“Toño” Mera: “comenzaba a escribir o me volvía loco”

Sergio Antonio Mera Beltrán tiene 65 años, es chileno y es conocido simplemente como "Toño". Se dedica a adiestrar perros, por lo que se lo ve rondar la ciudad, como un personaje pintoresco. Ha publicado el libro de poesía "Casas Brujas". "La literatura me ayudó a liberarme" confiesa, al rememorar las épocas duras vividas en su país.

Por MARTIN COLIVORO
(Diario Patagónico)

Estaba en Chile Chico, Chile, cuando ocurrió el golpe militar encabezado por Augusto Pinochet. Un golpe que le dejó heridas físicas y que lo obligó a emigrar.
«En 1973 me dieron un paliza terrible, me sacaron la ropa y me dijeron que me iban a carnear. Tuve mucho miedo», rememora.
Antonio Mera es técnico agrícola y durante nueve años fue funcionario del Ministerio de Agricultura, en Chile, durante los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende.
La historia de Antonio Mera y su escritura está ligada íntimamente a aquel hecho político ocurrido en Chile.
Aquella dictadura, involuntariamente inició su vínculo con la escritura.
«La literatura me marca en ese año y empiezo a escribir poesía», cuenta Toño.
En aquel tiempo, las opciones eran muy pocas; «creo que, o escribía o me volvia loco, porque me dieron unas palizas terribles».
Además, Mera debió afrontar pérdidas: «perdí mi casa, mi hija, me separaron de mi hogar». Y toda esa historia encontró en la poesía un sitio donde sosegarse.
«Desde los 13 años he sido un gran lector, y eso también me ayudó, porque en los años de cesantía leía más». Esto se debió a que la dictadura también lo privó de trabajar en su profesión.
«La literatura me ayudó a liberarme y a sosegarme, porque tuve mucho odio y mucho miedo», narra Mera.
«Los militares de Chile me metieron miedo con las palizas que me dieron. Durante seis años me pegaron; hasta que un día, en 1979, me defendí con una estaca que encontré en un cerco, cuando seis milicos me iban a pegar».
Las palizas eran sistemáticas, y a Mera lo visitaban asiduamente: «me buscaban donde estaba, me pegaban o me llevaban preso», relata.
«Decían que yo era un subversivo y agitador», cuenta Toño, sin poder evitar sonreirse ante ese calificativo.
«Por suerte me puse a escribir». Mera ha publicado un único libro, llamado «Casas Brujas», donde reúne material escrito durante 30 años. Muchos de los primeros poemas pertenecen a la época de la dictadura que vivió en Chile. «Esto tiene una intimidad de vida», dice al describir su libro.

"UNA NECESIDAD BIOLOGICA"
Para este poeta chileno, residente en Comodoro, escribir «es como una necesidad biológica».
«No soy de la idea de escribir un libro porque se me antoje; porque uno también estéticamente se debe autoexigir. Si no es bueno, el libro no debe ser publicado, en homenaje al libro».
Mera se nutre de descripciones poética al hablar, imágenes capturadas de haber recorrido casi toda la ciudad con su trabajo.
«Yo soy como un personaje romántico; a mi la gente me dice ‘el hombre de los perros’, y yo me he ganado ese derecho».
Toño ama su tarea de adiestrar perros: «me encanta este trabajo, es todo un reto descubrir quién es un perro», dice. Y en ese descubrimiento, su poesía cotidiana se mezcla con la poesía del papel, donde su trabajo se transforma en «un acto literario».
Hoy, lejos de aquella etapa dura que lo marcó en sus inicios poéticos, Toño sigue escribiendo. Y aunque los temas han cambiado, algunos recuerdos afloran sobre el papel. «Hay cosas que a uno le quedan en el subconsciente; eso lo saco, lo rescato y lo renuevo».
Mientras comenta que ha sido incluido en una antología de poetas publicada en Bahía Blanca, Toño enseña manuscritos de poemas recientes, que tienen el firme propósito de llegar a un libro.
«Comodoro también me inspira», confiesa Mera; «a mí me costó amar esto, pero ahora sé por qué amo a este pueblo».
En lo cambiante del clima comodorense, Mera encuentra un hecho «asombroso» que lo motiva a escribir. «Eso es algo que se refleja en otras cosas», son motivaciones que surgen desde una ciudad que «he caminado bastante, por mi poesía y por mis perros».
Además, Mera habla de su admiración por poetas de la región patagónica. «Hay gente para rescatar y saborearla, son exponentes de lo nuestro, y hay que rescatarlos del anonimato, son dignos de ser leídos y analizados».
«Me motiva el hombre, el ser humano», expresa Toño, al mencionar las cosas que lo llevan a refugiarse en la poesía.
«Los derechos humanos se siguen pisoteando», expresa y agrega que «lo importante es que en democracia se digan estas cosas, que tengamos el derecho de decirlas y discutirlas. Esto inspira poesía y se refleja en lo que escribo».
Por esto, el poeta deposita sus esperanzas en la escritura, y puntualmente en la poesía. «Las letras nos deben enseñar a ser mejores», dice. «Eso a mí me da esperanza, ilusión y fuerza».

Hacer la vida “a perro”
Antonio Mera nació el 10 de julio de 1942, en Coyhaique, Chile; y en 1985 llegó a Comodoro Rivadavia para trabajar, ya que la dictadura militar le impedía ejercer su profesión en su país.
«Sigo siendo un hombre allendista», dice; y esa adhesión política lo llevó a ser perseguido durante la dictadura chilena. «Tu pensamiento, por más palizas que te den, no te lo pueden cambiar», expresa.
Entre otras cosas, la dictadura también le cerró las puertas al trabajo. «Estuve once años cesante en mi país, se me cerraron todas las puertas». Lo salvó ser hijo de campesinos, porque «con un pedacito de tierra, uno no se muere de hambre».
Actualmente se gana la vida adiestrando perros. «Al ser campesino, hijo de familia numerosa, yo era el que no le pegaba a los perros, y los perros me obedecían».
En la época de la dictadura, al recluirse en el campo, agudizó su habilidad para adiestrar perros.
«En los extremos del hambre y la miseria, el hombre afila su ingenio para sacar el máximo provecho y se asombra de si mismo», dice.
Llegó a Argentina con la intención de trabajar como técnico agrícola. «Trabajé con un hombre que me dio inmediatamente trabajo, Juan Manuel Feeney, un hombre que fue muy generoso connmigo», cuenta.
Entre otras cosas, vendió libros y ropa. Al tiempo, junto a un veterinario, armó una sociedad en Diadema: «tuvimos la primera escuela de adiestramiento y guardería canina».
Desde allí empezó a trabajar con los perros, «y estoy en esto hace 20 años», cuenta Toño.
«Tenía que ganarme el pan honradamente. Hoy vivo de esto, y cada cosita que hay en mi casa, todo lo hice a perro», cuenta y ríe.
Hace un tiempo le detectaron un tumor en un riñón, por lo que debió ser operado. «Un médico me dijo que los cánceres al riñón se producen de pena», comenta; y su mirada deja ver que algunos golpes sembraron más de una pena en su vida.
Ha publicado un único libro de poesía, llamado «Casas Brujas». Allí, el poema «heridas», dice: «tengo 23 heridas en mi cuerpo/ cada vez que camino/ dejan su rastro de sangre por la tierra/ sólo las borrará/ «el hombre libre/ que transite por esas alamedas».

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