Un antecedente trágico
El 7 de diciembre de 2010 mientras oficiaba de custodio en la casa de un gitano, fue asesinado Sandro Torres (35). El homicidio ocurrió sobre avenida Estados Unidos 758 y la Justicia acusó a Jorge Britos (72), como autor, y a su yerno Fernando Fernández (27), por encubrimiento agravado.
Un integrante de la comunidad zíngara de apellido Demetrio, habría tenido una deuda de 4.000 dólares con la madre de Fernández y éste había concurrido en varias oportunidades a cobrarle, pero recibía evasivas.
De acuerdo a la investigación del Ministerio Público Fiscal, el día anterior al homicidio, Fernández y su suegro, Jorge Britos, ya habían ido a la casa de Demetrio y este les habría asegurado el día que les pagaría.
Fue por esa promesa que regresaron en la tarde del 7 de diciembre, pero en lugar de Demetrio salió Sandro Torres para amedrentarlos con un arma. En ese contexto se produjo un disparo que terminó con su vida.
Torres estaba cumpliendo una condena en la alcaidía, aunque pocas semanas antes había accedido al beneficio de salidas extramuros o salidas laborales. Debía trabajar como albañil en una construcción de Kilómetro 5, pero esa tarde se encontraba en la casa de Demetrio.
Ni bien llegó Fernández con su suegro, Torres salió a recibirlos y ni los dejó bajar del auto.
"¿Está el gitano?", le habrían preguntado y exhibiéndoles un arma les respondió que no, "acá las cosas las van a arreglar conmigo", les habría dicho al tiempo que le arrojó una trompada en el rostro a Britos como para que supieran en qué términos sería el arreglo.
Sin embargo, desde el interior del auto Britos le corrió la mano y con el arma que él llevaba le aplicó un certero disparo a Torres que le causó la muerte, tras lo cual suegro y yerno escaparon.
Por el incidente la policía detuvo a Fernández y este, en la audiencia de control de detención, aseguró que fue su suegro quien efectuó el disparo luego de que la víctima le exhibiera un arma y le pegara una trompada en la cara.
A pesar de esa declaración, Fernández quedó detenido con prisión preventiva y al cabo de un tiempo su propio suegro se adjudicó la autoría del crimen. Así fue que la calificación cambió a encubrimiento agravado para Fernández y Britos quedó imputado por homicidio. A Britos finalmente se lo condenó en un juicio abreviado por homicidio en exceso en la legítima defensa.