Sus palabras calaron hondo
Sergio Mansilla tenía 18 años cuando conoció al padre Juan Corti. Jugaba al fútbol en el patio del Colegio Ceferino Namuncurá. Sostiene que un día el "Cura Gaucho" se acercó para hablar con ellos sobre los destrozos que se generaban en la institución. Ellos le dijeron que solo querían jugar. El Padre les dijo que quería que siguieran jugando, pero con compromiso y con respeto. Esas palabras repercutieron en Marcos quien luego se unió a la orden papal y comenzó su camino salesiano.
"Siempre tenía la palabra justa para cada uno de nosotros y no lo hacía faltándonos el respeto. Te decía las cosas de una manera que no se puede explicar. Se daba el trabajo de escucharlas y conocer sus historias de vida", recuerda Sergio.
"El era sumamente precavido, laborioso, una persona única y toda la gente que ha quedado trabajando, lo extraña", manifiesta Mansilla.
Marcos Aguirre conoció a Juan Corti cuando deambulaba por las calles de Comodoro Rivadavia en 1995 y asegura que la ayuda del Padre le sirvió para cambiar el destino de su vida.
"Yo me la pasaba tirado en las esquinas. El vino, me hablo un día antes que comiencen las clases y comencé a llorar por lo que me decía. A partir de ahí comencé a cambiar. No solo yo sino el ambiente que me rodeaba. El era un santo. Un ángel de Dios", considera Marcos.
"El Padre siempre estaba pendiente en que le faltaba hacer. Todo el mundo extraña su presencia porque era un señor que hablaba muy fácil. Hablaba sobre lo que la gente quería escuchar. Era muy práctico y eso la gente lo valora hasta el día de hoy", agrega.