Tres rutas “gourmet” que permiten conocer los mejores sabores en Europa

Bélgica con el chocolate, Portugal con sus vinos e Italia con la Slow Food presentan parte de los placeres gastronómicos que brinda este continente para aquellos turistas que deciden conocer sus monumentos e historias y, por supuesto, aprovechar las delicadeces de sus rutas gastronómicas.

Cada año, miles de turistas llegan desde Argentina a España o Italia para iniciar una travesía que se extiende por varios países de Europa. Las principales ciudades de este continente están conectadas por trenes, por lo que resulta fácil y económico realizar una travesía que incluya varios países, aprovechando las cortas distancias entre uno y otro.
En este recorrido se pueden conocer lugares majestuosos lugares con templos y monumentos históricos que deleitan al visitante. Sin embargo, también es posible conocer nuevos sabores, como los orígenes del movimiento Slow Food en el Piamonte italiano; la multitudinaria Oktoberfest en Alemania, los quesos de Francia y otras rutas gastronómicas que despiertan el apetito.
En Bélgica, por ejemplo, se hace de todo con chocolate: desde los bombones más caros del mundo hasta un esnifador de chocolate, pasando por los pralinés más exquisitos. Este pequeño país produce más 220.000 toneladas al año, su reputación se debe a la sedosa textura que consiguen sus maestros artesanos gracias a un removido constante durante el proceso de producción; y también por el uso de manteca de cacao pura.
Por supuesto, los belgas tienen una ruta del chocolate, que tiene su centro en Bruselas, en la Grand Place. Allí se encuentra La Maison des Maîtres Chocolatiers Belges, que reúne a diez de los mejores artesanos chocolateros del país, en una elegante tienda que también ofrece demostraciones y degustaciones.
Desde allí es posible seguir el camino de los vinos por Portugal. En el país vecino se encuentran algunos de los viñedos más antiguos del mundo, donde hay destacados ejemplares a buenos precios.
Cada región tiene su propio atractivo: desde los tintos con cuerpo del Alentejo hasta el fresco vinho verde del Minho, o los famosos oportos de la ribera del Douro. El país está trufado de viñedos y bodegas que se pueden visitar, así como bares especializados en vino de inconfundible estilo. Sin embargo, Para probar los mejores vinos portugueses hay tres lugares de referencia: en Lisboa, el Wine Bar do Castelo, muy tranquilo y el mejor bar de vinos de la ciudad, situado muy cerca de la entrada del Castelo Sao Jorge.
En Vila Real, el Palacio de Mateus, una de las grandes obras maestras barrocas de Portugal, conocido sobre todo por las botellas de Mateus Rosé; y por último, en Oporto, con el Solar do Vinho do Porto, una lujosa casa señorial del siglo XIX que tiene un jardín bien cuidado con vistas al Duero y un elegante bar donde se sirve una asombrosa variedad de oportos, además de refrescantes aperitivos, como portônico.

SLOW FOOD OTRA FORMA DE DEGUSTAR
El camino de sabores gastronómicos sigue por Italia, con el “Slow Food” en el Piamonte. Pocas regiones del mundo tienen una oferta gastronómica tan exquisita como esta zona. Cuna del movimiento slow food, es el lugar ideal para degustar lumaché (caracoles), trufas, pasta al huevo, buenos chocolates y excelentes vinos.
Además, Alba y Turín son destinos indispensables para sibaritas: la primera es famosa por las trufas blancas, las avellanas, el chocolate Ferrero y los tintos Barolo y Barbaresco; la segunda es la cuna del vermú y el café Lavazza, y famosa también por sus aperitivos.
De esta región proceden creaciones culinarias como el pesto, la focaccia, los grissini, la nutella, o el arborio. Pero la mayor de sus creaciones recientes ha sido el Slow Food. Este sello fue acuñado en Bra durante la década de 1980 por un grupo de desencantados periodistas que iniciaron una cruzada contra la fuerza devastadora de la comida rápida, que amenazaba con engullir la tradición gastronómica italiana.  Su mantra: el placer antes que la velocidad y el sabor antes que lo práctico.
Entre los mejores restaurantes del Piamonte se encuentran la Ostería dei Sognatori, en Alba, una fonda rústica fuera del circuito comercial que sirve lo que haya en la cocina y siempre es delicioso; el Sfashion, en Turín con las mejores pizzas de la ciudad, o con el Delle Antiche Contrade, en Cuneo, una antigua casa de postas del siglo XVII convertida en el taller culinario del chef ligur Luigi Taglienti, que combina el pescado de su región natal con la carne y la pasta del Piamonte.

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