Nacido desde la autogestión y el margen, el proyecto impulsado por Fausto Caín Salvini —INKA— construyó una escena alternativa basada en el techno más crudo, la comunidad y una ética propia. Entre fiestas, formación y riesgo, el movimiento dejó una marca generacional.
“Siempre quise hacer algo por la ciudad”. Fausto Caín Salvini —INKA— no arranca desde una idea estética sino desde una necesidad concreta: intervenir en una escena que, según describe, dejaba a muchos afuera. Nacido en Mendoza, pero criado en Comodoro Rivadavia, su vínculo con el lugar es el punto de partida de todo. “Siempre tuve ese sentido de comunidad… siempre quise aportar”, dice en comunicación con El Patagónico, incluso hoy, viviendo en Buenos Aires y mirando la ciudad con distancia y nostalgia.
El origen de Tek Soul se remonta a 2018, cuando conoce Mariano Egregor y Joselo Makensy y empiezan a organizar las primeras fechas. En ese momento, la electrónica local orbitaba alrededor de ciertos géneros —house, minimal, progressive— y de una lógica que Salvini define sin rodeos: “Siempre fue bastante elitista… a muchos pibes se les cerraron puertas”. La respuesta no fue discursiva, sino práctica: construir otro espacio.
Desde el inicio, la propuesta se desmarca en lo musical. “Nosotros siempre hicimos tekno, hard tekno… música más oscura, más industrial, más introspectiva”. Esa curaduría no solo implicaba un cambio de sonido, sino también de sensibilidad. El concepto de Tek Soul se vincula con la tradición del “tekno con K”, una identidad asociada a lo contracultural: “ir contra el sistema, contra las normas… tener nuestros propios valores”.
Las primeras fiestas eran pequeñas, pero ya tenían una lógica definida: comunidad antes que escena. “Era entre amigos, pero el que venía se integraba igual… siempre con respeto, con amor”. La experiencia también se diferenciaba de lo habitual: menos luces, menos exhibición, más oscuridad y más música. “No es una fiesta para mostrarse… es para olvidarse de quién sos. Abajo del parlante somos todos iguales”.
En esa etapa inicial —que el propio INKA define como “primigenia”— aparecen las bases de todo lo que vendría después: cabinas abiertas, formación de DJs, eventos gratuitos, fiestas en la playa. “Lo hicimos por amor a la música y al arte”. No había estructura consolidada, pero sí una dirección clara.
La pandemia interrumpe ese proceso, pero también lo reorganiza. A partir de 2022, el proyecto se redefine, toma forma de productora y se expande como un movimiento colectivo. Además de INKA, el núcleo de Tek Soul queda integrado por Mariano Egregor, Joselo Makensy, Mati Makensy, Fran Gauna, Muchacho, Rolinga, Dante y Fizz. En paralelo, se consolida una base artística local con DJs residentes que sostienen la identidad sonora del ciclo: Ran, Exon, Deina, INKA, Eineri y Aároon.
La lógica interna del proyecto se apoya en una construcción colectiva donde cada integrante aporta su propio recorrido y sensibilidad musical, pero con una premisa clara: todo está pensado desde la música. Esa identidad compartida no sólo define el sonido, sino también la forma de programar y proyectar el crecimiento del ciclo.
Dentro de ese entramado, el recorrido de Deina sintetiza el espíritu formativo y expansivo de Tek Soul. Su desarrollo artístico se dio dentro del propio espacio, donde se formó desde sus inicios y consolidó una identidad alineada con la estética del colectivo. Con el tiempo, ese proceso se tradujo en proyección concreta: es una de las pocas DJs surgidas de la escena de Comodoro Rivadavia que logró trascender el circuito local y presentarse en Buenos Aires, donde comenzó a ser convocada por distintos ciclos y clubes. Su crecimiento no sólo refleja una evolución individual, sino también la capacidad del proyecto para generar artistas con proyección fuera de la ciudad.
En un contexto de expansión de la escena techno a nivel nacional, Tek Soul define una línea de acción clara: traer artistas, ampliar la escucha local y generar cruces con otras escenas. Desde 2022 en adelante, por su cabina pasan nombres que en muchos casos estaban en pleno crecimiento y luego consolidaron su recorrido, como Sociedad Anónima, Marcos Fagoaga, Lucas Sosa, Aggromance, Michel Lauriola, Wendy, Eduvek, JXXXO, Cufaxx, Gastón Fiore, Dist, Child Weep, Maag y Katoh. A esa lista se suma también la presencia internacional de Peter Blue, desde Colombia.
“Muchos vinieron antes de hacerse conocidos… después empezaron a tocar en todos lados”, señala INKA. Y subraya una decisión que define al ciclo: “El artista invitado es el principal… toca dos o tres horas, porque queremos que desarrolle su sonido”.
El 2024 marca el punto más alto del proyecto. “Fue nuestro mejor año lejos”. No solo por la cantidad de fechas o artistas, sino por el impacto en la escena. Los sonidos que Tek Soul había empezado a introducir —hard tekno, hard groove, tekno— comienzan a replicarse en otros espacios. “Hoy hay un montón de eventos con la música que nosotros trajimos”.
Ese cambio también se refleja en la formación de artistas locales. DJs como Koda, Deina, Exon, Enzo Sandoay, Boes, 9nine, Aaron —entre otros— encuentran en Tek Soul un punto de partida o un espacio de desarrollo. “Hay una generación completa que escucha esta música gracias a nosotros”.
En paralelo, el movimiento articula vínculos con otras ciudades. Hay intercambios con Río Gallegos los dos ciclos con lo que hubo intercambio fueron "We Want" y "Energy Sessions" con artistas como Katoh, Selfless, Char Lee han participado en estos intercambios y experiencias como la de Esquel, donde DJs como Matías Contreras, que pasaron por Tek Soul, replican ese sonido en sus propios circuitos.
Pero el proyecto no se agota en la música. Desde el inicio, Tek Soul sostiene una política clara: accesibilidad, formación y compromiso social. Se organizan las “local sessions”, con DJs de la ciudad y entradas a cambio de alimentos para el comedor Mi Lugar. “Fuimos los primeros en hacer fiestas electrónicas a beneficio”. También se impulsan espacios de aprendizaje y se mantienen entradas económicas o gratuitas. “El objetivo nunca fue económico”.
En ese recorrido, la experiencia acumulada también derivó en una búsqueda de reconocimiento institucional. Salvini presentó ante la Municipalidad de Comodoro Rivadavia un proyecto para visibilizar y fortalecer la escena electrónica local desde una perspectiva cultural. “No se trata solo de música: se trata de identidad, inclusión y oportunidades”.
La propuesta parte de un diagnóstico: falta de espacios seguros, estigmatización de la electrónica y escasa visibilidad para artistas emergentes. Frente a eso, plantea líneas de acción concretas: reconocimiento cultural del movimiento, realización de eventos en espacios públicos con acceso libre o solidario, instancias de formación para DJs y producción audiovisual que proyecte la cultura local. También incorpora campañas de cuidado y prevención, en línea con una de las bases históricas del proyecto.
Peter Blue.
El planteo buscó trasladar al plano institucional lo que Tek Soul construyó desde la autogestión: comunidad, acceso y formación.
Todo el recorrido se sostiene desde la autogestión. “No tenemos sponsors ni marcas… arrancamos desde abajo, bien desde abajo”. Esa condición define tanto la identidad como los límites del proyecto, y también genera tensiones dentro de la escena.
El proceso encuentra un cierre de etapa en 2025, con un evento de mayor escala y un contexto económico que empieza a dificultar la continuidad. A eso se suma la salida de parte del equipo.
Pero la lectura no se detiene en el presente inmediato. Tek Soul se define, desde el inicio, como un movimiento. “Un movimiento musical disruptivo”. Uno que, desde el margen, logró instalar nuevos sonidos, formar artistas, construir comunidad y modificar la electrónica en Comodoro.
“Sembramos una semilla… y hoy esa música está en la ciudad”.
