregó Erica.
El testimonio se conoció en medio de una crisis de endeudamiento que afecta a miles de familias argentinas. Un relevamiento reciente señala que el 77,2% de los hogares con dificultades financieras tomó una deuda para pagar otra, mientras que el 62,1% mantiene algún pago atrasado.
El caso de Camila expone una dimensión particularmente dramática del endeudamiento: una familia atravesada por una muerte y que, aun durante el duelo, siguió recibiendo notificaciones y amenazas vinculadas con las deudas acumuladas.
El relato también aparece después de las declaraciones del presidente Javier Milei, quien, consultado por el drama de quienes enfrentan montos impagables tras endeudarse con billeteras virtuales o tarjetas de crédito, respondió: “Nadie les puso una pistola en la cabeza”.
