Solbus complicó la rutina: más tiempo, más distancia y mayores gastos

El cambio de recorridos y paradas alteró los traslados de trabajadores, estudiantes y vecinos de los barrios más alejados.

La puesta en marcha del nuevo sistema de transporte Solbus modificó de manera abrupta la rutina de miles de usuarios del transporte público en Comodoro Rivadavia. El cambio de recorridos, paradas, frecuencias y denominaciones de las líneas generó durante la primera semana una sucesión de reclamos de trabajadores, estudiantes y vecinos que dependen del colectivo para trasladarse.

Las mayores dificultades se registran en los barrios más alejados, donde algunas líneas que anteriormente ingresaban a los sectores residenciales ahora tienen sus paradas a tres, cuatro o cinco cuadras, e incluso más, de los lugares donde los vecinos estaban acostumbrados a tomarlas. Para quienes deben cumplir horarios laborales o escolares, esa distancia modifica por completo la organización cotidiana.

Entre los casos relevados por El Patagónico aparecen personas que dejaron de concurrir a determinados trabajos informales, principalmente tareas de cuidado de casas, niños y limpieza, debido a que el nuevo esquema no las deja cerca de sus lugares de trabajo o exige un traslado adicional.

El problema también se trasladó al centro. Líneas como la 1, 3, 4, 4A, 5 Universidad, Fracción 14-15 y Tres Pinos dejaron de concentrar sus paradas en el sector de Rivadavia donde se encuentra Balbi y fueron distribuidas en distintos puntos. Para los usuarios habituales, el cambio implicó aprender nuevamente dónde esperar cada colectivo.

A esa modificación se suma la aparición de nuevas denominaciones de líneas y recorridos. El sistema contempla una aplicación destinada a informar sobre los recorridos, pero la misma lleva más de cinco días fuera de servicio por mantenimiento. La situación afecta especialmente a quienes necesitan esa herramienta para orientarse y también deja sin una alternativa de consulta a quienes no tienen acceso a datos móviles o directamente no utilizan teléfonos inteligentes, entre ellos numerosos adultos mayores.

MAS CONFUSION

La falta de información en la vía pública profundiza la confusión. Vecinos señalaron que algunas paradas todavía no fueron removidas o no cuentan con una señalización adecuada, por lo que continúan esperando colectivos en lugares donde las líneas ya no pasan. También se reclama la presencia de inspectores que puedan orientar a los pasajeros durante la transición.

Otro de los puntos cuestionados son los tiempos de viaje. Trayectos que con el esquema anterior podían resolverse en 20 o 30 minutos ahora, según los testimonios recogidos, pueden extenderse hasta una hora o una hora y media. En determinados casos, además, un recorrido que antes requería un solo colectivo ahora obliga a utilizar dos, a la espera de la implementación del boleto combinado que permita reducir el impacto económico de esas conexiones.

La situación también alcanzó a quienes necesitan llegar a establecimientos educativos y lugares de trabajo ubicados en cercanías del Hospital Regional.

Y durante los primeros días hubo dificultades con los horarios de llegada a zona norte: el primer colectivo arribaba alrededor de las 6, mientras que numerosos trabajadores deben ingresar a sus empleos a esa hora. El esquema fue posteriormente ajustado, aunque los inconvenientes ya habían afectado la organización de los usuarios.

En zona sur, los reclamos se hicieron visibles en barrios como San Cayetano, San Martín, Máximo Abásolo, Fracción 14-15, Cerro Solo, Bella Vista Sur y Bella Vista Oeste. En zona norte también se registraron dificultades vinculadas con las nuevas frecuencias y recorridos.

La distancia hasta la terminal ubicada en el barrio Industrial aparece, además, como otro de los puntos de preocupación señalados por los usuarios. Según los testimonios, los tiempos de recorrido generan situaciones en las que los choferes deben desplazarse con mayor rapidez para cumplir con los horarios establecidos, algo que despierta preocupación por la seguridad de otros vehículos y de los peatones.

El contexto climático agregó otra dificultad. Los cambios se produjeron en medio de una ola polar, con pasajeros obligados a esperar en nuevas paradas y recorrer distancias mayores para acceder al servicio.

EL ESTRES DE QUIENES CONDUCEN

A esto se suma el cansancio que, según pudo observar El Patagónico, también atraviesa a los choferes, quienes reciben consultas constantes sobre recorridos y paradas y tienen limitadas posibilidades de resolver la desorientación general.

Ante la incertidumbre sobre las frecuencias y los nuevos recorridos, algunos usuarios comenzaron a recurrir a alternativas como Uber y Didi para llegar a sus trabajos o cumplir con otros compromisos. Esa decisión representa un gasto adicional para personas que utilizaban el colectivo como principal medio de transporte.

Los testimonios recogidos coinciden en una crítica central: un cambio de esta magnitud debería haberse implementado de manera gradual. La modificación simultánea de números de línea, recorridos, paradas y frecuencias dejó a buena parte de los pasajeros intentando reconstruir sobre la marcha el sistema que necesitan para llegar todos los días a sus destinos.

La expectativa sobre Solbus estaba puesta en una mejora del servicio, especialmente para quienes viven en los sectores más alejados de la ciudad. Sin embargo, durante su primera semana el nuevo esquema quedó marcado por demoras, desorientación, mayores tiempos de viaje, traslados adicionales y reclamos de usuarios que necesitan un transporte previsible para sostener su rutina laboral, educativa y familiar.