Tres historias de vida que al mismo tiempo retratan a Km 5
Las entrevistas que integrantes de "Detrás del Puente" realizaron hace un tiempo a emblemáticos habitantes de Kilómetro 5, como Flavio Brúscoli, Ana Poli de Pieragnoli y Lucilia Branco de Matías, reflejan no sólo las historias de vida de estos tres inmigrantes europeos, sino también los primeros tiempos y la historia misma del barrio Presidente Ortiz, que a principios de febrero cumplió 111 años de existencia.
Con 111 años, Presidente Ortiz es uno de los barrios más antiguos de Comodoro Rivadavia. La presencia de empresas como Ferrocarriles del Estado y Yacimientos Petrolíferos Fiscales marcaron su identidad en las primeras décadas. Y al igual que otros futuros barrios de la ciudad y de sus campamentos cercanos, cobijó desde su génesis a inmigrantes de distintos rincones de Europa que veían a la Patagonia como una tierra prometida.
Raquel Torres y Zelia Guerreiro, integrantes de la Asociación "Detrás del Puente", organización que se aboca a conservar la historia de Kilómetro 5, realizaron tiempo atrás una serie de entrevistas a sus habitantes más emblemáticos. Y a través de esos relatos se recupera también la historia "del Cinco" como comunidad y por qué no de Comodoro mismo.
En primera persona, a continuación narran sus vidas Flavio Brúscoli, dueño de uno de los kioscos más populares que tuvo el barrio; Lucilia Branco de Matías, ya fallecida, quien junto a su marido fundó la legendaria estación de servicio de Kilómetro 5 y Ana Poli de Pieragnoli, también fallecida, quien fue la esposa del recordado artista plástico Bruno Pieragnoli.
ANA POLI DE PIERAGNOLI
"En Italia yo trabajaba en una perfumería, adentro, era un reparto. Había de todo. Trabajé un año y medio. Tenía 15 años cuando entré y salí a los 16 porque dieron quiebra. Después con una pariente de mi marido aprendí a hacer pantalones, era pantalonera. Me casé allá y después de cuatro años de casada, mi hija tenía dos meses, nos vinimos para acá. Primero vino él en el 48 y yo vine el 6 de agosto de 1949, un año después. Ahí comenzamos otra vida acá en la Argentina. Estuvimos cuatro o cinco días en Buenos Aires y después vinimos para acá porque su trabajo estaba acá.
No teníamos a nadie acá, pero fue todo por el Consulado Italiano. Mi marido vino acá y empezó a trabajar enseguida. Después vine yo, estuve dos o tres días en el Hotel de Turismo de Buenos Aires. Vinimos tres familias: Giacoponi, después estaba Vicente Ciselli y nosotros. Los primeros que conocimos fueron la familia Torres y de ahí quedó para siempre la amistad, queda como un cariño, un afecto...
Cuando llegué acá no tenía casa y entonces tuve que dormir ocho días en casa de un jefe de mi marido. Después hicieron tres galpones arriba, en Kilómetro 5, en el famoso Palomar, en el camino de la Usina. Cuando había viendo se movía todo como un barco y yo me descomponía, era un desastre, todo sucio. Después de cinco años, cuando cayó Perón, los tiraron abajo. En el Palomar las máquinas desarmaron todo y tenía una quinta tan linda... Después nos dieron una casa en el Kilómetro 5, más que casa era una pieza con baño afuera. Fue terrible, ya teníamos dos hijas. En el Palomar lo pasamos tremendo, sin gas y sin luz. Tenía que buscar el agua lejos con baldes.
Cuando vinimos a Rada Tilly en el 60 no había nada. Decidimos comprar un terreno y edificar. Me entusiasmaba tener una casa, la comodidad. No había asfalto, trabajé como un hombre en mi casa. Empezamos a construir y no teníamos agua, pero hicimos un pozo y vinimos a vivir acá. Estaba un señor Leanza que vendía los terrenos. El señor Papadakis me ofreció ser garante para la compra del terreno.
La diferencia con Italia es como el día y la noche. Allá no había trabajo para nadie, entonces a mi marido le agarró la desesperación ¡Tenía una hija! Jasmina de dos meses y yo me quedé con la nena. Después Juana nació el 8 de julio de 1951, ya falleció.
Mi marido cuando vino, vino por cualquier clase de trabajo y lo pusieron en Tracción Mecánica (de YPF), pero tenía alergia y lo pusieron en Carpintería. Ahí estuvo un año, después lo sacaron y un ingeniero del 3 que estaba en la Administración le dijo que le enseñaba a hacer planos. Fue todos los días a su casa y le enseñaba a tirar las líneas. Al mes le dijo que en la Administración había un puesto. '¿Qué categoría querés?', le dijo. 'Yo quiero la nueve', le respondió. 'No, tenés que empezar con la siete, pero es otra vida'. Rindió el examen, lo aceptaron y se quedó en la Administración a trabajar. El administrador después lo llevó a Cañadón Seco. Once años mi marido trabajó en Cañadón Seco y venía los fines de semana.
El siempre había trabajado haciendo esculturas y cuadros. El trajo acá 55 cuadros que había hecho en la Universidad de Firenze (Florencia), era maestro de arte y estaba por recibir el diploma de profesor cuando cerraron la Universidad. También había estudiado arquitectura. Estos cuadros fueron expuestos acá, pero se los robaron todos. Sólo quedó un cuadro. En la Escuela n° 37 de Km 5 había un cuadro de San Martín que pintó él, tengo la copia acá. Cuando había una fiesta también se encargaba de la decoración. Los cuadros estuvieron en exposición en la calle San Martín y se los robaron todos. El decía que no quería nada por miedo a que lo repatriaran.
En esa época con los vecinos éramos una familia, yo soy amiga de todos pero no soy de andar de casa en casa, vio. No tengo carácter de ir a tomar mate a una casa, yo no. Soy muy casera. Cuando mi marido vivía, iba al muelle de Kilómetro 5 a pescar, recuerdo la pileta del 5, era una vida linda, no era como ahora. Al cine del 5 fuimos varias veces, era de la familia Pérez.
Yo era católica, pero cuando conocí a mi marido, la familia de él no, él trabajó doce años en la Marina allá, se salvó de la guerra, él era evangélico, buscamos iglesia acá y encontramos la que estaba al lado de la Catedral. Todos somos evangélicos. Yo ahora no puedo ir allá, acá tenemos, pero con costumbres diferentes.
Yo volví a Italia en el 74, fui a hacer los papeles de jubilación de mi marido y se pudo jubilar. Fui sola porque mi marido estaba trabajando. Yo allá sólo trabajé un año. Se jubiló en el 78 y murió en el 86. Después volví en el 90. Tengo allá una hermana y sobrinas y nos hablamos dos veces por mes.
En el hospital del Cañadón Seco había un mural pintado por mi marido. Hizo muchas cosas. Le gustaba hacer de todo, no había distracciones, sólo trabajaba. En Comodoro hay una calle con su nombre 'Bruno Pieragnoli' y en Rada Tilly también. Yo me enteré después. Nunca se agrandó, él era sencillo".
FLAVIO BRUSCOLI
"Nací el 17 de noviembre de 1920 en Italia. Llegué a la Argentina en 1937. Acá estaba desde el año 19 mi papá. Me dejaron con mi abuela allá. Yo no conocía a mi papá cuando llegamos acá en el barco al puerto de Buenos Aires. Como éramos menores fuimos custodiados por la policía de abordo. Salí de Italia antes de hacer el servicio militar. Estaba Mussolini entonces. Yo tenía 15 o 16 años. Vine en el Conte Grande. Era un barco muy grande. Lo tomé en Génova y llegamos a Buenos Aires después de tocar varios puertos.
Esperamos y esperamos, éramos varios pibes llamados por los padres. Quedamos dos, sino venía mi papá me devolvían al origen porque yo vine con un tutor desde allá, pero abordo no lo vi más. El padre de él era de la Unión Telefónica de Rosario. Y de repente veo uno que viene y digo 'este es mi papá' y me pregunta '¿Vos sos Flavio?'.
Y acá andamos. Ya no fui a Italia desde aquel tiempo. Yo vivía en la provincia de Perugia, a unos 30 kilómetros de Florencia. ¡Una hermosura! Los prados parecen un tapiz, tapizado con flores de todos los colores durante toda la primavera y el verano. El invierno es bravo allá. Yo vivía en una casa que tenía cuatro pisos. Allí es donde nací y en invierno hasta el primer piso llegaba la nieve. Para ir a los vecinos teníamos que hacer un camino. El vecino hacía de allá para acá y nosotros hacíamos de acá para allá. La nieve llegaba hasta allá arriba.
En Buenos Aires estuve hasta el 69. En la primera fábrica donde trabajaba era Campomar que hacía frazadas y casimires para hombres. Ahí éramos 3.000. Mi papá era el jefe de Campomar. A los tres días que llegué estaba dentro de la fábrica. No me hizo esperar. Salgo de allí y voy a la Hidrófila Argentina. Allí había 1.000 telares que hacían telas y la grafa para todo el Ejército argentino. Ahí conocí a mi señora, se llamaba Carolina Moranti. De ahí fue a parar a la Fábrica Argentina de Alpargatas. Eran cuatro manzanas. Me llamaron ahí porque esa firma tenía una banda de música, yo tocaba el acordeón a piano. Ahora ya no toco porque me agarró la artritis. Ahí salí y me fui a la Fábrica Diana que fue la que me trasladó acá.
Vine a Comodoro como jefe. Acá no conocían las máquinas automáticas. Por eso me mandaron, pero me mandaron por un mes. Después me quedé otro mes porque el otro no agarraba la onda otro mes... Y mi señora se cansó y se vino con los hijos acá. Mis hijos son Sergio y Ana María. Se casaron los dos acá y acá estoy. Yo me casé en 1951 en Buenos Aires. Mi hijo es porteño, mi hija es porteña y mi señora es porteña. Mi señora falleció a los 80 años, no era una piba tampoco.
Cuando vine para acá, en el Cinco, no había nada dónde distraerse, ahora tampoco hay nada, pero es como en todos lados, yo vivo bien. Yo trabajaba en Textil del Sur en Kilómetro 8. No era la Guilford, nosotros teníamos mejores máquinas que la Guilford y hacíamos cosas que ellos no podían hacer y nos pedían a nosotros. Esa empresa estaba ubicada en los galpones de Petroquímica en Kilómetro 8, adentro de Petroquímica. Se exportaba mucha tela, por ejemplo Chile compraba mucho, también Brasil.
Yo era jefe de fábrica y mandaba todo ahí adentro. Todo estaba bajo mis órdenes. Había casi 200 obreros, era grande. La empresa me alquilaba esta casa y después la compré. Se la compré a Martínez Suárez.
A Buenos Aires voy cada tanto. Tengo tres hermanas todavía, pero me quedé acá. A mí me gusta acá. Lo malo es el viento porque estropea mucho. Antes el viento era peor en la Patagonia. Ahora le digo, yo conozco algo de Francia, tenía un tío allá. Conozco Brasil, Uruguay y la Argentina. Pero como la Argentina no hay. Esto se lo puede preguntar a cualquiera. Solamente por la comida que hay en la Argentina no se va a acostumbrar más a otro lado, por sus empanadas, por su asado."
LUCILIA BRANCO DE MATIAS
"Nací en Portugal, en la provincia de Algarve, ciudad de Sao Bras de Alportel. No era ciudad antes, ahora sí. Fue el 20 de febrero de 1921. Me casé el 2 de julio de 1960, a los seis meses llegué a la Argentina. Me casé por poder, por papeles. Yo no conocía a mi marido, pero él me conocía a mí.
En Portugal yo trabajaba en costura en mi casa, en sastrería, mi oficio era ropa de hombre. Por esas casualidades él me escribió preguntándome si quería ser su novia y que él iba a volver otra vez a Portugal. Después me dijo que viniera para acá. El había nacido también en Sao Bras, pero en otro sitio.
Vine en un barco inglés. Eramos 1.500 pasajeros. Cuando llegué miraba para todos lados y pensaba ¿cuál sería mi marido? El me estaba esperando. Desde Buenos Aires viajamos en tren hasta San Antonio. Tardamos tres días porque faltó combustible para el tren. Desde San Antonio a Comodoro vinimos en un colectivo de Transportes Patagónicos, que también se rompió en el camino, que era de tierra. Las chicas que trabajaban conmigo (en Portugal) me decían si no tenía miedo. Yo tenía confianza en mí. Gracias a Dios vivimos juntos 49 años. Faltaba poco para las bodas de oro cuando él falleció.
Tenemos dos hijos, Celeste y Totó, que nacieron en el hospital de Petroquímica en Kilómetro 8, seis nietos, cuatro bisnietos y otro en camino. Una nieta vive en Madrid, está estudiando odontología, se llama Marina y cuando termine va a poner un consultorio en Comodoro. La otra que está acá es abogada, Adriana. La más chica está en Buenos Aires estudiando, tiene 24 años se llama María Celeste, está ayudando mucho al padre y la otra se llama Rocío. Mi nieto Abel vive en mi casa en otro departamento. Así que estoy sola como ustedes ven. Celeste tiene una casa con varios escalones, es difícil para mí. Totó vive en un séptimo piso, tiene ascensor pero viene acá todos los días. Tengo confianza en mí y sé cómo son mis hijos.
El local de la carnicería que está al lado es mío, tengo jubilación y la pensión de mi marido. Yo trabajé en la estación de servicio que primero estaba aquí frente a mi puerta. En los surtidores estuve nueve años.
Cuando llegué acá fui a vivir a la casa de una vieja mala que me ofreció la casa, pero ahí estuve ocho meses. Yo estaba encargada de limpiar y mi marido salía a trabajar afuera. Después conseguimos casa en barrio Standart. Cuando llegué no conocía nada, viví cerca de la playa en Kilómetro 8. Mi marido era panadero, vino para acá y trabajó en Kilómetro 27. Tenía cinco hermanos, después trabajó en Petroquímica en la refinería. Compramos esto con facilidades porque no teníamos tanto.
Hubo muchos cambios en el barrio, en Kilómetro 5, pero yo hace como tres o cuatro años que no salgo de mi casa. La última vez que fui a la iglesia fue cuando Celeste hizo la Primera Comunión. Tenía que estar acá en la estación. Tito Contreras fue mi primer ayudante en la estación. Hace mucho que no lo veo, pero cuando nos vimos nos dimos un abrazo grande.
Cuando salí de Portugal tenía 29 años. Volví allá cuando entregué la estación de servicio a mis hijos.
Sentí emoción cuando pusieron un cartel con el nombre de mi marido a la placita que está frente a mi casa, pensé que él no lo podía aprovechar".
Raquel Torres y Zelia Guerreiro, integrantes de la Asociación "Detrás del Puente", organización que se aboca a conservar la historia de Kilómetro 5, realizaron tiempo atrás una serie de entrevistas a sus habitantes más emblemáticos. Y a través de esos relatos se recupera también la historia "del Cinco" como comunidad y por qué no de Comodoro mismo.
En primera persona, a continuación narran sus vidas Flavio Brúscoli, dueño de uno de los kioscos más populares que tuvo el barrio; Lucilia Branco de Matías, ya fallecida, quien junto a su marido fundó la legendaria estación de servicio de Kilómetro 5 y Ana Poli de Pieragnoli, también fallecida, quien fue la esposa del recordado artista plástico Bruno Pieragnoli.
ANA POLI DE PIERAGNOLI
"En Italia yo trabajaba en una perfumería, adentro, era un reparto. Había de todo. Trabajé un año y medio. Tenía 15 años cuando entré y salí a los 16 porque dieron quiebra. Después con una pariente de mi marido aprendí a hacer pantalones, era pantalonera. Me casé allá y después de cuatro años de casada, mi hija tenía dos meses, nos vinimos para acá. Primero vino él en el 48 y yo vine el 6 de agosto de 1949, un año después. Ahí comenzamos otra vida acá en la Argentina. Estuvimos cuatro o cinco días en Buenos Aires y después vinimos para acá porque su trabajo estaba acá.
No teníamos a nadie acá, pero fue todo por el Consulado Italiano. Mi marido vino acá y empezó a trabajar enseguida. Después vine yo, estuve dos o tres días en el Hotel de Turismo de Buenos Aires. Vinimos tres familias: Giacoponi, después estaba Vicente Ciselli y nosotros. Los primeros que conocimos fueron la familia Torres y de ahí quedó para siempre la amistad, queda como un cariño, un afecto...
Cuando llegué acá no tenía casa y entonces tuve que dormir ocho días en casa de un jefe de mi marido. Después hicieron tres galpones arriba, en Kilómetro 5, en el famoso Palomar, en el camino de la Usina. Cuando había viendo se movía todo como un barco y yo me descomponía, era un desastre, todo sucio. Después de cinco años, cuando cayó Perón, los tiraron abajo. En el Palomar las máquinas desarmaron todo y tenía una quinta tan linda... Después nos dieron una casa en el Kilómetro 5, más que casa era una pieza con baño afuera. Fue terrible, ya teníamos dos hijas. En el Palomar lo pasamos tremendo, sin gas y sin luz. Tenía que buscar el agua lejos con baldes.
Cuando vinimos a Rada Tilly en el 60 no había nada. Decidimos comprar un terreno y edificar. Me entusiasmaba tener una casa, la comodidad. No había asfalto, trabajé como un hombre en mi casa. Empezamos a construir y no teníamos agua, pero hicimos un pozo y vinimos a vivir acá. Estaba un señor Leanza que vendía los terrenos. El señor Papadakis me ofreció ser garante para la compra del terreno.
La diferencia con Italia es como el día y la noche. Allá no había trabajo para nadie, entonces a mi marido le agarró la desesperación ¡Tenía una hija! Jasmina de dos meses y yo me quedé con la nena. Después Juana nació el 8 de julio de 1951, ya falleció.
Mi marido cuando vino, vino por cualquier clase de trabajo y lo pusieron en Tracción Mecánica (de YPF), pero tenía alergia y lo pusieron en Carpintería. Ahí estuvo un año, después lo sacaron y un ingeniero del 3 que estaba en la Administración le dijo que le enseñaba a hacer planos. Fue todos los días a su casa y le enseñaba a tirar las líneas. Al mes le dijo que en la Administración había un puesto. '¿Qué categoría querés?', le dijo. 'Yo quiero la nueve', le respondió. 'No, tenés que empezar con la siete, pero es otra vida'. Rindió el examen, lo aceptaron y se quedó en la Administración a trabajar. El administrador después lo llevó a Cañadón Seco. Once años mi marido trabajó en Cañadón Seco y venía los fines de semana.
El siempre había trabajado haciendo esculturas y cuadros. El trajo acá 55 cuadros que había hecho en la Universidad de Firenze (Florencia), era maestro de arte y estaba por recibir el diploma de profesor cuando cerraron la Universidad. También había estudiado arquitectura. Estos cuadros fueron expuestos acá, pero se los robaron todos. Sólo quedó un cuadro. En la Escuela n° 37 de Km 5 había un cuadro de San Martín que pintó él, tengo la copia acá. Cuando había una fiesta también se encargaba de la decoración. Los cuadros estuvieron en exposición en la calle San Martín y se los robaron todos. El decía que no quería nada por miedo a que lo repatriaran.
En esa época con los vecinos éramos una familia, yo soy amiga de todos pero no soy de andar de casa en casa, vio. No tengo carácter de ir a tomar mate a una casa, yo no. Soy muy casera. Cuando mi marido vivía, iba al muelle de Kilómetro 5 a pescar, recuerdo la pileta del 5, era una vida linda, no era como ahora. Al cine del 5 fuimos varias veces, era de la familia Pérez.
Yo era católica, pero cuando conocí a mi marido, la familia de él no, él trabajó doce años en la Marina allá, se salvó de la guerra, él era evangélico, buscamos iglesia acá y encontramos la que estaba al lado de la Catedral. Todos somos evangélicos. Yo ahora no puedo ir allá, acá tenemos, pero con costumbres diferentes.
Yo volví a Italia en el 74, fui a hacer los papeles de jubilación de mi marido y se pudo jubilar. Fui sola porque mi marido estaba trabajando. Yo allá sólo trabajé un año. Se jubiló en el 78 y murió en el 86. Después volví en el 90. Tengo allá una hermana y sobrinas y nos hablamos dos veces por mes.
En el hospital del Cañadón Seco había un mural pintado por mi marido. Hizo muchas cosas. Le gustaba hacer de todo, no había distracciones, sólo trabajaba. En Comodoro hay una calle con su nombre 'Bruno Pieragnoli' y en Rada Tilly también. Yo me enteré después. Nunca se agrandó, él era sencillo".
FLAVIO BRUSCOLI
"Nací el 17 de noviembre de 1920 en Italia. Llegué a la Argentina en 1937. Acá estaba desde el año 19 mi papá. Me dejaron con mi abuela allá. Yo no conocía a mi papá cuando llegamos acá en el barco al puerto de Buenos Aires. Como éramos menores fuimos custodiados por la policía de abordo. Salí de Italia antes de hacer el servicio militar. Estaba Mussolini entonces. Yo tenía 15 o 16 años. Vine en el Conte Grande. Era un barco muy grande. Lo tomé en Génova y llegamos a Buenos Aires después de tocar varios puertos.
Esperamos y esperamos, éramos varios pibes llamados por los padres. Quedamos dos, sino venía mi papá me devolvían al origen porque yo vine con un tutor desde allá, pero abordo no lo vi más. El padre de él era de la Unión Telefónica de Rosario. Y de repente veo uno que viene y digo 'este es mi papá' y me pregunta '¿Vos sos Flavio?'.
Y acá andamos. Ya no fui a Italia desde aquel tiempo. Yo vivía en la provincia de Perugia, a unos 30 kilómetros de Florencia. ¡Una hermosura! Los prados parecen un tapiz, tapizado con flores de todos los colores durante toda la primavera y el verano. El invierno es bravo allá. Yo vivía en una casa que tenía cuatro pisos. Allí es donde nací y en invierno hasta el primer piso llegaba la nieve. Para ir a los vecinos teníamos que hacer un camino. El vecino hacía de allá para acá y nosotros hacíamos de acá para allá. La nieve llegaba hasta allá arriba.
En Buenos Aires estuve hasta el 69. En la primera fábrica donde trabajaba era Campomar que hacía frazadas y casimires para hombres. Ahí éramos 3.000. Mi papá era el jefe de Campomar. A los tres días que llegué estaba dentro de la fábrica. No me hizo esperar. Salgo de allí y voy a la Hidrófila Argentina. Allí había 1.000 telares que hacían telas y la grafa para todo el Ejército argentino. Ahí conocí a mi señora, se llamaba Carolina Moranti. De ahí fue a parar a la Fábrica Argentina de Alpargatas. Eran cuatro manzanas. Me llamaron ahí porque esa firma tenía una banda de música, yo tocaba el acordeón a piano. Ahora ya no toco porque me agarró la artritis. Ahí salí y me fui a la Fábrica Diana que fue la que me trasladó acá.
Vine a Comodoro como jefe. Acá no conocían las máquinas automáticas. Por eso me mandaron, pero me mandaron por un mes. Después me quedé otro mes porque el otro no agarraba la onda otro mes... Y mi señora se cansó y se vino con los hijos acá. Mis hijos son Sergio y Ana María. Se casaron los dos acá y acá estoy. Yo me casé en 1951 en Buenos Aires. Mi hijo es porteño, mi hija es porteña y mi señora es porteña. Mi señora falleció a los 80 años, no era una piba tampoco.
Cuando vine para acá, en el Cinco, no había nada dónde distraerse, ahora tampoco hay nada, pero es como en todos lados, yo vivo bien. Yo trabajaba en Textil del Sur en Kilómetro 8. No era la Guilford, nosotros teníamos mejores máquinas que la Guilford y hacíamos cosas que ellos no podían hacer y nos pedían a nosotros. Esa empresa estaba ubicada en los galpones de Petroquímica en Kilómetro 8, adentro de Petroquímica. Se exportaba mucha tela, por ejemplo Chile compraba mucho, también Brasil.
Yo era jefe de fábrica y mandaba todo ahí adentro. Todo estaba bajo mis órdenes. Había casi 200 obreros, era grande. La empresa me alquilaba esta casa y después la compré. Se la compré a Martínez Suárez.
A Buenos Aires voy cada tanto. Tengo tres hermanas todavía, pero me quedé acá. A mí me gusta acá. Lo malo es el viento porque estropea mucho. Antes el viento era peor en la Patagonia. Ahora le digo, yo conozco algo de Francia, tenía un tío allá. Conozco Brasil, Uruguay y la Argentina. Pero como la Argentina no hay. Esto se lo puede preguntar a cualquiera. Solamente por la comida que hay en la Argentina no se va a acostumbrar más a otro lado, por sus empanadas, por su asado."
LUCILIA BRANCO DE MATIAS
"Nací en Portugal, en la provincia de Algarve, ciudad de Sao Bras de Alportel. No era ciudad antes, ahora sí. Fue el 20 de febrero de 1921. Me casé el 2 de julio de 1960, a los seis meses llegué a la Argentina. Me casé por poder, por papeles. Yo no conocía a mi marido, pero él me conocía a mí.
En Portugal yo trabajaba en costura en mi casa, en sastrería, mi oficio era ropa de hombre. Por esas casualidades él me escribió preguntándome si quería ser su novia y que él iba a volver otra vez a Portugal. Después me dijo que viniera para acá. El había nacido también en Sao Bras, pero en otro sitio.
Vine en un barco inglés. Eramos 1.500 pasajeros. Cuando llegué miraba para todos lados y pensaba ¿cuál sería mi marido? El me estaba esperando. Desde Buenos Aires viajamos en tren hasta San Antonio. Tardamos tres días porque faltó combustible para el tren. Desde San Antonio a Comodoro vinimos en un colectivo de Transportes Patagónicos, que también se rompió en el camino, que era de tierra. Las chicas que trabajaban conmigo (en Portugal) me decían si no tenía miedo. Yo tenía confianza en mí. Gracias a Dios vivimos juntos 49 años. Faltaba poco para las bodas de oro cuando él falleció.
Tenemos dos hijos, Celeste y Totó, que nacieron en el hospital de Petroquímica en Kilómetro 8, seis nietos, cuatro bisnietos y otro en camino. Una nieta vive en Madrid, está estudiando odontología, se llama Marina y cuando termine va a poner un consultorio en Comodoro. La otra que está acá es abogada, Adriana. La más chica está en Buenos Aires estudiando, tiene 24 años se llama María Celeste, está ayudando mucho al padre y la otra se llama Rocío. Mi nieto Abel vive en mi casa en otro departamento. Así que estoy sola como ustedes ven. Celeste tiene una casa con varios escalones, es difícil para mí. Totó vive en un séptimo piso, tiene ascensor pero viene acá todos los días. Tengo confianza en mí y sé cómo son mis hijos.
El local de la carnicería que está al lado es mío, tengo jubilación y la pensión de mi marido. Yo trabajé en la estación de servicio que primero estaba aquí frente a mi puerta. En los surtidores estuve nueve años.
Cuando llegué acá fui a vivir a la casa de una vieja mala que me ofreció la casa, pero ahí estuve ocho meses. Yo estaba encargada de limpiar y mi marido salía a trabajar afuera. Después conseguimos casa en barrio Standart. Cuando llegué no conocía nada, viví cerca de la playa en Kilómetro 8. Mi marido era panadero, vino para acá y trabajó en Kilómetro 27. Tenía cinco hermanos, después trabajó en Petroquímica en la refinería. Compramos esto con facilidades porque no teníamos tanto.
Hubo muchos cambios en el barrio, en Kilómetro 5, pero yo hace como tres o cuatro años que no salgo de mi casa. La última vez que fui a la iglesia fue cuando Celeste hizo la Primera Comunión. Tenía que estar acá en la estación. Tito Contreras fue mi primer ayudante en la estación. Hace mucho que no lo veo, pero cuando nos vimos nos dimos un abrazo grande.
Cuando salí de Portugal tenía 29 años. Volví allá cuando entregué la estación de servicio a mis hijos.
Sentí emoción cuando pusieron un cartel con el nombre de mi marido a la placita que está frente a mi casa, pensé que él no lo podía aprovechar".
