"Seguro fueron los umbanda"

Concluyó ayer la tercera jornada del juicio por el femicidio de Soledad Arrieta, acontecido el 5 de febrero de 2018 en el barrio Abel Amaya y que tiene como único imputado a Gustavo Servera.

Entre los testimonios destacados de la fecha estuvo el de la médica forense, Eliana Bévolo; el de la médica anatomopatóloga, Verónica Herrero Ducloux, del Laboratorio Regional Forense; y el de una oficial ayudante de policía que esa madrugada estaba de servicio en la Seccional Quinta.

El primer testimonio fue el de un auxiliar de la justicia que el día del hecho tomó el servicio en la Seccional Quinta a las 14 y recibió a un detenido por presunto homicidio de apellido Servera.

Contó que recibió una orden del juez de requisar y secuestrar prendas de vestir del imputado, recordando sus zapatillas con presuntas manchas hemáticas.

Ante la presencia de un testigo de actuación, se le secuestraron además diversos elementos, entre ellos su celular. Asimismo, se le realizó una secuencia fotográfica al imputado donde presentaba diversas lesiones: una en el omóplato derecho, otra en la cintura y en el nudillo de su mano derecha.

UMBANDA

La segunda testigo fue una oficial ayudante que la madrugada del hecho se encontraba de oficial de servicio en la Seccional Quinta, recordando haber recibido un llamado del Centro de Monitoreo dando cuenta de que en un domicilio de la calle Juan Manuel de Rosas se requería presencia policial.

Se dirigió al lugar y al llegar “tres menores salen corriendo, llorando que a su mamá la habían quemado”.

Al ingresar en la parte de la morada trasera de la casa, del lado de afuera se encontró con un hombre, Gustavo Servera, que le dijo que le habían querido robar, que llegó a la casa y encontró el portón abierto.

La auxiliar de la justicia también recordó que Servera le comentó que la víctima “pertenecía al culto umbanda y que seguro habían sido ellos”.

Otra de las testigos fue una suboficial de la Policía Científica que realizó una inspección ocular al otro día del hecho, asegurando que en una habitación contigua a la que se encontraba la víctima encontraron un bidón de thiner, con presuntas manchas de sangre y un rastro parcial. También secuestraron un cable de bicicleta cortado.

La forense se expresó sobre el informe de autopsia al cuerpo de la víctima, un examen lesionológico y otro psiquiátrico a Servera. Respecto de la autopsia al cadáver se realizó en la morgue judicial. La superficie corporal presentaba un aspecto acartonado, negruzco, producto de las quemaduras, apergaminado al tacto.

Realizó un cálculo sobre la superficie corporal de 81% de quemaduras, tipo B de mayor gravedad. Cuando mueven la cavidad encefálica se apreciaba mucho olor a thiner, recordó la forense.

Presentaba una equimosis en la base del lado izquierdo del cuello, es una lesión vital y no está relacionada con la quemadura, estableciendo como causa de muerte la “quemadura extensa y la quemadura de la vía aérea superior por acción del fuego directo”.

Hubo una compresión extrínseca del cuello que no fue la causa de muerte, también afirmó la forense.

Respecto de la pericia psiquiátrica obligatoria al imputado Servera, la forense consideró que enjuiciaba correctamente su estado, tenía capacidad para distinguir entre el bien y el mal y comprender la criminalidad de sus actos, concluyendo que no presentaba signos o síntomas de poseer una enfermedad mental.

El tribunal de debate fue presidido por Martín Cosmaro e integrado por los jueces Mariel Suárez y Jorge Novarino; por el Ministerio Público Fiscal se hizo presente María Laura Blanco, fiscal general, acompañada por Leila Ritta, funcionaria de Fiscalía, en tanto que la defensa del imputado fue ejercida por Francisco Miguel Romero, abogado de confianza del mismo.

EL FEMICIDIO

El ilícito contra la vida ventilado en el debate aconteció el lunes 5 de febrero de 2018, en el horario comprendido aproximadamente entre las 1.30 y las 2.02, cuando María Soledad Arrieta se encontraba en el inmueble ubicado en la parte posterior del predio sito en calle Juan Manuel de Rosas al 3600, del barrio Abel Amaya.

En tales circunstancias se hizo presente su esposo, Gustavo Alejandro Servera, quien residía en el inmueble ubicado en la parte delantera del predio, ingresó a la vivienda donde se encontraba Arrieta y mediante golpes y utilizando un lazo metálico que colocó alrededor del cuello de Arrieta, ejerció presión y la redujo.

Acto seguido, la condujo al dormitorio del inmueble, donde la roció con un líquido inflamable y le prendió fuego, tras lo cual se retiró del lugar, provocando así la muerte de Arrieta por quemadura extensa y de vías aéreas.

El ataque reseñado se produjo como conclusión de una relación signada por violencia de género, en la que Arrieta se encontraba en una situación de subordinación y sometimiento hacia Servera.

El hecho fue calificado jurídicamente como “homicidio doblemente agravado, por haber sido cometido contra el cónyuge, y por haber sido cometido contra una mujer siendo perpetrado por un hombre, mediando violencia de género”.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico